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Ein Karem: servicio, alabanza, anuncio y profecía

Ein Karem: servicio, alabanza, anuncio y profecía

El Evangelio de hoy nos regala una de las joyas más preciosas de nuestra fe:  el cántico del Magnificat de María en el contexto de la visita a Isabel.

En él vemos a María encarnar la disposición que cualquier cristiano, y la Iglesia entera, estamos llamados a tener con las hermanas y hermanos y ante la sociedad.

El contexto, la actitud de base, es el servicio solícito y desinteresado ante las necesidades de las personas próximas, o no tanto. María tiene prisa por atender a su prima Isabel, que vive en Ein Karem, en una región montañosa.

En el diálogo que conlleva la actitud de servicio surge naturalmente la alabanza a Dios por su acción salvadora. María reconoce la gracia recibida sin ningún merecimiento y en esa gracia, quien ha sido llamada a ser Madre de Dios, descubre que su misión comienza incluso antes de dar a luz a su Hijo.

María siente la presencia definitiva de Dios en su vida y en su propio cuerpo. Esta experiencia le lleva a proclamar con alegría y gratitud la Buena Noticia que lleva ya en su seno. A través del cántico de María vamos a empezar a conocer al Dios que se revelará definitivamente a través de Jesús y su Espíritu.

En el Magníficat descubrimos que el Dios de María, que es el Dios de Jesús, es el Dios que ensalza a los humildes y los hambrientos, derribando de sus tronos y pedestales a los orgullosos, a los que se creen reyes, a los ricos.

Lejos de las imágenes, en ocasiones interesadas, de María arrebatada a los cielos entre querubines, se nos revela una María profética, que proclama la parcialidad de Dios en favor de las personas pobres y pequeñas.

Quienes seguimos al Dios de Jesús tras los pasos de Calasanz, que nos puso bajo la maternal protección de María, y la Iglesia entera, cada vez que rezamos el Magníficat debemos discernir si seguimos el camino que nos marca nuestra Madre, del servicio, la alabanza, el anuncio y la profecía en favor de las personas podres y pequeñas. Si así es, nos mantendremos cerca del mismo corazón de Dios.

Alberto Cantero

Domingo 15 de Agosto de 2021 | La Asunción

Lucas 1,39-56: El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

ALBERTO CANTERO

ALBERTO CANTERO

Escolapio laico

Casado y padre de tres hijos. Escolapio laico. Licenciado en Antropología social y cultural y en Ciencias Físicas. Coordinador de formación de la Red Itaka-Escolapios y de Itaka-Escolapios Emaús. Miembro del Consejo de la Fraternidad General.

El que cree en mí tiene la vida eterna

El que cree en mí tiene la vida eterna

Se murmura cuando no se está de acuerdo con alguien, cuando nos cerramos a una propuesta o proyecto, cuando vivimos, y queremos seguir así, sin proceso ni puesta en camino, cuando hemos hecho de la fe una estación segura donde no hay lugar para la acogida del Evangelio que siempre nos invita a salir, nos envía.

Murmura el pueblo de Israel ante Moisés, murmuran los fariseos constantemente ante la propuesta de Jesús, murmuran los judíos en el Evangelio de hoy; “¿No es éste, Jesús, el hijo de José? ¿Acaso no conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?

Ante la murmuración Jesús, no retrocede, les explica que la fe es un Don del Padre, Don al que ellos se han cerrado y lanza una afirmación; “El que cree en mí, tiene la vida eterna”. Jn 6,47

Vida eterna no solo como la vida plena y sin límite después de la muerte, sino como vida plena, profunda, vivida en este mundo con rasgos de la eternidad de Dios.

Creer como actitud vital que nos abre a acoger, sin reparos, la propuesta de Jesús, el Reino de Dios.

Creer permitiendo que el Espíritu habite a sus anchas nuestra persona.

Creer y ponerse en camino (Iglesia en salida nos dice Francisco) abiertos a las mociones del Espíritu que suele llevarnos por donde menos pensamos y quizá queremos.

Creer aceptando y dejándonos impregnar del infinito Amor de Dios que es el motor de nuestro actuar y la raíz del amor que a su vez podemos compartir.

Creer siendo testigos de lo que hemos visto, lo que hemos vivido en nuestra persona cuando hemos dejado a Dios trastoque nuestra vida.

Creer como Don de Dios que hemos de pedir con humildad para realizar un progresivo despertar al Dios que nos habita y nos envía a los mismos a quienes Jesús buscó.

