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This is us, la complejidad de lo sencillo

This is us, la complejidad de lo sencillo

En el universo tan variado de ese nuevo género cinematográfico en el que se han convertido las series de televisión, This is us es el ejemplo elocuente de la sencillez cautivadora. Apenas hay secuencias de acción, mundos imaginarios o visiones apocalípticas de un futuro incierto… así que This is us pudiera entrar para quien esto lee en ese grupo variopinto de series insulsas, dedicadas a destripar sin apuros el día a día de la típica-familia-de-clase-media-americana. Y sí, también es eso… pero no solo…

This is us es también un canto al amor, una oda a la familia y cuyo valor no es únicamente dejarte un buen sabor de boca al acabar el episodio, sino algo más… This is us es la serie de televisión que siempre querrías tener a tu lado, aquella que verías por segunda o tercera vez… una serie de televisión que no deja indiferente y cuyo visionado te hace, de alguna forma, mejor persona.

No niego cierta coincidencia en los ritmos vitales de los protagonistas, para los que aún llegamos al final de Thirtysomething o vivimos nuestra adolescencia acompañados de la pandilla de Dawson’s Creek. This is us no solo eleva la sencillez a un grado superior (es una sencillez disfrazada, de las buenas, de las que nacen de la complejidad de la vida), sino que además tiene la desfachatez de mostrar unos personajes para quienes su felicidad reside en hacer felices a los que tienen a su alrededor. Así de simple y así de complicado. También el score de Sidartha Kosla ayuda a introducirse en los entresijos emocionales de la familia Pearson, con composiciones que rozan el minimalismo ambiental. Toda sencillez, ayuda.

Así que, lo que podría ser una serie ñoña de más, se convierte en una serie cautivadora, un caleidoscopio familiar aderezado de saltos en el tiempo, giros de guion e historias trabadas que nos permiten ir descubriendo, capítulo a capítulo, los vericuetos emocionales, los sueños y frustraciones más recónditas no solo de los protagonistas de la ficción, sino también de uno mismo. La serie es, en definitiva, un viaje al corazón de cada protagonista que conduce al espectador a esos lugares comunes, incómodos en ocasiones, donde residen los anhelos compartidos.

José Montalvá

PEPE MONTALVÁ BENEYTO

PEPE MONTALVÁ BENEYTO

Laico

Fotógrafo fustrado, tipógrafo mediocre, diseñador de tres al cuarto. En labores comunicativas escolapias. Casado, padre de tres hijos. Pertenece a la Fraternidad Escolapia de Betania.

Las Nuevas Narraciones

Las Nuevas Narraciones

Érase una vez… un artículo que surge de dos experiencias y una reflexión.

Como todas las dificultades en la vida, esta pandemia también ha traído un buen saco de oportunidades inesperadas. Una de ellas ha sido tener tiempo para poder ver y comentar series y películas en familia (subrayo en familia).

Hemos cambiado la chimenea y los viejos relatos orales por el mando a distancia y el catálogo de las diferentes plataformas digitales en las que se aglutinan “Las Nuevas Narraciones”.

El mundo ha cambiado y también la manera de narrar historias, pero en absoluto la importancia y vigencia de estas como forma de aprendizaje ético y moral. Hoy las nuevas narraciones las encontramos en un lenguaje audiovisual con forma de películas y de manera especial de series, esas que conquistan el corazón, cerebro y tiempo de nuestros adolescentes y jóvenes.

Hace unos días, en clase de lengua, trabajaba con mis alumnos de primero de Secundaria el género narrativo y les decía que el hombre, desde que es hombre, utiliza las “historias” para contar las cosas verdaderamente importantes de la vida y que las “historias” están en el ADN del ser humano. Repasamos y reflexionamos sobre algunos de los grandes relatos de la humanidad como el Génesis y alguna fábula de Esopo (que destilaba sabiduría práctica para la vida cotidiana). También les comenté que ellos también tendrían que componer la narración de su propia vida. (Ricoeur decía que la narración termina de dar significado a la acción, a los acontecimientos de cada vida.)

Todo esto me lleva a reflexionar y a afirmar que, como educadores escolapios, tenemos la oportunidad de utilizar todas estas “historias” que nos brindan el cine y las series para trabajar el conocimiento y el desarrollo de valores morales, para invitar a nuestros chicos a reflexionar, para ir construyendo su propia ética personal y pensamiento crítico (tan necesario en estos tiempos). Las nuevas narraciones se pueden convertir en un gran laboratorio de experimentos morales. En ellas se nos ofrecen modelos de “vida buena” que podemos decidir o rechazar desde la reflexión y la libertad.

