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Enseña, hace milagros, realiza trabajos manuales, hijo de familia, cura enfermos… si leyeras esto de una persona seguramente querrías conocerla y compartir con ella sin prisas, como amigos, con el corazón abierto. Sería lo normal en nuestro tiempo en el que es tan importante el currículum, la hoja de vida de los otros. Las redes sociales incluso son expertas, gracias a sus algoritmos, en filtrar las personas que nos sugieren para que hagan parte de nuestros nuevos “amigos”, de acuerdo a nuestras preferencias y a nuestros gustos. Nos hemos convertido en una sociedad que clasifica a los seres humanos para descartarlos, excluirlos, ignorarlos. Los medios de comunicación nos muestran lo que sus poderosos dueños quieren y en el modo en que más les plazca. En fin, campa por el mundo un egoísmo sin vergüenza que parece ser aceptado o tolerado por tantos que no es incómodo, siempre y cuando no me afecte.

Pero en el Evangelio de hoy vemos a un hombre que busca únicamente hacer el bien a los que lo rodean, a los de su tierra, a los necesitados. Sin embargo, es juzgado por vivir una vida entregada al servicio: “¿de dónde saca eso?, ¿qué sabiduría es ésa?, ¿y esos milagros?, ¿no es éste el carpintero? Y esto les resultaba escandaloso”. Es increíble que sea juzgado por ser sensible, bondadoso, generoso con su tiempo y con sus capacidades.

Y la conclusión de Jesús es sólo una: “se extrañó de su falta de fe”. Tal vez convendría que, a partir del evangelio de este domingo, miráramos con detenimiento nuestra experiencia de fe personal y comunitaria, nuestra capacidad de ver la vida y de ver a los otros con los ojos de amor con los que nos mira Dios, sin prejuicios, sin clasificaciones, sin discriminaciones. Dispuestos simplemente a amar, servir, perdonar, curar, sanar. Esos son los milagros que estamos llamados a hacer en medio de nuestra tierra, de los que nos rodean y necesitan un testimonio de vida generosa y entregada al estilo de Jesús.

P. Andrés Valencia Henao Sch. P.

Domingo 04 de Julio de 2021 | 14º domingo de tiempo ordinario

Marcos 6,1-6: No desprecian a un profeta más que en su tierra

 

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?» Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.» No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

ANDRES VALENCIA HENAO

ANDRES VALENCIA HENAO

Escolapio. Postulador General

Nacido en Colombia en 1977. Exalumno del Colegio Calasanz de Pereira. Ha trabajado como director de escuela y asistente provincial de la Provincia Nazaret. Se desempeña como encargado de las causas de los santos en la Casa General de San Pantaleo en Roma desde el año 2015. También es el responsable de la Oficina de Comunicación de la Orden.