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Piedad y Letras, Belleza y bellezas

Piedad y Letras, Belleza y bellezas

Siempre ha sido y será necesario el recurso a la Belleza en la Educación, pero más si cabe en estos tiempos que corren. Tiempos en los que parece que los alumnos han quedado amortiguados, aletargados, pausados en el aula debido a la actual situación de pandemia, y especialmente debido a las mascarillas y a la distancia de seguridad.

Es éste el modo más eficaz y duradero de activar a los alumnos, de motivarlos y producir en ellos encuentros significativos que transformen su vida. Debemos aprovechar el aula o el lugar de aprendizaje para provocar en los alumnos encuentros significativos. Estos encuentros pueden ser: del alumno consigo mismo, a través de la introspección y reflexión; del alumno con sus compañeros, fortaleciendo la amistad, la cooperación y la socialización; del alumno con el docente, como modelo que le impulsa hacia un futuro ya imaginado; del alumno con el propio conocimiento, lo cual es todo un descubrimiento y entrada en un infinito de posibilidades; y del alumno con Dios, encuentro privilegiado del que el alumno se verá necesitado durante toda su vida.

Para todo lo anterior, con el fin de que esta significatividad se produzca, es necesario tan sólo una cosa: transmitir la belleza que está detrás de todo lo creado. La belleza que existe en el conocimiento y que provoca al alumno, que le hace sorprenderse y admirar ante la provocación que supone todo lo bello. La belleza cautiva, rapta los sentidos y la inteligencia y las lleva a lugares donde siempre quisieron estar y nunca imaginaron.

La belleza activa todos los recursos sensibles e intelectivos, pone el vello en guardia y es capaz de hacer brotar ilusión de los lagrimales más estériles. La belleza mueve el corazón, y es ésta la verdadera y encarnada motivación.

En estos tiempos que corren hemos de descorrer velos, y poner el máximo ahínco en reflexionar, primero nosotros los docentes sobre nuestra propia vocación, la primera llamada, para así redescubrir la belleza de lo que enseñamos. A partir de ahí, del propio enamoramiento estaremos preparados para transmitir a nuestros alumnos la belleza que rodea todo lo creado, la belleza que empapa al conocimiento, la ciencia, la cultura, la amistad, los compañeros, el hombre, y en definitiva la belleza que emana de Dios, como Belleza en sí misma y origen de cualquier belleza.

Sin duda Calasanz podría decir que Piedad y Letras se puede traducir como Belleza y bellezas.

PEDRO JARA

PEDRO JARA

Educador

Casado, con tres hijos, diácono permanente en la diócesis de Madrid desde 2011 y profesor del Real colegio Escuelas Pías de San Fernando desde 2007. Autor de varios libros, entre ellos «A la sombra de Madre Teresa» (Edibesa) y «El diácono pobre y fiel en lo poco» (EDICE)

Piedad, Letras… y más

Piedad, Letras… y más

El P. Gianbattista Monti (1832-1889), de Nápoles, inventa el dirigible, pero el P. General Calasanz Casanovas le dice que no puede volar.

Los escolapios han oído hablar sin duda del P. Eugenio Barsanti (1821-1864), toscano, inventor del motor a explosión. Cuando fue a presentarlo a Bélgica enfermó de una extraña enfermedad y murió a los pocos días. Su familia siempre pensó que había sido envenenado. El caso es que poco tiempo después los alemanes Daimler y Benz presentaron la patente de un vehículo que se movía por sí mismo, automóvil, con un motor muy similar al que había inventado nuestro P. Barsanti…  a quien Italia considera un hijo ilustre y gran inventor.

