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Ser testimonio del Amor de Jesús

Ser testimonio del Amor de Jesús

“Dios quiera que entendiesen todos de cuánto mérito es ayudar a la buena educación de los niños, principalmente pobres, que de seguro se emularían para ver quién podría ayudarles más. Y hallarían gran facilidad y consuelo en sus acciones. Porque el amor facilita el trabajo, y más cuando nuestro amor a Dios se refleja en el prójimo” San José de Calasanz (15-5-1638)

Durante el confinamiento de los dos últimos años, recurrí diariamente a Calasanz y sus frases, siempre vigentes, esperanzadoras y oportunas. La frase de Calasanz con que inicio este comentario al evangelio es de hace exactamente 384 años, y no desconoce el mandamiento nuevo: amarnos unos a otros como reflejo del amor a Dios.

Sin embargo, que difícil es amar como Dios manda… de verdad, sin medida, sin distingos, sin barreras, sin elegir a quien sí y a quien no. ¿Será entonces que aprender a amar incondicionalmente, debería ser nuestra primera “tarea”, como fieles discípulos de Jesús?

Porque amar es dar, entregar, respetar, confiar, comprometer, servir, comprender, compadecer, sentir y un listado interminable que recoge todo aquello que hemos hecho, hacemos o haríamos por otros, conocidos, cercanos, amigos, familia, pareja y también por los desconocidos, sin buscar protagonismo o reconocimiento… simplemente porque el sentimiento nace y refleja la existencia de Dios en nosotros y la capacidad de ser fieles a su mandamiento para reconocer en ese otro su presencia viva, en lo sencillo, en lo cotidiano, en la alegría de ser todos uno en comunión.

En este tiempo se escucha muy frecuentemente la expresión “yo amo a mi manera” como justificante a actitudes propias del desinterés y el egoísmo. ¿Acaso Dios nos ama a su manera?

Propongámonos entonces, SER RECONOCIDOS COMO DISCÍPULOS POR AMARNOS UNOS A OTROS, agradecidos por poder cumplir ese nuevo mandamiento, solidarios, generosos y siempre fieles.

Pastora González Colino

Domingo 15 de Mayo de 2022 | 5º Domingo de Pascua

Juan 13, 31-33a. 34-35: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros

​Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará.

Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros.

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»

PASTORA GONZÁLEZ COLINO

PASTORA GONZÁLEZ COLINO

Ingeniera Industrial

Colombiana/Española. Directora Ejecutiva de la Fundación Educativa Calasanz y Coordinadora Provincial ENF y Voluntariado en la Demarcación Nazaret.  Comprometida con la transformación y la justicia social, con entusiasmo y espíritu solidario,

La voix et la main du Berger

La voix et la main du Berger

Beaucoup de choses fragilisent la brebis croyante actuellement : les calamités, l’inflation des prix des besoins de première nécessité, le stress que donne la peur de se réveiller (ou pas) au cœur d’une guerre inédite, et tant d’autres incertitudes défiantes à la foi. Peut-être sommes-nous tenter de dire à Jésus, « jusqu’à quand vas-tu nous tenir en haleine? » Si tu es vraiment vivant manifeste-toi à nous « ouvertement » (Jn 10, 24). C’est dans un contexte idem que Jésus rappelle ses attributs de Bon Pasteur. Deux de ces attributs peuvent nous redonner assurance ce dimanche : la voix et la main du Berger.

Face aux épreuves qui l’acculent, le croyant peut voir son espérance menacée et se retrouver perdu. D’où l’urgence de rechercher, comme une brebis, la voix de Celui qui dit : « Mes brebis écoutent ma voix ». Cela signifie être attentif aux indices de sa présence même au milieu du chaos, redevenir véritables coopérateurs avec la vérité, car sa voix est celle de la vérité. En ces temps de dictature du bruit et du buzz médiatique, il est nécessaire que le chrétien réapprenne à distinguer cette voix du Christ, (Chemin, Vérité et Vie) dans la Parole proclamée dans la liturgie ou lue dans l’intimité, la prière silencieuse, l’interpellation fraternelle, les événements de sa vie.

Pendant que sa voix appelle le troupeau, par sa main le Berger le nourrit et le défend, afin qu’aucune brebis ne périsse.  « Sa main » pourvoit et ouvre continuellement le chemin de vie à celui qui le suit ; car le Berger aime profondément (connait) chacune de ses brebis. « Sa main » tient aussi le bâton pour arracher chacune du danger ; Il en prend personnellement soin pour s’assurer qu’elle reste toujours en vie.

La voix et la main de Dieu, indiquent aux hommes le chemin à suivre, et défendent ceux qui croient en Lui et sont effrayés par l’oppression et la violence des puissants. Alors, suivons-le, jusqu’au bout !

