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Predicar sobre la conversión puede ser una actuación arriesgada, depende de cómo uno se ponga a ello. Uno no puede dejar de recordar al bueno de Jonás con la encomienda de ir a Nínive para que se convirtieran, bajo amenaza de que la ciudad sería destruida. No parece fácil la tarea del profeta que anuncia el enfado de Dios y sus amenazas. Algún resto de este tipo de profecía le quedaba a Juan Bautista, que mencionaba el hacha puesta en la raíz y cosas así.

Pero Jesús, sin dejar de usar el verbo convertirse, y hacerlo además en imperativo, cambia el tono. Le añade una coletilla que lo cambia todo: creed la buena noticia. Que no te conviertes para mí, expresaba Jesús, sino para que tú recibas una buenísima noticia, que es por ti la cosa, que de ese cambio depende tu vida plena.

Podríamos decir, como reza el título de los ejercicios de Pablo Domínguez, “Convertirse es ser atraído”, seducido a la manera de Oseas, o San Agustín, o tantísimas otras buenas gentes cuyo mérito fue el de dejarse seducir. Así nos lo cuenta Pablo en la introducción a su libro:

“Escuché en un retiro «Convertirse a alguien es ser atraído por él». Yo pensaba que la conversión consistía primariamente en un apartarse de… Sin embargo, cada día me convenzo más de que la conversión tiene que ver, inicial y principalmente, con un dirigirse hacia… por haber sido seducido por… (…) Porque alguien nos atrae, nos convertimos a él, no al revés».

 Un científico ecologista y genetista, Charles Birch, queriendo reconciliar las doctrinas evolucionistas con su fe en un Dios personal, encontró en su maestro Whitehead inspiración. Él lo expresa así:

“…fui capaz de reconocer que el Dios que influye en la vida humana opera del mismo modo en el resto de la creación. (…) El futuro está abierto. Entendí que una de las razones que explican esto es que Dios no es la única causa de todo lo que acontece. Dios ejerce causalidad siempre en relación con seres que tienen su propia medida de autodeterminación. Dios es nuestro compañero en el avance creador hacia la realización de posibilidades aún no realizadas”.

 Y así, el científico se quedó con la definición de Dios como AMOR PERSUASIVO. ¡Qué bien suena lo de que Dios se empeñe en atraernos hacia la realización de todas esas posibilidades aún no realizadas! Quién le iba a decir a Pedro, pescador experimentado, que iba a ser predicador y dedicarse a atraer a otros, por ejemplo.

Por mi parte, cada vez tengo más obsesión por usar en pasiva los verbos para el crecer espiritual hacia esas potencialidades: quizá dejarse hacer sea más difícil que hacer muchas cosas aparentemente santas y buenas, pero más centradas en el ego que en el amor.

Sin embargo, no arriesgaba menos Jesús que Jonás o que Juan el Bautista. Y también a él le quisieron lanzar barranco abajo en su propio pueblo por decir que con él empezaban las buenas noticias. Su campaña de persuasión no era una operación de márketing, un mero dos por uno: había que dejar claro que él, su vida y su propuesta, eran nuestra mejor opción de vida.

Y es que Jesús atraía sólo a quien se dejaba atraer. Quien veía en él a un mero vecino con pretensiones, no sentía atracción que lo moviera de su sitio. Así que la voz pasiva se mezcla con la activa, y algo hay que poner de parte de uno. ¡Al menos no agarrarse demasiado a la silla, para entender que es Jesús y su ser persona lo que me va a venir bien a mí!

P. Juan Carlos de la Riva Sch. P.

 

Domingo 24 de Enero de 2021 | 3º domingo de tiempo ordinario

Marcos 1,14-20: Convertíos y creced en el Evangelio

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»

Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

JUAN CARLOS DE LA RIVA

JUAN CARLOS DE LA RIVA

Escolapio

Soy escolapio en Vitoria, colaborando en la pastoral del colegio y de la parroquia, acompañando al Movimiento Calasanz y a las familias que sienten las Escuelas Pías como su referencia de fe y una ayuda para la evangelización de sus hijos e hijas. Coordino la plataforma de la Revista de Pastoral Juvenil, y en la provincia animo tareas de secretaría y comunicación.