Somos llamados a gozar, vivir y compartir rasgos de vida eterna, la vida de Dios, la vida que Jesús nos mostró.

P. Emmanuel Suárez Sch. P.

Domingo 08 de Agosto de 2021 | 19º domingo de tiempo ordinario

Juan 6,41-51: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo

En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían: «No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?» Jesús tomó la palabra y les dijo: «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios.» Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan de vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

EMMANUEL SUÁREZ SERRANO

EMMANUEL SUÁREZ SERRANO

Escolapio

Nacido en Apizaco (México). Actualmente se desempeña como Director de Pastoral en el colegio Carlos Pereyra de Puebla. Es Delegado del Padre General para la Participación y en su provincia es también Asistente Provincial. Recientemente la Congregación General lo ha nombrado coordinador del Equipo Central para la coordinación del Camino Sinodal en las Escuelas Pías.       

El pan de vida

El pan de vida

Después de haber alimentado a la multitud con cinco panes y dos peces, la gente busca a Jesús, seguramente expectantes por presenciar más prodigios. No lo encuentran donde esperaban, sino en la otra orilla del lago. A veces ocurre así: Dios no siempre se hace presente donde creemos o estamos acostumbrados. Hay que continuar buscando, como estos seguidores de la época de Jesús.

Cuando lo encuentran quieren saber de él, pero Jesús no se queda en lo anecdótico, sino que va directo a lo esencial: ¿cuál es el motivo de la búsqueda? Él lo sabe: estas personas quieren más de ese alimento, de ese pan que los ha saciado. Sin embargo, no es eso lo que vale la pena y los orienta a encontrar el sentido de la vida:  “Trabajad no por un sustento que perece, sino por un sustento que dura y da vida eterna: el que os dará este Hombre”.

¿Y cómo se hace eso? Las preguntas continúan, ayer y hoy. Quizás ellos esperaban como respuesta una lista de tareas, unos objetivos que cumplir, para formar parte de ese grupo de trabajadores por el reino de Dios. Sería lo más fácil, desde luego. Pero no. La respuesta de Jesús sorprende, antes y ahora: “La obra de Dios consiste en que creáis en el que él envió”. Es decir, la obra de Dios consiste en tener fe, en creer en Jesús. A partir de ahí empezamos a construir todo lo demás.

El diálogo sigue: le piden señales, como tuvieron sus predecesores. De nuevo el símbolo del pan identificado con Jesús y su envío: “El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo”. ¡Ahora sí! Por fin los discípulos tienen claridad, saben qué quieren: “Señor, danos siempre de ese pan”. Y se cierra el texto con una síntesis perfecta: “Yo soy el pan de vida: el que acude a mí no pasará hambre; el que cree en mí no pasará nunca sed”.

Si lo pienso bien, tras leer este evangelio me surge un agradecimiento desbordante: ¡qué suerte tenemos de poder enriquecernos como seguidores de Jesús con su Palabra, de podernos alimentar de su pan en la eucaristía, en la oración, en el encuentro con los hermanos y hermanas! Ojalá, como los discípulos del evangelio, le pidamos al Señor que nos dé siempre de ese pan, para aumentar nuestra fe. Y que la fe nos lleve a trabajar en las obras de Dios, de manera que seamos nosotros también alimento del que realmente vale la pena para el mundo.

María Muñoz Delhom

 

Domingo 01 de Agosto de 2021 | 18º domingo de tiempo ordinario

Juan 6,24-35: El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará sed

En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?» Jesús contesto: «Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.» Ellos le preguntaron: «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?» Respondió Jesús: «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.» Le replicaron: «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio a comer pan del cielo.»» Jesús les replicó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan.» Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

MARÍA MUÑOZ

MARÍA MUÑOZ

Educadora

Profesora de lengua castellana y valenciano en Secundaria y Directora General del colegio San José de Calasanz de Valencia (España). Casada y madre de dos hijos, pertenece a la Fraternidad de la provincia Betania.

Dio conta sul nostro poco

Dio conta sul nostro poco

La penultima frase del vangelo di oggi dice: «Questi è davvero il profeta, colui che viene nel mondo!» (Gv 6,14). Di quale profeta si tratta? Del profeta Eliseo. Gesù si identifica intenzionalmente con alcune figure dell’Antico Testamento, questa volta con il profeta Eliseo.

La sazietà delle folle di Gesù replica quasi la situazione descritta nella prima lettura (2 Re 4,42-44), dove accadde qualcosa di molto simile. L’unica differenza è chi ha portato il pane lì.

