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Domingo 29 de Noviembre de 2020
Domingo 1º de Adviento

Marcos 13,33-37
Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa

En aquel tiempo, dijo Jesús sus discípulos: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!»

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“Centinela dormido. Vanguardia de los enemigos. Conquistado por anticipado, pues tu dormir es un negarte a ser ligado permanentemente por la ciudad…” Estas son las palabras con que Antoine de Saint-Exupéry, autor del libro el Principito, habla de la vigilancia y de la función de un centinela para la vida. El centinela vigila solo, pero sabe que no lo está porque es el representante de algo mayor que él mismo.

Hoy el evangelio de este primer domingo del tiempo de adviento, nos advierte sobre la vigilancia y el estar despiertos para recibir la propuesta del Reino de Dios entre nosotros. Estas palabras de Jesús a sus discípulos sobre estar vigilantes confirman el desconcierto aún de ellos por no terminar de entender la propuesta de su maestro; los discípulos, desean ver las promesas de Dios cumplidas en Jesús, pero no necesariamente vivir desde ellas; mientras que Jesús propone la oferta de la salvación para todo el género humano, pero para recibirla hay que estar atentos, abiertos, discerniendo cada paso para no dejarse llevar por otros caminos.

“Pero tú, centinela, cuando velas estás en relación con la ciudad librada a las estrellas. No esta casa, ni esta obra, ni ese hospital ni ese palacio. Sino la Ciudad… esa mezcla de fervor y de sueños, ese fuego bajo la ceniza de la vía láctea.”  

Vivir el mandamiento de Jesús en este contexto de finalidad supone siempre para los cristianos pasar por la negación de sí mismos; es el acontecimiento gozoso y definitivo, la vida a plenitud del Dios de la vida más allá de la muerte. Ser centinela de la vida de Dios significa deponer tus propios destinos, tus caminos y tus voluntades como lo afirmaba San José de Calasanz, hoy la comunidad de los creyentes, los escolapios, religiosos y laicos, debemos continuar la obra de Dios en este mundo, anunciarlo en medio del caos y de la dificultad que ahora vivimos.

La actividad apostólica no se puede diluir con la excusa de la incertidumbre y de la realidad de sufrimiento, es allí donde más vigilancia, radicalidad y entereza necesitamos del seguidor de Cristo, puesto que la realidad a veces puede distraer la mirada y perderse la llegada del señor cada día a nuestras vidas.

“Pero yo te deseo fiel a ti mismo, despierto, sabiendo que llegarás a ser”, no desees otra cosa más que ser un centinela, no anheles más que la vida de Cristo, no soportes más que a la humanidad desconcertada para que el Señor te reclame en su regazo y pueda él engendrar de nuevo la vida nueva.

ALEJANDRO VASQUEZ

ALEJANDRO VASQUEZ

Escolapio