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Jesús, una vez más, se muestra sensible al sufrimiento humano. Su acción sanadora culminará con la palabra (“quiero, queda limpio”) pero es precedida por el contacto físico (“extendió la mano y lo tocó”). El verbo griego parece indicar que no sólo le tocó, sino que mantuvo esa postura, desafiando la ley, la repugnancia física e incluso el temor al contagio. El leproso experimentará la alegría por su curación, pero también la cercanía y el contacto físico, tan necesarios en la vida, que le habían sido negados al excluirle de la convivencia con la gente.

El anuncio de la Buena Noticia se ha vinculado, casi exclusivamente, a la proclamación de la palabra. Pero el Reino de Dios que anuncia Jesús tiene una dimensión global, es el ser humano en todas sus dimensiones y necesidades el objeto de su misión. Jesús descubre en la multitud que le escucha hambre, enfermedad, dolor, marginación…La mirada de Jesús no se dirige primero a los pecados de los humanos, sino al sufrimiento de estos.

Jesús afirma la preeminencia de la persona sobre la ley. Cuántas historias personales de incomprensión, intolerancia y sufrimientos han sido generadas, son generadas hoy mismo, por una legislación más deudora de un supuesto derecho natural y una legislación humana revestida de religiosidad que del evangelio.

Anuncio de la Palabra y acción caritativa han estado siempre presentes en la vida de la Iglesia. Pero ambas acciones parecen encarnarse en distintas personas y estamentos: unos predican y otros atienden los sufrimientos de la gente. No es difícil identificar quiénes son unos y otros. No es el caso de Jesús, para quien el Reino de Dios se hace presente por una palabra de vida y por un cuidado de la vida de todos, especialmente de los más afectados por el sufrimiento, la miseria y el abandono.

Recordemos a Calasanz. Su experiencia de profunda unión con Dios se armonizaba con su condición de hombre de acción en busca de remedio a los males que afectan a las personas, especialmente a los niños pobres. Antes se implicó en la atención a los afectados por la peste y a los damnificados por las inundaciones del Tíber. Hay una dimensión mística en Calasanz, pero la mística de Calasanz es, por decirlo con la feliz expresión de Metz, una “mística de ojos abiertos”.

P. José Luis Zanón Catalá Sch. P.

Domingo 14 de Febrero de 2021 | 6º domingo de tiempo ordinario

Marcos 1,40-45

La lepra se le quitó, y quedó limpio.

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.» Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

JOSÉ LUIS ZANÓN

JOSÉ LUIS ZANÓN

Escolapio

Nacido en Valencia (1945). Doctor en Psicología. Profesor y Director en varios colegios escolapios. Profesor de la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”, en la cual es Director del Instituto de Investigación “San José de Calasanz”.