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Nos encontramos con un pasaje bíblico lleno de elementos significativos, realidades que develan la identidad de Jesús, y en el que el uso del malentendido por parte del evangelista termina siendo la posibilidad de ahondar en el sentido profundo de lo que expresa y dice Jesús.

  1. Diálogo con la mujer

La primera realidad que roba nuestra atención es la relación de Jesús con una mujer samaritana; una mujer que nos permite vivir el proceso de reconocimiento de la identidad de Jesús:  primero lo identifica como un “judío”, después lo nombra como “señor” (sin mayor connotación cristológica), posteriormente lo identifica como “profeta” y finalmente se pregunta si él es el Cristo, el Mesías.

En la mujer samaritana podemos reconocer así nuestro proceso de relación y de cercanía con Jesús, es ella la que habla de nuestras búsquedas: ir a buscar agua en el momento de mayor sed, en el momento donde no nos encontramos con nadie; es la sed la que nos posibilita encontrarnos con aquel que simplemente nos ayuda a profundizar en nuestra aspiración más profunda, en esa “obsesión” por calmar nuestra auténtica sed.

Poco a poco, en ese proceso de reconocimiento, saldremos corriendo, intempestivamente dejaremos nuestro cántaro, pues nos descubriremos saciados, y le iremos a contar a los otros que hemos encontrado al Cristo, que hemos reconocido a Aquel que nos sacia verdaderamente la sed.

  1. El alimento de Jesús:

El segundo momento nos centra la atención en el alimento de Jesús, él se convierte en nuestro alimento: aprender a hacer la voluntad del Padre. No hay realidad más real en Jesús, él se identifica plenamente con el proyecto del Padre. En ese proceso nos ayuda a profundizar en la búsqueda más grande. Cuando tenemos hambre queremos satisfacerlo prontamente, encontrar el alimento que nos permita saciar nuestro estómago, y quizás lo buscamos de manera desesperada. Y es similar lo que hoy nos permite reconocer Jesús: no hay otra búsqueda más “desesperada” que hacer visible al Padre, que hacer su voluntad, que asumir el proyecto del reino en medio de nuestra vida, en nuestras decisiones, en nuestro día a día, en el trabajo cotidiano, entre los niños, entre los jóvenes, entre los pobres, entre los hermanos.

  1. El verdadero seguimiento

Y el proceso final es el más bello, el más precioso, el significativo. No todo se queda en simplemente observar. La mujer se vio saciada, se vio transformada, ella dejó su cántaro, salió corriendo y fue a contarle a otros lo que había descubierto; esa hora ella la que se vuelve anunciadora de su nueva comunidad, pues logra llevarlos a que entren en contacto con Jesús; ellos simplemente, en esa experiencia, logran decir con total acierto: “Ya no creemos por lo que tú nos dijiste, sino porque nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que este es verdaderamente el Salvador del mundo”. Son ahora ellos quienes reconocen que aquel al que la mujer nombra como un judío, un señor, un posible profeta, o quizás el Cristo, es el Salvador del mundo, es su Salvador, es el Salvador de todos. El anuncio de la mujer dinamiza, mueve, lleva a la confesión nueva y profunda.

Y así, al contemplar este evangelio, nos podemos reconocer en nuestros dinamismos interiores: identificar nuestras aspiraciones, y pretender saciarlas o en pequeños pozos a los que siempre tendremos que volver, o reconocer que es en la relación con Jesús en quien podemos saciar auténticamente nuestra sed más profunda. Nos lleva a vivirnos en esa búsqueda “desesperada” del alimento que satisface nuestra hambre, a alimentarnos de la voluntad del Padre, a querer acertar en la cotidianidad con nuestras decisiones, con nuestra manera de relacionarnos. Y, finalmente, nuestra oportunidad de llevar a los otros hacia la vida plena, propiciando el verdadero y auténtico discipulado, de llevar, quizás, a los niños y a los jóvenes hacia el reconocimiento de Jesús como el Salvador. Hoy podemos expresar, que sin lugar a duda, en estos tres dinamismos está una llamada clara y concreta a vivirnos como religiosos y laicos en las Escuelas Pías.

P. Daniel Toro Candamil Sch. P.

 

12 de marzo del 2023 | 3 domingo de Cuaresma

Juan 4, 5-42: Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber.» Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.
La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.
Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.»
La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»
Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.»
La mujer le dice: «Señor, dame de esa agua así no tendré más sed ni tendré que venir aquí a sacarla.»
Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve.»
La mujer le contesta: «No tengo marido».
Jesús le dice: «Tienes razón que no tienes marido; has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.»
La mujer le dijo: «Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.»
Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.»
La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.»
Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo.»
En aquel pueblo muchos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.»

DANIEL TORO CANDAMIL

DANIEL TORO CANDAMIL

Escolapio

Religioso y presbítero escolapio de la Provincia Nazaret. Desempeña su ministerio en el Colegio Calasanz de Pereira, Colombia. Apasionado por el acompañamiento de los niños y jóvenes. Alegre, trabajador y comprometido con los procesos pastorales de la Provincia Nazaret.
Panorama Calasanz
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