Cosa accadde nella prima metà del IX secolo prima di Cristo al profeta Eliseo? Era durante la carestia, per lungo tempo non c’è stato il raccolto. Gli Israeliti vivevano nella terra di Canaan, dove abitavano anche tribù pagane, i Cananei. Queste tribù adoravano gli dei pagani – i Baal, divinità della fertilità. Il luogo da cui proveniva l’uomo senza nome descritto nella prima lettura si chiama Baal-Salisa, che significa che il dio Baal lì aveva i tre santuari.

Dopo lungo tempo finalmente è arrivata la vendemmia. Pertanto, quest’uomo che prima onorava il dio Baal decise, in segno di gratitudine, di portare le primizie del raccolto, 20 pani d’orzo. Quello che ci sorprende è il fatto che quest’uomo non abbia offerto il suo sacrificio a Baal in uno dei tre santuari della sua città di Baal-Salisa, ma li abbia portati a Eliseo, il profeta del Dio di Israele. L’uomo riconobbe che il vero Dio non era Baal, ma Dio d’Israele.

È una grande confessione di fede di quest’uomo, del quale non si conosce il nome. Così come non si conosce il nome del ragazzo del vangelo di oggi, che ha portato cinque pani d’orzo. Perché non vengono specificati i nomi di questi due? Perché l’obiettivo principale di questi brani biblici non era descrivere un evento storico accaduto a una determinata persona. L’intenzione dell’autore era quella di comunicare al lettore che ogni persona può portare e offrire a Dio il poco che ha, perché Dio lo possa usare e accrescerlo per il bene degli altri.

Ognuno ha qualcosa da offrire, qualche poco da condividere. Alla logica umana, poco significa sempre poco o persino niente. Alla logica di Dio, poco può significare l’inizio non solo dell’abbondanza, ma anche dell’eccedenza (12 canestri di pezzi), tutto ciò accompagnato dell’esperienza della gioia.

Dio conta sul nostro poco; Dio conta sul mio poco.

P. Juraj Gendiar Sch. P.

Domenica 25 luglio 2021 | 17 domenica del Tempo Ordinario

Gv 6, 1-15: lo seguiva una grande folla

In quel tempo, Gesù passò all’altra riva del mare di Galilea, cioè di Tiberiade, e lo seguiva una grande folla, perché vedeva i segni che compiva sugli infermi. Gesù salì sul monte e là si pose a sedere con i suoi discepoli. Era vicina la Pasqua, la festa dei Giudei. Allora Gesù, alzati gli occhi, vide che una grande folla veniva da lui e disse a Filippo: «Dove potremo comprare il pane perché costoro abbiano da mangiare?». Diceva così per metterlo alla prova; egli infatti sapeva quello che stava per compiere. Gli rispose Filippo: «Duecento denari di pane non sono sufficienti neppure perché ognuno possa riceverne un pezzo». Gli disse allora uno dei suoi discepoli, Andrea, fratello di Simon Pietro: «C’è qui un ragazzo che ha cinque pani d’orzo e due pesci; ma che cos’è questo per tanta gente?». Rispose Gesù: «Fateli sedere». C’era molta erba in quel luogo. Si misero dunque a sedere ed erano circa cinquemila uomini. Allora Gesù prese i pani e, dopo aver reso grazie, li diede a quelli che erano seduti, e lo stesso fece dei pesci, quanto ne volevano. E quando furono saziati, disse ai suoi discepoli: «Raccogliete i pezzi avanzati, perché nulla vada perduto». Li raccolsero e riempirono dodici canestri con i pezzi dei cinque pani d’orzo, avanzati a coloro che avevano mangiato. Allora la gente, visto il segno che egli aveva compiuto, diceva: «Questi è davvero il profeta, colui che viene nel mondo!». Ma Gesù, sapendo che venivano a prenderlo per farlo re, si ritirò di nuovo sul monte, lui da solo.

JURAJ GENDIAR

JURAJ GENDIAR

Scolopio

Nato nel 1974, scolopio di Slovacchia dal 1993, attualmente rettore della comunitá di Trenčín, insegnante di religione nel liceo. Dal 2007 presta ai consacrati e ai laici il servizio dell’acompagnamento psico-spirituale e psicoterapeutico.

 

« Prendre du recul en compagnie de Jésus, pour mieux servir »

« Prendre du recul en compagnie de Jésus, pour mieux servir »

Dans l’Évangile de Marc soumis à notre méditation en ce 16e dimanche du temps ordinaire, nous voyons Jésus, le vrai pasteur, qui manifeste une infinie sollicitude pour les foules, mais aussi pour ses premiers collaborateurs, les apôtres.

