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Conversaciones con Rafael Aguirre

Conversaciones con Rafael Aguirre

PPC viene publicando en los últimos años una interesante colección (Conversaciones con…) por la que han ido desfilando figuras destacadas de la teología. Recuerdo las Conversaciones con González Faus, Marciano Vidal y Jon Sobrino. En un tono coloquial y abierto, no exento de rigor, nos permiten conocer la trayectoria intelectual, eclesial y personal (algo menos) de los entrevistados.

Rafael Aguirre es un exegeta especializado en el Nuevo Testamento y en las primeras comunidades cristianas. Destaco tres publicaciones suyas en la Editorial Verbo Divino: La memoria de Jesús y los cristianismos de los orígenes (2015), Así empezó el cristianismo (2010) y Así vivían los primeros cristianos (2017); esas dos últimas como coordinador de un amplio equipo de colaboradores. Su vida se enmarca en largos años de docencia en Deusto, estudios en Roma y Jerusalén (con frecuentes viajes de estudio), y visitas a Latinoamérica.

Lejos de un nostálgico e inoperante arqueologismo, acudir a las fuentes neotestamentarias con todo el rigor que nos ofrecen los estudios de biblistas como Rafael Aguirre es buscar respuestas a las necesidades vitales de los hombres y mujeres de hoy. Respuestas que no arrastren el peso de siglos que han ido dejando el poso de circunstancias y condicionantes históricos no siempre fieles al evangelio. Gráficamente lo expresa Rafael Aguirre cuando recoge el propósito de los precursores del Vaticano II como la intención de “sacar a la luz las riquezas contenidas en el cristianismo de los orígenes, desconocidas y sofocadas por un prolongado periodo contrarreformista en el que predominaron el oscurantismo intelectual, el anquilosamiento institucional y la cerrazón ante la evolución del mundo”[1].

Rafael Aguirre se refiere siempre a los cristianismos (así en plural) de los orígenes, que actualizan la experiencia de Jesús con creatividad en distintos contextos, algo diferente de la Iglesia monolítica y uniforme predominante durante muchos siglos. Ciertamente, los orígenes de la Iglesia se encuentran en Jesús y en el movimiento que él promovió, pero la Iglesia no cayó del cielo como una realidad formada y clara desde el principio, sino que ha ido configurándose a lo largo de un complejo, y no siempre pacífico, proceso histórico. “Otra característica del cristianismo de los orígenes y de suma actualidad es que apareció como una religión sin templos, sin sacerdotes, sin sacrificios. Simplemente porque tenían a Jesús. Les bastaban las casas para reunirse”, afirma Aguirre en el libro que estamos comentando.

José Luis Zanón Catalá Sch. P.

[1] La memoria de Jesús y los cristianismos de los orígenes, Rafael Aguirre (2015)

Conversaciones con Rafael Aguirre

Rafael Aguirre Monasterio
Carlos Gil Arbiol

Editorial PPC, 2020

JOSÉ LUIS ZANÓN

JOSÉ LUIS ZANÓN

Escolapio

Nacido en Valencia (1945). Doctor en Psicología. Profesor y Director en varios colegios escolapios. Profesor de la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”, en la cual es Director del Instituto de Investigación “San José de Calasanz”.

 

Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: quiero, queda limpio

Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: quiero, queda limpio

Jesús, una vez más, se muestra sensible al sufrimiento humano. Su acción sanadora culminará con la palabra (“quiero, queda limpio”) pero es precedida por el contacto físico (“extendió la mano y lo tocó”). El verbo griego parece indicar que no sólo le tocó, sino que mantuvo esa postura, desafiando la ley, la repugnancia física e incluso el temor al contagio. El leproso experimentará la alegría por su curación, pero también la cercanía y el contacto físico, tan necesarios en la vida, que le habían sido negados al excluirle de la convivencia con la gente.

El anuncio de la Buena Noticia se ha vinculado, casi exclusivamente, a la proclamación de la palabra. Pero el Reino de Dios que anuncia Jesús tiene una dimensión global, es el ser humano en todas sus dimensiones y necesidades el objeto de su misión. Jesús descubre en la multitud que le escucha hambre, enfermedad, dolor, marginación…La mirada de Jesús no se dirige primero a los pecados de los humanos, sino al sufrimiento de estos.

