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Las figuras del Bautista y Jesús están unidas en el Evangelio desde pequeños, si miramos la narración de San Lucas, donde Juan salta de alegría en el seno de su mamá Isabel.

Esos mismos niños, ya mayores, vuelven a encontrarse junto al río Jordán para compartir algo que tiene mucho que ver con la infancia espiritual: ser confirmados como hijos de Dios.

El misterio del Bautismo nos acerca al modo de proceder de Dios: llegar a los hombres con signos y palabras, con la mediación de otros hombres. Todos esos elementos están presentes en toda manifestación divina y son muy claros en la fiesta que hoy celebramos.

Juan es el mediador, que sabiéndose indigno de la tarea encomendada por Dios, realiza lo que le toca, dejándole lugar a la verdadera causa de la gracia.

El signo de la Luz y la paloma, muy entrañables en el Antiguo Testamento, vienen a manifestar visiblemente la presencia del Espíritu que se renueva en la persona de Cristo, un Espíritu que viene a iluminar. Al irradiar luz también muestra donde continúa estando oscuro, pero no lo hace con violencia sino con la mansedumbre de la paloma. También, el signo de la alianza con Noé tras el diluvio se renueva y adquiere su verdadero vigor en las aguas de Jordán. Ya no es un arca de madera mandada a construir por Dios sobre las aguas, sino la naturaleza humana de Dios mismo la que allí está en las aguas.

Por último, la palabra. El lenguaje, las palabras, el decir, expresan y explican la realidad profunda. Es la voz de Dios la que muestra el verdadero horizonte de tales portentos: cielo abierto, luz y paloma. Es la voz de Dios la que certifica que este es Hijo de Dios, que ese hombre concreto, que puede parecer común y corriente, es mucho más que un hombre, es también Hijo, y como Hijo es heredero de todo lo divino, y eso mismo nos lo entrega.

Qué maravilla acercarnos a este misterio y poder ver cómo Dios actúa. Así, como se acerca a la vida de Jesús y confirma su identidad, también se acerca a la nuestra, con mediaciones concretas, con signos y palabras. Anímate a registrar esa acción de Dios en lo concreto de tu vida y encontrarás la senda para ser un auténtico Hijo y heredero de las cosas de Dios; participando de la gracia y la felicidad que nos vienen de Dios.

Andrés Rodríguez, Sch. P.

Domingo, 8 de enero de 2023 | Bautismo del Señor

Mateo  3,13-17: Éste Es Mi Hijo Predilecto

En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.

Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:

«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».

Jesús le contestó:

«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».

Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.

Y vino una voz de los cielos que decía:

«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

ÁNDRÉS RODRÍGUEZ

ÁNDRÉS RODRÍGUEZ

Escolapio

Sacerdote escolapio de Argentina. Nacido en Coronel Suárez y llamado por Calasanz desde esas tierras. Estudió Teología y profesorado en Ciencias de la Religión en la UNSTA. Es apasionado de la lectura, con grandes afectos para la música, siempre deseoso de poder contemplar y mirar más adentro de las cosas. Actualmente vive en Córdoba, Argentina y es maestro de prenovicios.

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