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Es cierto que el Evangelio anda estos últimos domingos al degüello. El pasado con el episodio de Zaqueo, en éste se nos ofrece una clave lindísima, de una sencillez de esas evangélicas, de las que te desarma: “el que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes”. Y pienso al alimón que ahí es donde nos la jugamos, todos, en el recodo del camino, en el gesto más cercano, a la vuelta de la esquina… “a la derecha de aquellos pinos” que decía el poeta.

No voy a negar mi admiración por este Dios maravilloso de las pequeñas cosas, el de los susurros, ese que siempre “ve en lo secreto…”, aunque es un atractivo “tramposo”–me digo, a veces–, porque también a uno lo que le gusta, aunque sea allá en su fondo, es el halago y la meritocracia, fantasías hiperbólicas que riman poco con el crucificado.

En esta deriva ando, y para cuando me distraigo ya voy dando palos de ciego, a saber: se me acaba la paciencia con mi hijo, refunfuño en compañía o me hago el distraído con la injusticia más latente. Aún así, el Evangelio de hoy viene como un remanso de paz que empapa mis debilidades hasta quebrar mi autoestima, para acabar reconociendo que yo, solo, no puedo (por mucho que me empeñe). Y, lo más importante: que Él conoce mi corazón.

Pepe Montalvá Beneyto

Domingo 6 de Noviembre de 2022 | 32º domingo de tiempo ordinario

Lucas 20, 27-38No es Dios de muertos, sino de vivos

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y de descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer». Jesús les dijo: «En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».

PEPE MONTALVÁ BENEYTO

PEPE MONTALVÁ BENEYTO

Laico

Fotógrafo fustrado, tipógrafo mediocre, diseñador de tres al cuarto. En labores comunicativas escolapias. Casado, padre de tres hijos. Pertenece a la Fraternidad Escolapia de Betania.