+39 06 68 40 741 scolopi@scolopi.net

Las palabras que siguen están para ser dichas a mí mismo y, por si a alguno les pudiera servir, ahí las dejo.

Observo desde hace un tiempo, y yo mismo lo voy experimentando, que vivimos en un mundo muy exigente, en el cual la presión de rendimiento parece imponerse en el día a día. También en nuestros ambientes escolapios, urgidos por una misión que sigue de rabiosa actualidad, nos vemos envueltos en afanes, trabajos, acciones, proyectos; se nos exigen respuestas pedagógicas y pastorales de calidad, dedicación ministerial…

A veces puede parecer que nuestra labor al servicio de los demás se convierte en un frenético activismo, santo y bueno, pero que puede llegar a quemar a las personas y alejarlas del sentido profundo de esa misión. Ese sentido no es otro que colaborar en la construcción del Reino, pero…  “Nadie puede dar lo que no tiene”. Esta frase me ronda desde hace tiempo. Trabajar por el Reino sin haber descubierto que el Reino está dentro de nosotros… puede ser cuanto menos contradictorio e incluso contraproducente.

Por eso, considero que sería de gran importancia, en aquellos que nos consideramos escolapios, religiosos y laicos, parar un poco el ritmo, hacer silencio y dejarnos interpelar por el amor que nos habita. Sólo cada uno puede hacer ese viaje hacia los adentros. Me temo que no lo hacemos por miedo a lo que podamos encontrar, miedo a las heridas del alma, a lo desconocido… miedo a dejar nuestras ataduras, en fin. Mientras seguimos con la maquinaria encendida de nuestras santas acciones nos parece que no hay tiempo para apostar por esa mirada contemplativa, esa en la que aparecemos vulnerables, indefensos… pero que paradójicamente es la manera de rendirnos al Amor, un Amor que es fuente de plenitud y fecundidad para nuestra vida y nuestras acciones.

MARIO CONTELL

MARIO CONTELL

Educador