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Rostros de resurrección. La belleza de un rostro enamorado

Rostros de resurrección. La belleza de un rostro enamorado

Ciertamente, como se suele decir, la cara es el espejo del alma. A lo largo de mi vida, en distintos momentos, me he ido encontrando con algunos personajes en los que el refrán se hace vívida realidad. Son personas de carne y hueso que nos han dejado fotografías, al haber vivido desde finales del siglo XIX, el siglo XX y algunos incluso en el XXI, aunque todos ellos nos han dejado ya.

A unos los he conocido presencialmente, los menos; a otros por sus libros o por los libros de otros. Especial cariño me merece el primero que descubrí, el Hermano Roger de Taizé, del que tuve la suerte de recibir su bendición en alguna ocasión en mi juventud (por primera vez en 1990). El último de ellos, Franz Jalics, jesuita recientemente fallecido al cual tristemente no he podido conocer. Su libro “Ejercicios de contemplación”, es una verdadera maravilla.

En medio, muchos otros, unos ya declarados santos, otros con una santidad que rezuma en su rostro aun sin ser canonizados oficialmente. Unos varones, otras mujeres; unos físicamente agraciados, otros no tanto. Pero todos ellos, inconmensurablemente bellos desde el interior e irradiando belleza por la mirada y la expresión. No sobreactúan, de ellos emana paz, serenidad interior, confianza y esperanza ciertas… Son una gozada. Me produce una cierta envidia, espero que sana, porque en ellos veo el reflejo de lo que dice San Pablo: “Ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí”.

En este sencillo artículo, al menos los recuerdo: Franz Jalics, Hermano Roger, Carlos de Foucauld, Pedro Arrupe, Teresa de Calcuta, Madeleine Delbrel, Teresa de Lisieux, Thomas Merton, Oscar Romero, Simone Weil, Pedro Casaldáliga, Etty Hillesum, Juan XXIII, Helder Cámara, Tony de Mello… Faltarían otros, obviamente, aunque estos han ejercido en mí especial influjo a lo largo de mi historia, algunos por su doctrina, todos por su trasparencia. Invito a observar sus rostros… a dejarnos interpelar por ellos, sus miradas nos abren una ventana al Amor.

Mario Contell

MARIO CONTELL

MARIO CONTELL

Educador

Hacer silencio… dejarnos interpelar por el Amor que nos habita

Hacer silencio… dejarnos interpelar por el Amor que nos habita

Las palabras que siguen están para ser dichas a mí mismo y, por si a alguno les pudiera servir, ahí las dejo.

Observo desde hace un tiempo, y yo mismo lo voy experimentando, que vivimos en un mundo muy exigente, en el cual la presión de rendimiento parece imponerse en el día a día. También en nuestros ambientes escolapios, urgidos por una misión que sigue de rabiosa actualidad, nos vemos envueltos en afanes, trabajos, acciones, proyectos; se nos exigen respuestas pedagógicas y pastorales de calidad, dedicación ministerial…

A veces puede parecer que nuestra labor al servicio de los demás se convierte en un frenético activismo, santo y bueno, pero que puede llegar a quemar a las personas y alejarlas del sentido profundo de esa misión. Ese sentido no es otro que colaborar en la construcción del Reino, pero…  “Nadie puede dar lo que no tiene”. Esta frase me ronda desde hace tiempo. Trabajar por el Reino sin haber descubierto que el Reino está dentro de nosotros… puede ser cuanto menos contradictorio e incluso contraproducente.

Por eso, considero que sería de gran importancia, en aquellos que nos consideramos escolapios, religiosos y laicos, parar un poco el ritmo, hacer silencio y dejarnos interpelar por el amor que nos habita. Sólo cada uno puede hacer ese viaje hacia los adentros. Me temo que no lo hacemos por miedo a lo que podamos encontrar, miedo a las heridas del alma, a lo desconocido… miedo a dejar nuestras ataduras, en fin. Mientras seguimos con la maquinaria encendida de nuestras santas acciones nos parece que no hay tiempo para apostar por esa mirada contemplativa, esa en la que aparecemos vulnerables, indefensos… pero que paradójicamente es la manera de rendirnos al Amor, un Amor que es fuente de plenitud y fecundidad para nuestra vida y nuestras acciones.