Jesús afirma la preeminencia de la persona sobre la ley. Cuántas historias personales de incomprensión, intolerancia y sufrimientos han sido generadas, son generadas hoy mismo, por una legislación más deudora de un supuesto derecho natural y una legislación humana revestida de religiosidad que del evangelio.

Anuncio de la Palabra y acción caritativa han estado siempre presentes en la vida de la Iglesia. Pero ambas acciones parecen encarnarse en distintas personas y estamentos: unos predican y otros atienden los sufrimientos de la gente. No es difícil identificar quiénes son unos y otros. No es el caso de Jesús, para quien el Reino de Dios se hace presente por una palabra de vida y por un cuidado de la vida de todos, especialmente de los más afectados por el sufrimiento, la miseria y el abandono.

Recordemos a Calasanz. Su experiencia de profunda unión con Dios se armonizaba con su condición de hombre de acción en busca de remedio a los males que afectan a las personas, especialmente a los niños pobres. Antes se implicó en la atención a los afectados por la peste y a los damnificados por las inundaciones del Tíber. Hay una dimensión mística en Calasanz, pero la mística de Calasanz es, por decirlo con la feliz expresión de Metz, una “mística de ojos abiertos”.

P. José Luis Zanón Catalá Sch. P.

Domingo 14 de Febrero de 2021 | 6º domingo de tiempo ordinario

Marcos 1,40-45

La lepra se le quitó, y quedó limpio.

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.» Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

JOSÉ LUIS ZANÓN

JOSÉ LUIS ZANÓN

Escolapio

Nacido en Valencia (1945). Doctor en Psicología. Profesor y Director en varios colegios escolapios. Profesor de la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”, en la cual es Director del Instituto de Investigación “San José de Calasanz”.

 

Reflexiones de un viejo teólogo y pensador

Reflexiones de un viejo teólogo y pensador

“Este precioso libro es una síntesis de la obra y el pensamiento de Leonardo Boff…”. Así comienza el prólogo de Michael Löwy a este último libro de Boff. Es una pequeña obra en cuanto al tamaño (menos de doscientas páginas), pero un gran libro por la extensión y la profundidad de los temas abordados. A lo largo de nueve capítulos abarca todos los ámbitos de los que se ocupa la teología: el teólogo, Dios, Jesús, el Espíritu Santo, la Iglesia, la ecoteología de la liberación, la ética y la espiritualidad.  

Para quienes conocen, aunque sea fragmentariamente, la obra de Boff es una magnífica oportunidad para recordar y renovar conceptos ya conocidos, para retornar a alguna de sus obras ya leídas y recordar otros tiempos en los que el futuro se presentaba lleno de posibilidades. Para quienes Boff es un desconocido más allá de algunos tópicos no siempre bienintencionados, la lectura de estas reflexiones que el teólogo brasileño realiza desde una madurez serena les puede abrir un horizonte ilusionante en unos tiempos en los que apenas estamos saliendo del largo otoño eclesial que enfrió las perspectivas abiertas por el Concilio Vaticano II.

El monumental edificio de la teología “oficial” fue derivando históricamente en un complejo sistema doctrinal, magisterial, estructural, organizativo, legal, abarcador de todo lo divino (¿) y lo humano (severo controlador de conciencias). Concebida aquella teología desde un marco espacio temporal muy pequeño no ha conseguido adaptarse a las nuevas perspectivas que iba proporcionando la ciencia, siendo incapaz de “redimensionar” al hombre y a Cristo en la escena de un cosmos inabarcable espacial y temporalmente. Pues bien, en Boff encontramos una teología enmarcada dentro de una amplia y actual visión cosmológica del universo, sensible a la realidad doliente de los pobres y oprimidos y a la no menos realidad doliente de la Madre Tierra. A la clásica teología de la liberación ha integrado la dimensión ecológica.

Y un par de rasgos más a tener en cuenta. Nos encontramos con una teología inseparable de la espiritualidad, una espiritualidad que lleva a la reflexión teológica y una reflexión teológica que deriva inexorablemente en la espiritualidad. Y es, además, una teología comprometida que deriva en una ética del “cuidado” a los demás y a la naturaleza.

¡Qué lástima que un teólogo como Leonardo Boff sea todavía alguien “de fuera”!

