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Algunas ocasiones, como educadores, podemos caer en el error de transmitir todos los conocimientos que tenemos y no tener presente a Dios (como la figura del fariseo). Esto nos hace olvidar que, los niños y jóvenes, necesitan un padre o madre, más que un intelectual. Por ello, las lecturas de hoy nos invitan a reflexionar sobre nuestra misión como personas que conducen hacia Jesús (evangelizadoras).

Hoy la Iglesia nos invita a reflexionar sobre el día mundial de las misiones, una oportunidad valiosa para orar y pensar en los diversos carismas que existen en la Iglesia, sobre todo los que están enfocados en la evangelización ad gentes. Pero, ¿Cómo ser un discípulo misionero? La respuesta es; buscando siempre vivir la alegría del Evangelio: sin ella no se hace misión, se anuncia un Evangelio que no atrae. Por otro lado, está la pregunta; ¿Cómo ser un escolapio misionero? Misma respuesta que la anterior pregunta; No es necesario ir a otros países para trasmitir la Buena Noticia, ni pelear para que el P. General nos mande a nuevas fundaciones; se trata de vivir y compartir el Evangelio con los niños, con nuestra familia, con nuestra comunidad.

Ciertamente, la segunda lectura nos recuerda que; la adhesión interior del corazón corresponde a la profesión de fe exterior. No podemos predicar lo que no conocemos, ser misioneros es experimentar un encuentro con el Señor, haber sentido su amor hacia nosotros y dejarnos ver como Él mismo nos mira, para que así, podamos proclamar, con el testimonio y no solo de palabra, que Dios existe y nos invita a estar con Él. Con razón Pablo cita a Isaías diciendo; “¡Que hermosos son los pies de los que anuncian buenas nuevas!”. No podemos ser solamente intelectuales buscando trasmitir lo que sabemos. Ser misionero implica educar en el amor de Dios; recordar nuestro lema; evangelizar educando en la piedad y las letras.

Lamentablemente, a veces, nos dejamos llevar más por nuestros títulos académicos que por el amor. Por eso, Lucas hace un fuerte llamado a la humanidad a hacer un alto en nuestras vidas y autoevaluarnos bajo la cosmovisión dos personajes:

  1. El fariseo: Un hombre perfeccionista que mira y desprecia a los que no son como él. Una persona llena de sí misma y no de Dios.
  2. El publicano: Una persona que reconoce ante Dios sus errores y pide perdón de corazón.

Dentro de la misión educativa que se nos ha encomendado, debemos orar para que Dios nos muestre el camino a la justicia. Ser justos es un don gratuito que Dios mismo concede a los que creen en Él. En la segunda lectura aparece seis veces el verbo creer, esto nos lleva a la pregunta; ¿Creemos en Él o solo proclamamos nuestros conocimientos intelectuales? ¿Qué actitudes tengo con los que entran en contacto conmigo?

Por último, Calasanz nos hace una atenta invitación a emplear nuestros talentos en servicio de los niños, que es el medio de conseguir el gran mérito y asegura el camino al cielo. Todo lo demás es tentación del enemigo (11-8-1629).

Que en este día en que la Iglesia nos invita a orar por las misiones, reflexionemos también nuestra misión que Dios nos ha encomendado a cada uno de nosotros, y rumear las preguntas anteriormente propuestas, para que, cuando estemos frente a Jesús Eucaristía, podamos expresar lo que nuestro corazón siente, y Él, con su infinito amor, nos oriente para seguir proclamando, con nuestras acciones, la venida del Reino, y podamos decir con orgullo ¡Creo en Dios!

Que el Señor siempre nos guíe con su mano misericordiosa.

José Emmanuel Campa Gándara Sch. P.

Domingo 23 de octubre de 2022 | Domingo XXX del Tiempo Ordinario (DOMUND) 

Lc 18, 9-14: El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no.

En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola sobre algunos que s tenían por justos y despreciaban a los demás:

«Dos hombres subieron al templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias’.

El publicano, en cambio, se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo. Lo único que hacía era golpearse el pecho, diciendo: ‘Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador’.

Pues bien, yo les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no; porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».

EMMANUEL CAMPA GÁNDARA

EMMANUEL CAMPA GÁNDARA

Escolapio

Nacido en Celaya, Guanajuato. Religioso escolapio de la Provincia de México desde 2015. Actualmente estudiante de licenciatura en teología, así mismo de licenciatura en educación media superior intercultural con especialidad en español y literatura. Apasionado de la música. Ha coordinado grupos juveniles y Canta Calasanz en la misma provincia.