Menos conocida es la historia del P. Gianbattista Monti, que en 1868 proponía al P. General la construcción de un dirigible experimental (los primeros dirigibles comenzaron a funcionar hacia 1900). No solo necesitaba su permiso; necesitaba también dinero para construir un modelo en tamaño real, pues el prototipo experimental, pequeño, funcionaba. Una vez demostrada su utilidad, la Orden podría ganar mucho dinero (esa era la intención también del P. Barsanti). Pero el P. General, tras consultar a un famoso físico escolapio, el P. Chelini, que enseñaba en la Universidad de Roma, le dijo que “no perdiera tiempo y esfuerzos en un problema irrealizable”. Tras intercambiar varias cartas, al fin el P. Monti le respondió en 1869:

“Veneradísimo P. General, yo siento por Usted un gran aprecio, profundo y desinteresado: siento veneración por Usted. V.P. me dice que mi invento no funcionará, y yo recibo su palabra como un oráculo. Sin embargo, mi pensamiento me dice que llegará un tiempo en que mis ideas serán puestas en práctica, y mi ingenio se moverá con dirección determinada. Es tal la ligereza de todo el sistema rígido que he inventado, es tal la velocidad de mi hélice, que el hecho no podrá dejar de corresponder a mis expectativas. Lo cierto es que todos han aprobado la cosa, y me están animando”.

 Y se olvidó del asunto. Y los escolapios italianos siguieron siendo pobres, como quería Calasanz. Pero al menos algunos lo intentaron, y demostraron que, además de la piedad y las letras, se podía avanzar también en las ciencias, y en sus aplicaciones prácticas.

JOSE PASCUAL BURGUÉS

JOSE PASCUAL BURGUÉS

Escolapio

Escolapio desde que en 1977 hizo su primera profesión en Peralta de la Sal, España, cuna de nuestro Fundador Calasanz. Después de haber trabajado en varios países, en la actualidad es el Archivero General de la Orden en la casa de San Pantaleo, Roma, y se dedica a dar a conocer la historia de las Escuelas Pías.
De sentido común

De sentido común

​El sentido común me dice que la identidad de una persona, una institución, una idea, una nación… no se puede entender en “oposición a…” otra sino “en relación a…” Por ejemplo, la identidad masculina se entiende como complementa a la femenina, la “maternidad” con la “filiación”, la luz con la oscuridad, las izquierdas con las derechas y así, con todo.

Heráclito reflexiona explícitamente sobre la identidad de los opuestos: Aunque diferentes y opuestos en su diversidad y oposición, todo lo que existe, tomado absolutamente, es idéntico a los demás. No hay identidad pura, sino en relación.

En la tradición filosófica oriental también aparece una reflexión parecida. “Yin yang” es un principio filosófico y religioso que explica la existencia de dos fuerzas opuestas pero complementarias que son esenciales en el universo. El “yin” está asociado a lo femenino, la oscuridad, la pasividad y la tierra; y el “yang” vinculado a lo masculino, la luz, lo activo y el cielo. Según esta filosofía, ambos dinamismos son necesarios para mantener el equilibrio universal.

En definitiva, toda identidad está asociada al equilibrio entre dinamismos que parecen opuestos y enfrentados, pero que en realidad son complementarios y necesarios.

Este principio de metafísica elemental se puede aplicar a muchas realidades. En este artículo, lo aplicaré a los diferentes modelos educativos que pueden darse en un país y su necesaria complementariedad para que toda la sociedad salga beneficiada.

En la última ley educativa (Lomloe) que se está debatiendo en España estos días (Lomloe) se dice que la Escuela Pública es el eje que vertebra el sistema educativo dejando a la Escuela Concertada como subsidiaria. Con este planteamiento, El Estado se constituye en el garante único del derecho a la educación con la mal llamada “escuela pública” –yo la llamaría estatal-. Los otros modelos (concertada, privada) quedan supeditados a la “publica”.

Hay muchas voces que dicen: “Si los padres quieren escuela católica (o de otra naturaleza), que se la paguen aparte”. También dicen: “Los de la escuela concertada se aprovechan de los recursos del Estado para adoctrinar, para hacer su negocio privado”. Está bien, quizá haya escuelas concertadas que “laven el cerebro” de los niños y que estén montadas como negocio; pero son la excepción. No se puede legislar con excepciones.

La garante del derecho a la educación es la sociedad civil (la tribu) en su conjunto (iglesia, empresas, gremios, sindicatos, asociaciones…) de la que los padres son los primeros responsables. La sociedad confía en una estructura administrativa (Estado) para que gestione del mejor modo el acceso a la escuela de todos, siempre escuchando la voz de los padres.

