El trasfondo de este texto, es la pregunta que hace Pedro a Jesús en 19:27, “Señor, hemos dejado todo y te hemos seguido ¿Qué tenderemos entonces?” Los discípulos acaban de ver al joven rico que no ha querido renunciar su riqueza y seguir a Jesús. Jesús respondiéndolo, ha enseñado que es más fácil para un camello atravesar el ojo de una aguja que para una persona rica entrar en el cielo. En principio, quizá, ellos pueden estar seguros de que cabrán en el ojo de la aguja ya que han perdido todo para seguir a Jesús.
Sin embargo, Jesús luego añade, “Para Dios todas las cosas son posibles” (19:26) y continúa diciendo, “porque muchos son los primeros serán los últimos, y los últimos serán los primeros” (19:30) ¿De quién Jesús está hablando aquí? ¿Qué es lo que quiere enseñar? En parte, se puede imaginar que, está hablando del joven rico y de aquellos como él. Ellos son los primeros y, si no cambian su forma de vida, serán los últimos.
Puede que se está dirigido también a los discípulos, como una palabra de consuelo y una palabra de desafío. Es una palabra de consuelo cuando se comparan con el joven rico. Es como que Jesús está diciendo a sus discípulos: «Ese joven está disfrutando de sus lujos terrenales. Tienes una promesa para un reino futuro«.
Asimismo, es una palabra de desafío para los discípulos en sus actitudes hacia personas «sin importancia» (mujeres, niños, etc.) con quienes Jesús elige mezclarse y comer, a quienes sana y restaura. Los discípulos, al escuchar este extraño dicho sobre la inversión de estatus, probablemente se identificaron con el último que se convertiría en el primero. Pero Jesús estaba usando el dicho para advertirles que, en un sentido espiritual, están en peligro de convertirse en los primeros que serían los últimos. Los seguidores de Jesús deben tener cuidado con la arrogancia espiritual que los convierte en la élite autoproclamada de otros de menor grado.
Nuestra parábola de hoy, puede que nos enseñe sobre la gracia soberana y la buena voluntad de Dios, quien, en el ministerio de Jesús, acoge a los «recién llegados» al Reino. Está dirigido a aquellos que están en desacuerdo con la aceptación de los despreciados, los marginados y los pecadores en el Reino de Dios. Jesús probablemente usó la parábola para enseñar a sus seguidores la acogida y el continuo acompañamiento a los pecadores y sin importancia. A pesar de que estas personas habían llegado tarde al servicio de Dios, serían aceptadas en el reino.
Jesús no está dando lección sobre un principio de economía, sino más bien un principio espiritual. El propietario reclama el derecho a pagar a los trabajadores no sobre la base de sus méritos, sino sobre la base de su propia compasión. A nosotros, se nos invita a despojarnos de nuestra “arrogancia espiritual” para poder adorar a este Dios compasivo y generoso, e imitarlo.
Marcelino Leo Lando
24 de septiembre de 2023 | XXV Domingo del Tiempo Ordinario
Mateo 20: 1-16: Los últimos serán los primeros
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ello en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: – Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido. Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: – ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?
Le respondieron: – Nadie nos ha contratado.
Él les dijo: – Id también vosotros a mi viña.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: – Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.
Vinieron los del atardecer, y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno.
Entonces se pusieron a protestar contra el amo: – Estos últimos han trabajado sólo una hora y les has dado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.
Él replicó a uno de ellos: – Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque soy bueno? Así los últimos serán los primeros, y los primeros los últimos.

MARCELINO LEO
Escolapio
Soy un Escolapio de Indonesia, de la Provincia Betania. He pasado mis años de estudios y formación tanto en Filipinas como en España (Madrid). Actualmente, estoy trabajando en Atambua, Indonesia, cuidando la Comunidad y la formación de los novicios indonesios.