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Meditación acerca del capítulo 2º de la cuarta temporada de la serie “THE CROWN” de Netflix «El test de Balmoral» en el cual se muestran dos cacerías en paralelo: por un lado, la caza de un hermoso ciervo astado y, de otra parte, la caza de Diana de Gales.

Es una obra de arte: una toma va mostrando cómo los empleados del palacio de Balmoral colocan en una pared la cabeza disecada de un imponente ciervo astado que ha sido cazado por el Duque de Edimburgo; la toma paralela muestra a Diana Spencer (Diana de Gales) asediada por una multitud de periodistas y fotógrafos que se centran sobre el nuevo miembro que la familia real ha captado para que sea la esposa no amada del Príncipe Carlos; mientras tanto, suena la triste música de la obertura de “La Traviata” de Giuseppe Verdi, la ópera que cuenta la historia de aquella mujer que se muere de tuberculosis y amor al mismo tiempo.

Y viendo aquello, pienso en este mundo que Francisco llama de “las sombras cerradas”, este mundo donde tantas personas son cazadas, asediadas, abusadas, utilizadas, manipuladas, maltratadas, violadas en su cuerpo o en su dignidad, para luego ser descartadas y desechadas, como trofeos que adornan el salón de los depredadores. Dice el Papa: «Partes de la humanidad parecen sacrificables en beneficio de una selección que favorece a un sector humano digno de vivir sin límites. En el fondo no se considera ya a las personas como un valor primario que hay que respetar y amparar, especialmente si son pobres o discapacitadas, si “todavía no son útiles” —como los no nacidos—, o si “ya no sirven” —como los ancianos—». (Fratelli Tutti, 18). Y, entonces, en contrapunto entre la serie de televisión y las palabras de Francisco, veo a los empleados del palacio colocando en las paredes de la infamia los trofeos de la caza mayor de este mundo de sombras cerradas: allí están los ciervos astados, las dianas de gales, los niños sin nacer, los ancianos olvidados, los enfermos que estorban, los inmigrantes incómodos, las mujeres de las cadenas de trata de personas, los jóvenes prostituidos, las víctimas del narcotráfico, los niños sin escuelas, los hijos abandonados, las esposas traicionadas, las chicas y los chicos vendidos como mercancía humana en las páginas pornográficas, y, en fin, todas las piezas de una infame cacería. Mientras tanto, escucho los acordes de la obertura de “La Traviata”, anunciando la muerte de alguien que anhelaba amar y ser amada.

JUAN JAIME ESCOBAR

JUAN JAIME ESCOBAR

Escolapio

Colombiano, con cuarenta años de vida religiosa y treinta y tres de sacerdocio. En todos esos años, dedicado a la pastoral juvenil, especialmente al trabajo de Retiros Espirituales y acompañamiento personal. Formador de familia y filósofo de la educación.