Todos tienen derecho a que la educación básica sea gratuita, ya sea de iniciativa estatal o privada. El Estado tiene la obligación de construir una buena red de escuelas y ponerlas al servicio de la comunidad; pero si hay escuelas de titularidad privada que tengan vocación pública, debe recibir subvención del Estado siempre y cuando esté garantizado el principio de gratuidad y exista la demanda en las familias.

La Escuela Concertada no es subsidiaria sino complementaria a las gestionadas directamente por la administración pública (Escuelas Estatales). Es complementaria porque también ejerce una función pública; es decir, garantiza el derecho a la educación de los que optan por un proyecto educativo determinado y aceptado libremente por los padres.

En el siglo XVII, cuando la estructura del Estado era muy débil y la sociedad no tenía conciencia que la educación es un derecho de los niños, José de Calasanz abrió escuelas gratuitas para todos (públicas) y solicitó sin complejos la ayuda de administraciones públicas e iniciativas privadas. Más tarde, le siguieron en Francia los hermanos de La Salle y muchos otros hasta nuestros días.

Sólo bien entrado el siglo XIX los Estados tomaron conciencia de su responsabilidad, pero ya las escuelas de la Iglesia llevaban tiempo garantizando este derecho fundamental. Por eso, carece de sentido común que los Estados quiten esta función pública a la Iglesia cuando fue pionera en abrir escuelas populares.

La belleza aparece cuando hay armonía entre los colores y las formas. La sociedad no es monocromática, sino compleja y diversa. Hay diferentes cosmovisiones y antropologías; por tanto, es razonable, que existan diferentes proyectos educativos que coexistan en un proyecto común de sociedad que ilusione a todos.

Escuchemos a Heráclito. Busquemos la unidad en la diversidad y la complementariedad de los opuestos. Es de sentido común que trabajemos por un “Pacto por la Educación” en el que superemos las diferencias ideológicas y busquemos el bien de los niños. Ese es el camino.

 

 

JAVIER ALONSO

JAVIER ALONSO

Escolapio

Actualmente está destinado a la presencia de Carora (Venezuela) donde ejerce su misión como rector del colegio y párroco. Desde 2015 es el Delegado General para Ministerio escolapio y coordinador de la red de parroquias escolapias.

Unir la alegría y la paciencia

Unir la alegría y la paciencia

“Si unes la alegría a la paciencia, realizarás obras de mucho mérito”                 

San José de Calasanz

San José de Calasanz es un santo admirable en su manera de vivir la paciencia. El papa Pío XII lo llamó ‘el Job de la nueva alianza’, recordando la entereza y paciencia que muestra el personaje del antiguo testamento y comparándolo con el final de vida de nuestro santo. Para Calasanz la paciencia no es aguante ni una capacidad que permite mantenerse firme ante la adversidad, la paciencia es el modo de obrar de Dios con nosotros. Cuando uno se siente bien tratado y experimenta la paciencia de Dios sobre su vida es capaz de vivir la paciencia con los demás. Y esto es posible aprenderlo vitalmente, de manera especial, tratando con niños. Cuando uno descubre en sí mismo las actitudes de un niño y se mira así ante Dios, evidencia esa ternura y saber esperar divino que denominamos paciencia. Si todo un Dios tiene esa condescendencia asombrosa con el ser humano, ¿qué no haremos y viviremos con los demás? San José de Calasanz aplica esto en su escuela y provoca cambios reales en sus estudiantes: tratar a una persona con paciencia es la mejor manera de hablar de Dios sin nombrarlo, y esto se logra con una actitud humilde que se reconoce igualmente tratado por el Padre. Aquí está la fuente de la alegría: para quien ejerce la paciencia, porque ve evidentes frutos; para quien la recibe, porque acaba consiguiendo lo que creía imposible. Unir alegría y paciencia genera obras realmente meritorias. Saberse acompañado alegremente sin ser presionado, empujado ni juzgado es la experiencia más bella del aprendizaje, suscitando una huella imborrable en la memoria y generando dinámicas de crecimiento en la persona. ¿Qué no puede conseguir la paciencia? «Para Dios nada hay imposible» (esa es la paciencia de Dios). Ya escribió san Pedro en su segunda carta: «Considerad que la paciencia de Dios es nuestra salvación.» Y Calasanz lo sabía.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.