Après une première mission, les Apôtres reviennent vers Jésus, pour lui rendre compte de ce qu’ils ont fait et voir s’ils ont été fidèles aux recommandations du Maître. On les imagine aussi bien fatigués : parcourir la Galilée à pied, sans argent, sans tunique de rechange, avec un simple bâton et en vivant de la charité et de l’hospitalité des villageois rencontrés, cela n’a pas dû être de tout repos.

Et Jésus leur propose une sorte de retraite : partir à l’écart, dans un endroit désert, pour prendre un temps privilégié de cœur à cœur avec lui pour se replonger au cœur même de ce qui a fait d’eux des Apôtres du Seigneur. Jésus les invite donc à cesser pour quelques temps leurs activités apostoliques, et même à délaisser cette foule qui les presse, pour prendre le temps du ressourcement.

En ce temps de vacances, il est bon d’entendre cette parole de l’Évangile de Marc. Après une mission difficile, les Douze ont besoin d’un repos auprès du Seigneur. Leur attitude est pour nous un enseignement vivant. Ils n’ont pas oublié celui qui est à la source de leur apostolat, le Seigneur Jésus, et ils lui rendent compte de leur activité. Plus profondément encore ils font en présence de Jésus une relecture, un bilan de leur apostolat. Nous vivons dans une époque pressée, une époque anti-contemplative, dans laquelle tout doit aller vite, dans laquelle le temps c’est de l’argent. Cette sagesse des apôtres nous fait souvent défaut. Car nous ne prenons pas le temps de faire le bilan de notre vie, de relire les événements de notre vie à la lumière de la Parole de Dieu. Nous sommes happés par l’immédiat et l’instant présent, par l’urgence du faire, ce qui au fond ne nous rend pas plus efficaces. Ce qui nous paralyse plutôt. Car ce qui paralyse notre activité, c’est le manque d’idéal et de but. En tant que chrétiens nous devons comme les apôtres prendre le temps du recul et de la distance par rapport à nos diverses activités, et relire la manière dont nous vivons notre vocation en présence du Christ. « Venez à l’écart dans un endroit désert, et reposez-vous un peu. »  Comme les apôtres nous avons besoin de nous reposer physiquement, mais aussi psychologiquement et spirituellement. Ce qui implique de notre part une attitude d’abandon filial dans le cœur de Dieu, un lâcher-prise par rapport à nos responsabilités et à nos activités. Non pas par paresse ou démission ou encore fuite, mais bien une nécessaire prise de distance.

Sans temps spécifiques de mise à distance par rapport à notre vie quotidienne, notre foi risque bien de s’asphyxier… Le temps du « désert », du silence, de la retraite, est une cure indispensable pour lui redonner tonus et vitalité. La retraite spirituelle nous permet de respirer le grand air pur de l’Esprit-Saint dans nos vies bien souvent polluées par le stress et l’activisme. Comme quand nous courons, nous avons besoin de respirer fort pour avancer, de même, nous avons besoin de prier, pour tenir bon dans notre vie de foi.

D’ailleurs, on peut dire que, c’est ce temps que nous vivons chaque dimanche. Oui, chers frères et sœurs, notre mise à l’écart chaque dimanche, pour ce temps de rencontre avec notre Dieu, nous est nécessaire pour ne pas devenir des intoxiqués du travail, du rendement à tout prix. Ce temps nous est nécessaire pour être, dans le monde, signe de cet autre monde que Dieu veut construire pour le bonheur de tous. Les foules affamées d’une parole vraie existent encore comme au temps de Jésus ; mais si nous ne faisons plus signe par notre mise à l’écart chaque dimanche, comment ces foules parviendront-elles à Jésus. « Les gens les virent s’éloigner, et beaucoup les reconnurent. Alors, à pied, de toutes les villes, ils coururent là-bas et arrivèrent avant ». Ces quelques hommes, dans leur barque avec Jésus, ont transporté les foules jusqu’au Christ. Comment pourrions-nous faire de même si nous sommes détournés de Christ, si nous ne le portons plus en nous et si nous ne nous laissons plus inviter par lui à le rejoindre, à l’écart, près de celui qu’il appelle son Père et notre Père ?

