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Muchas veces no nos damos cuenta de cómo dañamos a las personas. Y es que hay tantas formas, que uno debe tener cuidado cuando interactúa con el otro, con nuestro hermano. Mucha razón tiene Benito Taibo en su libro Persona normal cuando dice: “La gente tiene muchísimo más miedo a las palabras que a los cañones. Las palabras han hecho revoluciones, puentes, caminos. Han logrado que la gente se enamore o se odie para siempre. Hay palabras grandes como monocotiledónea o gastroenterólogo y pequeñitas pero poderosas como paz. Importantes como Justicia, imprescindibles como vida, valiosas como sueño, muy poco significativas como dinero… Lo importante es cómo se usan y qué se quiere decir cuando se usan”. En este apartado se verá desde la perspectiva de algo esencial en la comunicación.

Ciertamente, las palabras pueden ser pétalos de rosas que al expresarlas acaricien la mejilla del otro, alegrándole el día, el mes, el año, incluso la vida, pero también pueden ser como una daga filosa que penetre hasta el corazón y lo haga desangrarse y, por ende, destruir a las personas. Jesús mismo uso palabras para enseñar a sus discípulos, cuando comía con ellos les enseñaba. Y es que pareciera que hasta en los momentos más sencillos, las palabras correctas pueden construir el Reino de una manera impresionante. Siempre una palabra precisa en el momento preciso hará que alguien te lo agradezca toda la vida.

Con las palabras se puede ofender a Dios de varias maneras; mintiendo, levantando falsos o difamando o murmurando contra mi hermano. La afirmación o murmuración debe evitarse. Además, las palabras, dependiendo del tono y la intención, cobran significados distintos. Si se dicen con mala fe, intentando herir, incluso las palabras aparentemente más sencillas pueden volverse horrorosas. Pero en el fondo no son más que palabras.

Por lo tanto, desde nuestra realidad escolapia (colegio, parroquia, centros sociales, Movimiento Calasanz, nuestra comunidad y familia) seamos de Dios construyendo el Reino de Dios con nuestra prédica. Como dice correcta y acertadamente San Oscar Arnulfo Romero en una de sus homilías: “La palabra es la fuerza. La palabra cuando no es mentira lleva la fuerza de la verdad. Por eso hay tantas palabras que no tienen fuerza ya en nuestra patria, porque son palabras que han perdido su razón de ser”. Que el Señor siempre nos lleve de su mano misericordiosa.​

José Emmanuel Campa Gándara Sch.P.

 

EMMANUEL CAMPA GÁNDARA

EMMANUEL CAMPA GÁNDARA

Escolapio

Nacido en Celaya, Guanajuato. Religioso escolapio de la Provincia de México desde 2015. Actualmente estudiante de licenciatura en teología, así mismo de licenciatura en educación media superior intercultural con especialidad en español y literatura. Apasionado de la música. Ha coordinado grupos juveniles y Canta Calasanz en la misma provincia.