José Luis Zanón Catalá

 

 

 

Reflexiones de un viejo teólogo y pensador

Leonardo Boff

Editorial Trotta, 2020

JOSÉ LUIS ZANÓN

JOSÉ LUIS ZANÓN

Escolapio

Nacido en Valencia (1945). Doctor en Psicología. Profesor y Director en varios colegios escolapios. Profesor de la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”, en la cual es Director del Instituto de Investigación “San José de Calasanz”.

 

Reiniciar (¿Volver a empezar?)

Reiniciar (¿Volver a empezar?)

“Reiniciar” es el lema de este curso. El diccionario define reiniciar como “recomenzar”, y añade el toque de actualidad que, por otra parte, ha sugerido incorporarlo como lema añadiendo “cargar de nuevo el sistema operativo de una computadora”. Todos hemos entendido el porqué del lema: queremos volver a vivir como vivíamos antes de la pandemia, queremos que las cosas vuelvan a ser como antes. Como si hubiéramos estado –en realidad todavía estamos- en una especie de hibernación, ese sueño invernal que afecta a ciertos mamíferos para no sucumbir a condiciones climáticas extremas y en el que las funciones metabólicas disminuyen de modo extremo, a la espera de mejores condiciones para volver a la vida anterior.

Sin embargo, nunca en la vida es posible volver a empezar totalmente de nuevo, reiniciar la vida como si no hubiera pasado nada. “Nadie se baña dos veces en el mismo río” afirmaba el viejo Heráclito, porque ni las aguas son las mismas ni nosotros somos los mismos. Cole Porter, compositor norteamericano, inmortalizó allá en el lejano 1934 la canción “Begin the Beguine” (título original que se ha prestado a distintas interpretaciones) y que ha llegado a nuestros días en la voz de diversos intérpretes. José Luis Garci tomó pie de ella para su oscarizado film “Volver a empezar” (1981) con el fondo de la melodía de Porter.

Volver a empezar para “sentir las cosas de siempre” dice la canción. Qué forma tan breve y tan ambigua para referirse a tantas y tantas cosas tan cotidianas, tan rutinarias incluso, que ahora valoramos y añoramos: salir, pasear, encontrarte con los amigos, visitar a la familia, estar en el colegio sin las restricciones que tanto nos limitan, ir al cine, presenciar una competición deportiva, jugar libremente en el patio, viajar sin limitaciones, ver expresiones faciales que contagian alegría, tristeza y quizás indiferencia… Sencillas cosas que disfrutábamos sin valorarlas quizás. “Quiero saber qué fue de tu vida” continúa la canción. Y es que el tiempo no ha pasado en balde para nadie. Desde el tedio y el aburrimiento hasta el dolor por la enfermedad y quizás la muerte de un ser querido. Desde el gozoso “descubrimiento” de cosas y personas de nuestro entorno más próximo que antes no valorábamos hasta la constatación de nuestras limitaciones y problemas no resueltos que antes quedaban ocultos en medio de la vorágine de los acontecimientos de la vida.

No es posible, como dice la canción “quiero saber si todo se olvida para volver a empezar”. Porque el olvido es el gran enemigo del aprendizaje y del crecimiento. Y no podemos olvidar fragilidades y fortalezas, lo peor y lo mejor de nosotros, mezquindad y generosidad… porque de todo ello aprendemos y somos lo que somos. Y sigue la canción: “Yo, que siempre jugué con tu amor hasta el final… hoy al ver que todo acabó qué no daría para volver a empezar”. No, volver a empezar no es posible, el mal que hicimos no se puede borrar, pero sí buscar una reconciliación no merecida quizá, y siempre aprender de nuestros errores… para no volver a jugar con los sentimientos y la vida de nadie.

Escribo estas líneas recién comenzado el tiempo de Adviento. Resuena de nuevo la voz de los profetas que no se resignan a un presente decepcionante y desean con todas sus fuerzas un futuro que colme sus aspiraciones, una vida en plenitud. “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases”, clama Isaías, a quien escucharemos en Nochebuena diciéndonos que “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande… Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado”. Un niño siempre es motivo de esperanza, de futuro. El niño en el que se hace presente Dios mismo tiene la fuerza para que volvamos a empezar, siempre.

P. José Luis Zanón Catalá Sch. P.

JOSÉ LUIS ZANÓN

JOSÉ LUIS ZANÓN

Escolapio

Nacido en Valencia (1945). Doctor en Psicología. Profesor y Director en varios colegios escolapios. Profesor de la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”, en la cual es Director del Instituto de Investigación “San José de Calasanz”.