En un día tan señalado como hoy nos encontramos con el inicio del Evangelio de Juan como un compendio de toda la Historia de la Salvación. Casi podríamos decir que quien lee este pasaje y lo interioriza atesora el núcleo de la Buena Noticia. Nuestros jóvenes dirían que Juan hace “spoiler” de todo el Evangelio, contándonos todo lo que va a pasar en estos dieciocho primeros versículos.
El misterio de la Encarnación de Dios, que hoy celebramos a los pies del Niño que nos ha nacido, es la realización más radical de la Promesa de Salvación por parte de Dios. Su Palabra, su Promesa de Amor incondicional a la Humanidad, presente ya en su aliento creador, acampa, se hace un LUGAR entre los seres humanos, y lo hace a través de una mujer pobre que da a luz a la Luz misma, a un niño sin techo.
No se podía haber imaginado una forma más humilde de asumir la condición humana para Dios. Este misterio, para algunos, ridículo o insultante, es la fuente de la Salvación definitiva de la Humanidad. Solo quien comparte la condición humana más pobre, puede salvarnos de nuestras pobrezas tan humanas.
Los escolapios, religiosos, laicas y laicos, que tenemos en las niñas y niños pobres nuestro lugar preferente de encuentro con Dios, tenemos pocos días como este para celebrar con tanta propiedad la intuición de Calasanz: Dios se hace Niño pobre y acampa entre nosotras y nosotros para hacer realidad su promesa de Amor.
Que este Niño que nos ha nacido nos bendiga y nos recuerde siempre dónde empezó todo.
Alberto Cantero
Domingo 25 de diciembre de 2022 | Natividad del Señor
Juan 1,1-18: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

ALBERTO CANTERO
Escolapio laico
Casado y padre de tres hijos. Escolapio laico. Licenciado en Antropología social y cultural y en Ciencias Físicas. Coordinador de formación de la Red Itaka-Escolapios y de Itaka-Escolapios Emaús. Miembro del Consejo de la Fraternidad General.


