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El Evangelio de Marcos en este domingo expresa la sabiduría del maestro Jesús. Ya lleva tiempo con sus discípulos en la itinerancia del anunció del Reino de Dios.

A cada uno lo ha llamado por su nombre y les va tratando en el camino, conociendo y acompañando en la luz de la fe, que cada vez va alumbrándolos.

Jesús se dirige a Jerusalén para entregarse definitivamente. Conoce la tela de sus discípulos que si bien lo han dejado todo para seguirlo, aún han de madurar para vivir la integridad de la relación que han establecido con Él y su reino. Conoce su corazón, sus miedos, sus limitaciones. Así los ha aceptado en la fraternidad del Reino, pero no puede obviarles que ellos también se hagan cargo de la relación y de su entrega. Es así que quiere que se definan. Sabe que ellos también le conocen y le han visto amar más con las obras que con las palabras. Así primero les envía al exterior y es fácil responder.

Va a su interior. Quedan impactados y solamente Pedro con su estira y afloje en el camino de la fe responde develando la identidad del Maestro Jesús. Sabe Jesús que la respuesta a esa pregunta mueve a sus discípulos hacia lo más recóndito, pues se trata de lo que toca sus fibras profundas. Toda una relación tamizada por el caminar juntos, por el diálogo, la escucha y la cercanía a Él, que les fue cambiando la vida y convirtiéndolos en pescadores de hombres. Donde ellos van haciéndose responsables de su respuesta vocacional; mostrando el camino al Padre.

Pedro apasionado, enseguida conocerá su debilidad, dado que ante el realismo y la claridad de Jesús acerca del camino de la cruz, se ofusca y enseguida trata a Jesús con criterios solamente humanos. Jesús no se deja envolver y los confronta.

No perdiendo tiempo señala a todos, a la multitud y a sus discípulos el abc de su seguimiento. La paradoja: morir, viviendo. Nosotros podemos contestar también hoy muy fácilmente la primera pregunta, e incluso como Pedro, iluminados por nuestro creer en Jesús, que Él es Dios. E inmediatamente en medio del mundo pandémico ser probados en nuestra fidelidad, tanto por el arrojo en la entrega generosa, como en nuestro navegar contra corriente sin perder el amor.

P. Marco A. Véliz Cortés Sch. P.

Domingo 12 de Septiembre de 2021 | 24º domingo de tiempo ordinario

Marcos 8, 27-35: Tú eres el Mesías. . . El Hijo del hombre tiene que padecer mucho.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos le contestaron: «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?» Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías.» Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.» Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!» Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»

MARCO ANTONIO VÉLIZ CORTÉS

MARCO ANTONIO VÉLIZ CORTÉS

Escolapio

Nacido en Veracruz, México, en 1958.  Escolapio hace 45 años. Entre las escuelas y la formación. Lic. en Ciencias Sociales y  Teología Espiritual. Facilita ejercicios espirituales y actualmente Provincial.