Lo increíble, lo inesperado, lo sorprendente es muy característico de la acción de Dios, a través de su Palabra. La trasfiguración de Mateo nos habla de tres discípulos que siguieron a Jesús a la montaña sagrada. De repente, el Señor se transfigura y ellos quedan atónitos. Lo mejor que se le ocurre a Pedro es hacer tres chozas, pero, ¿por qué? ¿quieren quedarse con el don, vivir para siempre de ese don, aprovecharse de ese don para bien propio? Lo que sí sabemos es que el don es tan grande que lo mejor que se les ocurre es guardarlo en una choza. Esto sucede cuando se valora lo que se ama. No obstante, el Señor Jesús les dice: “no teman, levántense”.
Jesús es el don que ha llegado a sus vidas y los ha transformado para vivir el sueño de Dios en sus personas, desde sus personas, como ellos son… pero con una condición: sorprendiéndoles. De Jesús tenemos que aprender que la choza no puede ser construida por manos humanas. La choza es construida por sus palabras que resuenan en nuestra conciencia: “yo estaré con Ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. Esto significa que la confianza en Él es total. Significa que la confianza en Él nos abre constantemente a su modo de actuar: sorprendiéndonos.
La voz del cielo que dice “este es mi hijo amado, escúchenlo” es la confirmación de que Dios no deja inconclusas sus promesas. En su hijo Jesús se cumple plenamente la promesa de salvación, hecha en el Antiguo Testamento. No hay por qué dudar, no hay por qué hacer tres chozas, no hay por qué crear condiciones de seguridad para vivir nuestra fe: el Padre que sostiene a su Hijo y que su Hijo le corresponde en el amor, es el mejor argumento para confiar y vivir nuestra fe. Hay que creer, hay que escucharle, hay que dejarnos tocar por su misericordia, hay que levantarnos de nuestra ceguera, hay que caminar a su lado: sorpresa tras sorpresa.
El proyecto de salvación es más grande que nuestras propias expectativas. El proyecto del Reino de Dios es más grande que las dimensiones de nuestras chozas. Hoy hemos perdido la capacidad de sorprendernos, más bien hemos potenciado la capacidad de poseer, de conservar, de acumular, de calcular y medir en proporciones nuestra capacidad de donarnos y de amar. Hoy estamos llamados a vivir nuestra fe de la lógica del desprendimiento de nuestro ego, de nuestra fragilidad, de nuestro miedo, de nuestra seguridad, y abrazar el proyecto del Reino que es más grande que nosotros mismos, que nuestros cálculos, que nuestras analogías. Vivir el proyecto de Reino, abiertos, escuchando la voz del Dios.
6 de agosto de 2023 | Transfiguración del Señor
Mt 17,1-9: Este es mi Hijo amado, escuchadle
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.»
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.»
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

JULIO ALBERTO ÁLVAREZ DÍAZ
Escolapio
Nació en Puebla. Amante de la naturaleza y siempre dispuesto a aprender.