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Se recuerda que el P. Pedro Arrupe, antiguo Padre General de la Compañía de Jesús y antiguo alumno del colegio escolapio de Bilbao, solía decir: “No me resigno a que, cuando yo muera, siga el mundo como si no hubiera vivido” (citado en J.M. Rodríguez Olaizola, “Tierra de todos”, Santander 2020, ST, p. 114). Cada generación debiera aportar algo positivo y progresivo contribuyendo así a una mejora del mundo y de la sociedad. No debiéramos pasar la vida como si nada hubiéramos hecho para mejorarla. Y no se trata de realizar obras portentosas, extraordinarias y llamativas. Solo una trayectoria de bondad, veracidad y honradez, aun sencilla y anónima –como sucede normalmente- hace crecer nuestro mundo en humanidad. Todo lo que se aporte en todos los campos (relaciones, ciencia, técnica, religión, arte, política, desarrollo, etc.) debiera confluir hacia lo mismo: crecer en humanidad. Es asunto que concierne a todos; nadie puede decirse eso no va conmigo, vivo o sobrevivo para mí y lo demás no me concierne. La inquietud y hasta pasión, que no es ansiedad y prisa, por aportar positividad en cualquiera de las dimensiones humanas, personales y sociales, sea cual sea el nivel y grado, es fuerza interior, vigor dinámico que ayuda a vivir la existencia ilusionados, esperanzados, creativos y felices. Ninguna etapa de la vida queda excluida, desde la infancia hasta la vejez. Y poder decir al final he vivido, he cumplido es afrontar la muerte con paz y reconocimiento. No resignarse, pues, a dejar el mundo, pasada nuestra vida, como si no hubiera vivido. Este es el reto, pero también la satisfacción por la vida transcurrida, sin quitarle nada: éxitos y fracasos, alegrías y penas, salud y enfermedad, aprecio o ninguneo, adversidades y posibilidades. Nadie puede decir de sí mismo: no he podido aportar nada. Todos, todos somos necesarios.

P. Jesús María Lecea Sch. P.

JESUS MARIA LECEA

JESUS MARIA LECEA

Escolapio

Entregado a la docencia de la teología y la filosofía en Salamanca, Miami y Madrid. Animador pastoral de niños en la catequesis parroquial y en el Movimiento Junior de Acción Católica. Servicios institucionales a la Orden escolapia y a la vida religiosa de España y Europa. Vive actualmente en Pamplona, Navarra. Su horizonte vital es ser un artesano de la paz de las personas y los pueblos con un corazón apasionado por el mundo, la educación y el Evangelio.