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La escena del evangelio de este domingo nos sitúa en un lugar importante: Jesús está en casa de uno de los jefes de los fariseos. Lo han invitado a comer. A la hora de sentarse, Jesús observa las actitudes del resto de invitados: todos, sin excepción, quieren ocupar un lugar privilegiado en la mesa. Para ellos es importante estar cerca del anfitrión, del personaje destacado, para enterarse de las conversaciones y, seguramente, intervenir; en definitiva, para que se note su presencia. Y es que ¡es muy duro pasar desapercibidos!

Jesús, sin embargo, los descoloca con sus palabras, como en tantas ocasiones. Con una parábola, los sitúa en las antípodas de sus expectativas, y los sume en el ridículo más absoluto: “… y, viniendo el que os invitó a ti y a él, te diga: Deja el sitio a este”. Retrocede. Colócate más allá, en un sitio menos importante, menos cercano al poder, menos influyente.

 Nos resulta fácil ponernos en la piel de estos invitados, ¿verdad? Seguro que en más de una ocasión hemos tenido que cambiar de sitio en una mesa, en una fila, en una sala, en el aula… porque nuestro lugar estaba reservado a alguien más destacado, a otra persona que, en ese momento y por cualquier motivo, estaba “por encima” de nosotros. Resulta difícil digerir esto cuando nuestra motivación no es buena; cuando lo que queremos es destacar y ser vistos (y alabados). En definitiva, cuando nuestra intención real es ensalzarnos.

Jesús nos enseña dando un giro de 180 grados a nuestra motivación: “Vete a sentarte en el último puesto”. ¿Por qué? ¿Para que luego vengan y me digan que soy importante, y que sí puedo sentarme en un sitio principal? Pero, ¿y si no ocurre lo que dice el evangelio? Tal vez el anfitrión no se acerque a pedirme que me traslade a un asiento mejor y me tenga que quedar en último puesto todo el tiempo. ¡Dios mío, menudo drama! ¿Qué ocurre entonces? ¿Por qué no me debo sentar en el que considero que es el mejor lugar para mí?

Jesús, con su vida y sus palabras, nos da la respuesta: no he de buscar los lugares principales porque, si soy su discípula, si quiero vivir como Él, no he de pensar solo en mí misma y en mis intereses, sino que mi motivación ha de ser anteponer a los otros, renunciar al protagonismo, humillarme, es decir, abatir mi orgullo y mi altivez. Esto es la humildad y es la actitud que nos enseña Jesús en este evangelio: dejar los mejores puestos a mi hermano, a mi hermana, por AMOR a ellos y a Dios, no para recibir nada a cambio. “Y el que se humille será ensalzado”, concluye el evangelio. Porque, sin duda, amando es como somos realmente ensalzados.

María Muñoz Delhom

 

​Domingo 28 de Agosto de 2022 | 22º domingo de tiempo ordinario

Lucas 14, 1. 7-14: El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.

Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: «Cédele el puesto a éste.»

Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.

Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: «Amigo, sube más arriba.»

Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.

Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Y dijo al que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado.

Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.»

MARÍA MUÑOZ

MARÍA MUÑOZ

Educadora

Profesora de lengua castellana y valenciano en Secundaria y Directora General del colegio San José de Calasanz de Valencia (España). Casada y madre de dos hijos, pertenece a la Fraternidad de la provincia Betania.