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La Vigilia pascual es la celebración culmen del año litúrgico. En ella celebramos en clima de escucha, de oración y júbilo el anuncio del acontecimiento por excelencia de la historia de la salvación que es base y contenido central de nuestra fe en Cristo Jesús. Marcos, en el evangelio de la Vigilia, nos ofrece un texto breve, sencillo y al mismo tiempo asombroso en la historia que relata. Protagonistas son las mujeres. Sabemos sus nombres: María Magdalena, María la de Santiago y Salomé. Las tres protagonizan una hermosa historia de amor apasionado hacia la persona de Jesús. Lo vieron morir, ajusticiado vilmente en cruz, el más humillante de los ajusticiamientos de aquellos tiempos; al ser descolgado de la cruz, ungieron con todo cariño su cuerpo destrozado para llevarlo al sepulcro; lo tuvieron que hacer con prisa porque el tiempo urgía terminar antes de iniciar la pascua de los judíos aquel mismo día.  Se apresuraron para honrar debidamente el cuerpo muerto de Jesús y redimir con sus perfumes y caricias aquel cuerpo ultrajado y despreciado a la vista de todos. Su amor era apasionado, valiente y manifiesto sin miedo a posibles burlas o risitas burlonas: pobrecillas aún lo adoran, a pesar de ser un blasfemo malhechor. Este era el lenguaje del odio, de la venganza, del atropello contra Jesús que les incomodaba por sus denuncias a sus vidas hipócritas, hechas de apariencias, pero corruptas por el poder religioso y político que era lo que más les atraía. Lo otro, la religión practicada, era solo un instrumento para conseguirlo aún sometiendo al pueblo sencillo creyente a cargas leguleyas que ellos no cumplían.

El lenguaje de las mujeres era todo lo contrario, no lenguaje de odió, sino lenguaje de amor. Amor que solo el corazón femenino sabe expresar con tanta ternura y dedicación. Lo que Marcos nos cuenta es, pues, una historia de gran amor. No es posible explicar el amor: solo se vive. Lo vivieron aquellas mujeres a cuyo amor Jesús correspondió con reservarles, las primeras, el anuncio jubiloso de su resurrección.  Amor con amor se paga. Amor que además las convirtió en apóstoles y mensajeras del anuncio: id a decir a sus discípulos y a Pedro que Jesús, vivo ya, les adelanta en el camino hacia Galilea, a recomenzar una historia nueva que superará la que allí también comenzó años atrás. Jesús vive para seguir dándonos vida.

P. Jesús María Lecea Sch. P.

Sábado 3 de abril de 2021 | Vigilia Pascual

Marcos 16,1-7: Jesús Nazareno, el crucificado, ha resucitado

Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?» Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. Él les dijo: «No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron. Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo.»

JESUS MARIA LECEA

JESUS MARIA LECEA

Escolapio

Entregado a la docencia de la teología y la filosofía en Salamanca, Miami y Madrid. Animador pastoral de niños en la catequesis parroquial y en el Movimiento Junior de Acción Católica. Servicios institucionales a la Orden escolapia y a la vida religiosa de España y Europa. Vive actualmente en Pamplona, Navarra. Su horizonte vital es ser un artesano de la paz de las personas y los pueblos con un corazón apasionado por el mundo, la educación y el Evangelio.