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En el marco de una boda, Jesús comienza sus signos de salvación, acompañado por su madre María y los discípulos, es decir, en comunidad. En la boda ha faltado el vino, el motor de la fiesta y de la alegría. La comunidad, a través de María, le expone a Jesús el problema. La respuesta de Jesús es terminante: “Todavía no ha llegado mi hora”, es decir, el misterio salvador de su muerte y resurrección. Para conocer a Cristo, el Señor, hace falta, en el itinerario de la fe, la luz de la Pascua. La insistencia de María, de la comunidad, es clara cuando se dirige a los sirvientes, a aquellos que “no somos más que unos pobres siervos” (Lc 17, 10), y les pide “haced lo que él os diga”, ya que sólo Jesús tiene palabras de vida eterna (Jn 6, 68).

Siguiendo las normas de purificación había unas tinajas de piedra, ya vacías porque los asistentes a la boda se habían lavado para poder reunirse y comer. La Ley antigua ya no da más de sí, pero ha cumplido su misión pedagógica de conducir a la nueva Ley, la del amor de Dios, que se ha revelado en Jesucristo. Cumplido el mandato de Jesús, las tinajas ya están llenas de agua y se sirve su contenido, ya convertido en un vino exquisito. El encargado de la fiesta se sorprende de que el orden de servicio de los vinos ha sido alterado, ya que primero, para impresionar, se deben servir los mejores y cuando sólo interesa beber para continuar la fiesta, se distribuirán los de más baja calidad. Sólo desde la fe en el Resucitado se podrá percibir la novedad de la Buena Noticia.

La respuesta de la comunidad ante el signo no es otra que manifestar y acrecentar la fe en Jesús, el Señor, que ya comienza a manifestar su gloria, es decir, su misterio de salvación. Se va así afianzando el itinerario de la fe que llevará a la confesión y a la adoración de Dios, tras pasar por pruebas y dificultades, no exentas de desánimo y cobardía. Se clarifica así un poco más, si cabe, la misión de transmitir la fe, central en el carisma calasancio.

La celebración de la Eucaristía, anuncio del banquete del Reino, como memorial de la muerte y resurrección de Cristo, responde a la petición de la comunidad que desea ver crecer su fe para poder dar testimonio de Jesús y servir a los hermanos.

P. Enric Ferrer Sch. P.

Domingo 16 de Enero de 2022 | 2º domingo de tiempo ordinario

Juan 2, 1-11: En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino.» Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.» Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga.» Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.» Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.» Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

ENRIC FERRER

ENRIC FERRER

Escolapio