MARIO CONTELL

MARIO CONTELL

Educador

La doble vida de los cuadros

La doble vida de los cuadros

Hay ocasiones en que a uno no le gustaría que terminase la lectura de un libro, querría que las páginas se fueran multiplicando a medida que avanza la lectura. Tal es la gozosa experiencia que provoca. Algo así me ha sucedido con este maravilloso libro, premio ESPASA 2020. Lo cierto es que logra sumergirte de manera amena en 35 historias correspondientes a otros tantos cuadros y autores. Desde Velázquez hasta Bacon, haciendo especial hincapié en algunas pintoras no muy conocidas, pero de indudable interés, como Rosa Bonheur o Ángeles Santos, van desfilando ante el lector con sugerentes pinceladas sobre alguna de sus obras.

La lectura se hace deliciosa, descubriendo anécdotas, narrando historias, revelando matices que hacen de cada obra algo ante lo que vale la pena detenerse y dejar que hable por sí sola. Cada cuadro traspasa su momento concreto para hacerse nuevo ante quien lo contempla y el escritor, de manera habilidosa, logra trasmitir precisamente esa novedad, ese ir más allá de lo que el pintor plasmó.

Verdad y ficción se mezclan en esta “doble vida de los cuadros”, como reza el subtítulo. No solo refleja muchos aspectos que pueden ser conocidos a través de la historia del arte, sino que logra emocionar apelando a lo que pudo suceder antes, durante o después de la realización de cada obra, los sentimientos que pudieron mover al autor y al modelo o la repercusión que ejerció en su momento la realización de los cuadros.

Sólo me queda animar a la lectura de este libro, a degustarlo con calma, a dejarse llevar por lo que suscita. En mi caso, agradezco sinceramente a quienes me lo regalaron y con ello permitieron que el arte, una vez más, se hiciera emoción.

 

EMOCIONARTE. La doble vida de los cuadros

Autor: Carlos del Amor

Editorial: Espasa

Recomendable lectura si quieres adentrarte más allá de datos sobre un cuadro o un pintor… Historia y ficción se entremezclan dando lugar a una obra sencilla, sugerente y bella.

MARIO CONTELL

MARIO CONTELL

Educador

Un recuerdo agradecido a tantos

Un recuerdo agradecido a tantos

Es de bien nacidos ser agradecidos… y de eso se trata en las líneas que siguen a continuación.

Uno de los muchos regalos con los que me he encontrado en mi tarea escolapia desde que estoy en el colegio como Educador, ha sido la de impartir la clase de Historia del Arte en el Bachillerato. Reconozco que disfruto de cada una de las sesiones tratando de introducir a los alumnos en las manifestaciones artísticas a lo largo de la historia, en la riqueza de sentido de la iconografía, ayudando a abrir los ojos para contemplar la belleza que el ser humano ha ido creando hasta el día de hoy. Frente a tantos motivos por los que se nos quiere hacer creer que el mundo está lleno de fealdad, pienso que no hay más que estar atento para contemplar que lo que predomina es lo contrario…

Y  surge en mí un agradecimiento grande a aquellos que me ayudaron a descubrir la maravilla que encierra un capitel historiado románico o la tamizada luz que penetra en una catedral gótica a través de sus vidrieras, la indescriptible belleza de la decoración de una mezquita o la desnudez sencilla de un monasterio cisterciense… Pero sobre todo, el agradecimiento profundo a aquellos que, con paciencia calasancia, colaboraron en mi crecimiento como persona; me escucharon sin juzgarme, me acompañaron sin imponerse, lloraron cuando lloré y se alegraron con mi alegría.

En fin, en estos días en que celebramos a Calasanz, mi recuerdo agradecido a mis maestros, especialmente a aquellos que con su testimonio y buen hacer fueron sembrando en mí el deseo de acompañar a niños y jóvenes en el descubrimiento de la belleza que encierra la vida y las creaciones humanas. Pero sobre todo e  indisolublemente unido, lograron sembrar en mí el deseo de acompañar a otros, de escucharlos, de llorar y alegrarme con ellos. ¡Va por vosotros, mis profes del cole!

MARIO CONTELL

MARIO CONTELL

Educador