¿Cómo podemos hacer esto? Hace años era más fácil ya que el número de narraciones (películas, series y novelas) eran limitadas y podíamos compartir un “universo simbólico común”. Hoy con la desbordante oferta parece imposible.

Creo que la clave está en “enseñar a leer” estas narraciones, en acompañar a nuestros alumnos en el proceso de aprendizaje donde ellos descubran que la narración no es un mero entretenimiento, sino que tiene capas o niveles de lectura. Se puede aprender mucho de la trama, los personajes, conflictos… Se trataría de ofrecerles un “método” para sacar todo el jugo a esos relatos.

La identidad personal se construye a partir de la capacidad de relatar la propia vida. Decía Hannah Arendt que “todos los pesares pueden ser soportados si los pones en una historia o si cuentas una historia acerca de ellos”. Esto nos abre un nuevo horizonte ya que a través del Acompañamiento Personal o de la Tutoría con los alumnos la narración de sus historias de vida y problemas nos otorga herramientas para ayudar a los chicos a descubrir esa “interna inclinación” de la que nos habla Calasanz. Pero esa es otra historia…

Y colorín colorado…

YAMIN MOYA

YAMIN MOYA

Educador

Sociólogo de formación, profesor en Secundaria y FP Básica del área de Ciencias Sociales y Filosofía del colegio Ntra. Sra. de las Escuelas Pías de Aluche (Madrid). Enamorado de su tarea de “evangelizar educando”. Casado y padre de dos hijos.

Piezas de cacería

Piezas de cacería

Meditación acerca del capítulo 2º de la cuarta temporada de la serie “THE CROWN” de Netflix «El test de Balmoral» en el cual se muestran dos cacerías en paralelo: por un lado, la caza de un hermoso ciervo astado y, de otra parte, la caza de Diana de Gales.

Es una obra de arte: una toma va mostrando cómo los empleados del palacio de Balmoral colocan en una pared la cabeza disecada de un imponente ciervo astado que ha sido cazado por el Duque de Edimburgo; la toma paralela muestra a Diana Spencer (Diana de Gales) asediada por una multitud de periodistas y fotógrafos que se centran sobre el nuevo miembro que la familia real ha captado para que sea la esposa no amada del Príncipe Carlos; mientras tanto, suena la triste música de la obertura de “La Traviata” de Giuseppe Verdi, la ópera que cuenta la historia de aquella mujer que se muere de tuberculosis y amor al mismo tiempo.

Y viendo aquello, pienso en este mundo que Francisco llama de “las sombras cerradas”, este mundo donde tantas personas son cazadas, asediadas, abusadas, utilizadas, manipuladas, maltratadas, violadas en su cuerpo o en su dignidad, para luego ser descartadas y desechadas, como trofeos que adornan el salón de los depredadores. Dice el Papa: «Partes de la humanidad parecen sacrificables en beneficio de una selección que favorece a un sector humano digno de vivir sin límites. En el fondo no se considera ya a las personas como un valor primario que hay que respetar y amparar, especialmente si son pobres o discapacitadas, si “todavía no son útiles” —como los no nacidos—, o si “ya no sirven” —como los ancianos—». (Fratelli Tutti, 18). Y, entonces, en contrapunto entre la serie de televisión y las palabras de Francisco, veo a los empleados del palacio colocando en las paredes de la infamia los trofeos de la caza mayor de este mundo de sombras cerradas: allí están los ciervos astados, las dianas de gales, los niños sin nacer, los ancianos olvidados, los enfermos que estorban, los inmigrantes incómodos, las mujeres de las cadenas de trata de personas, los jóvenes prostituidos, las víctimas del narcotráfico, los niños sin escuelas, los hijos abandonados, las esposas traicionadas, las chicas y los chicos vendidos como mercancía humana en las páginas pornográficas, y, en fin, todas las piezas de una infame cacería. Mientras tanto, escucho los acordes de la obertura de “La Traviata”, anunciando la muerte de alguien que anhelaba amar y ser amada.

JUAN JAIME ESCOBAR

JUAN JAIME ESCOBAR

Escolapio

Colombiano, con cuarenta años de vida religiosa y treinta y tres de sacerdocio. En todos esos años, dedicado a la pastoral juvenil, especialmente al trabajo de Retiros Espirituales y acompañamiento personal. Formador de familia y filósofo de la educación.