Si nous mettons l’amour de Dieu au cœur de nos vies, alors, oui, nous vivrons notre vie familiale et professionnelle d’une tout autre manière que celle qui nous est imposée par la vie moderne. Nous mettrons du sens, un but, dans ce cadre bien souvent étouffant qui veut nous rendre esclaves du temps et de l’efficacité.

Alors même si nous ne faisons pas de retraite spirituelle pendant ces vacances, cet Évangile nous redit l’importance de vivre autrement en prenant du recul par rapport à notre vie bien souvent trépidante. Et nous avons pour cela deux moyens essentiels : la prière personnelle et la lecture spirituelle. Sans la prière personnelle, notre participation à la messe risque de devenir une habitude ritualiste.

P. Guy Sibilé Ehemba Sch. P.

Dimanche 18 Juillet 2021 | Temps Ordinaire – 16ème dimanche

Marc 6 : 30-34 : Ils marchaient comme des brebis sans berger

Les Apôtres se réunissent auprès de Jésus, et lui rapportent tout ce qu’ils ont fait et enseigné. Il leur dit: «Venez à l’écart dans un endroit désert, et reposez-vous un peu». De fait, les arrivants et les partants étaient si nombreux qu’on n’avait même pas le temps de manger. Ils partirent donc dans la barque pour un endroit désert, à l’écart. Les gens les virent s’éloigner, et beaucoup les reconnurent. Alors, à pied, de toutes les villes, ils coururent là-bas et arrivèrent avant eux. En débarquant, Jésus vit une grande foule. Il fut saisi de pitié envers eux, parce qu’ils étaient comme des brebis sans berger. Alors, il se mit à les instruire longuement.

GUY SIBILÉ EHEMBA

GUY SIBILÉ EHEMBA

Piariste

Père Piariste de la Province de l’Afrique de l’Ouest. Il est en mission dans la banlieue dakaroise plus précisément à Sam Sam 3. Il est Recteur de la communauté et Directeur Gérant du Complexe Educatif des Ecoles Pies de Thiaroye.

Travelling light

Travelling light

After giving them authority and power, Jesus sent his apostles for missionary activities with specific instructions to take nothing for their journey except a walking stick. With no material goods, the apostles had nothing to offer except spiritual gifts. As a result, they were saved from the trouble of attracting people for the wrong reasons. They needed other people’s kindness and hospitality to survive, which is a sign of weakness in our world’s standard where wealth and prestige are sought after by many. But it is this weakness that stopped them from getting proud and not relying on what they possess. This weakness led them to grow in their trust in God’s providence and experience it. To trust in God and not in worldly possessions is essential for the success of their mission. To realize that the authority and power that Jesus gave them to exercise and speak in his name are connected with humility, love, and self-sacrifice for the service of others. 

 Although the apostles lacked material goods, Jesus made sure that they were in good company by sending them in pairs to have rewarding experiences supporting each other. After all, two is better than one (Ecclesiastes 4:9-12). And we know that Jesus was always with them as he promised that he will be with those two or three who are gathered in his name (Matthew 18:20).

Jesus also made the apostles aware that in their mission, they would experience both acceptance and rejection. He prepared them by teaching them how to deal with rejections. He experienced rejection, such as, he was rejected in his hometown. But this didn’t stop him from continuing his mission. He moved on to other villages. The apostles were also expected to do the same. They were not to blame themselves. They were not to dwell on this painful experience. They were not to waste their time with anger, discouragement, and self-pity. They were to move on. The experience of rejection should not hinder the fulfillment of the mission that Jesus entrusted them. They cannot control how people receive their message. They only have control over the manner they deliver their message. Following the teachings of Jesus, the apostles were successful in their mission, as narrated at the end of the Gospel passage.

Fr. Danilo Vallejos Mutia Sch. P.

Sunday, July 11, 2021 | 15th Sunday in Ordinary Time

Mark 6:7-13: He sent them out.

Jesus summoned the Twelve and began to send them out two by two and gave them authority over unclean spirits. He instructed them to take nothing for the journey but a walking stick— no food, no sack, no money in their belts. They were, however, to wear sandals but not a second tunic. He said to them, “Wherever you enter a house, stay there until you leave. Whatever place does not welcome you or listen to you, leave there and shake the dust off your feet in testimony against them.” So they went off and preached repentance. The Twelve drove out many demons, and they anointed with oil many who were sick and cured them.

DANILO VALLEJOS MUTIA

DANILO VALLEJOS MUTIA

Piarist

Is a Filipino Piarist and a missionary in Japan. He serves as a campus minister of St. Mary’s International School in Tokyo. At present, he is a provincial assistant of Asia Pacific Province.