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El Evangelio de este domingo es rotundo como una bofetada… o un jarro de agua fría. De toda esta escena dantesca, con tormentos inefables, hay una conclusión directa: “¡Ignorar al pobre es despreciar a Dios!” (Papa Francisco dixit). Yo, sin embargo, me llevo al corazón retazos de la última frase: “si no escuchan…”

¡Ay!… y pienso en lo difícil que me resulta escuchar en tantas ocasiones (empezando por mi mujer y mis hijos, no crean), en medio de este mundo, colmado de afanes nimios, prisas banales y esas vigas enormes en los ojos ajenos. Resulta imprescindible, pues, andar con los ojos (y las orejas) bien abiertas para estar atento al hermano, pero también a los signos de Dios en nuestra vida, en este día a día nuestro con su subida del pan, su matraca inflacionista y esas colas del hambre espeluznantes… Hace falta escuchar en medio de esta espesa niebla que nos ha tocado vivir, al borde del declive económico que siempre afecta a los mismos, abrazados a esta crisis energética y climática, mientras escuchamos cada vez más cerca esos tambores de guerra que claman al cielo…

Es necesario escuchar y saber que, en ocasiones, para poder escucharLE hace falta, también, silencio.

Pepe Montalvá Beneyto

Domingo 25 de septiembre de 2022 | 26º domingo de tiempo ordinario

Lucas 16, 19-31: Recibiste bienes y Lázaro males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces

Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas.

El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado. En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él.

Entonces exclamó: «Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan». «Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí». El rico contestó: «Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento». Abraham respondió: «Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen». «No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán». Pero Abraham respondió: «Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán»».

PEPE MONTALVÁ BENEYTO

PEPE MONTALVÁ BENEYTO

Laico

Fotógrafo fustrado, tipógrafo mediocre, diseñador de tres al cuarto. En labores comunicativas escolapias. Casado, padre de tres hijos. Pertenece a la Fraternidad Escolapia de Betania.