 L’Église est cette voix et main du Berger au milieu du monde. Par ses ministres, pasteurs humains, elle continue de porter l’écho de la voix de Celui qui appelle et interpelle. Prions donc pour que plus d’hommes et femmes se dédient à faire retentir la voix du Berger qui appelle les brebis sur le chemin et sa main qui les nourrit et les défend de toute force oppressive.

 P. Adalbert Fouda Sch. P.

Dimanche 08 mai 2022 | 4e dimanche de Pâques

Jn 10, 27-30 : Je donne la vie éternelle à mes brebis

Mes brebis écoutent ma voix; moi, je les connais, et elles me suivent. Je leur donne la vie éternelle: jamais elles ne périront, personne ne les arrachera de ma main. Mon Père, qui me les a données, est plus grand que tout, et personne ne peut rien arracher de la main du Père. Le Père et moi, nous sommes un.

ADALBERT FOUDA

ADALBERT FOUDA

Piariste

Né à Yaoundé. Religieux et prêtre piariste. Exerce actuellement son ministère à Libreville comme enseignant de mathématiques et religion au Collège Calasanz; et vicaire de la Paroisse. L’enfant c’est ma passion!  

“Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te queremos”

“Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te queremos”

Para acercarnos al evangelio de este domingo vale la pena detenernos en las dos escenas que se nos proponen:

La primera escena nos remite a la experiencia de ver, sentir, presenciar a Jesús Resucitado pero dudar de esa experiencia. Es notable la extrañeza de los discípulos durante todo el relato, en el que saben que es Jesús, pero a la vez sienten la confusión (“Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor” v. 12); es como coloquialmente dicen algunos: “no tenemos pruebas, pero tampoco dudas”. Sin embargo, las pruebas empiezan a surgir ante la primera indicación y su efecto: “Echen la red a la derecha y encontrarán” (v. 6); ante tal sugerencia y convicción en sus palabras, y además del fructífero efecto, es donde surge la expresión de reconocimiento (no solo de visibilidad -eso es lo que más los confunde-, sino de identificación vital): “Es el Señor” (v. 7), expresión que en algunos suscita la alegría del encuentro, pero en otros genera vergüenza, la vergüenza de la desnudez (v. 7).

No hay duda que es al echar las redes cuando donde reconocemos al Señor, es el momento de experimentarlo resucitado, es al echar las redes como podemos encontrarnos con él.

Ahora contemplemos el segundo momento: es la escena que todos nos hubiéramos quedado esperando si en algún momento de la redacción del evangelio no hubiera sido incluido este epílogo y la segunda conclusión; esta es la escena postcréditos que muchos se pierden por afán, pero que nosotros, como buenos aficionados, disfrutamos hasta el final.

Ciertamente hubiera sido muy triste quedarnos con la simple escena de un Pedro que niega, y no haber podido degustar su capacidad de amar (o bueno de querer, que a fin de cuentas sigue siendo una manera de amar).

Vale la pena dejarnos enternecer por un Pedro que vuelve a su “amor primero” y, por lo tanto, a su misión, a su envío, a su seguimiento. Pedro es negación, pero también es capacidad de amar; también tú y yo somos muchas veces somos negación, pero siempre capacidad de  entrega, de amor, de seguir dándola toda, de apacentar los corderos.

Con el evangelio de este segundo domingo de Pascua, disfrutemos de nuestra vocación escolapia (religiosa o laical), una vocación que sigue estando llamada a echar las redes de una manera novedosa, creativa; una vocación, un llamado que se sigue actualizando en medio de las negaciones pero, sobre todo, de nuestra capacidad de decir con fuerza y convicción: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te queremos”, y el Señor simplemente nos mirará tiernamente y nos dirá: “Síganme” (v. 19).

P. Daniel Toro Candamil Sch. P.

 

Domingo 01 de Mayo de 2022 | 3º Domingo de Pascua

Juan 21, 1-19: Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:

Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar.»

Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo.»

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?»

Ellos contestaron: «No.»

Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.»

La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor.»

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.

Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger.»

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice: «Vamos, almorzad.»

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.» Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Él le dice: «Pastorea mis ovejas.» Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.» Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.»

DANIEL TORO CANDAMIL

DANIEL TORO CANDAMIL

Escolapio

Religioso y presbítero escolapio de la Provincia Nazaret. Desempeña su ministerio en el Colegio Calasanz de Pereira, Colombia. Apasionado por el acompañamiento de los niños y jóvenes. Alegre, trabajador y comprometido con los procesos pastorales de la Provincia Nazaret.

El resucitado es el crucificado

El resucitado es el crucificado

El tiempo de Pascua de Resurrección nos lleva a encontrarnos una vez más con el gran misterio de la Resurrección de Jesús, como centro de la fe cristiana. Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (1 Cor 15,14). La visión o imaginación de un Jesús resucitado de entre los muertos, nos lleva con frecuencia a una espiritualización total de lo que sigue siendo Jesús.

En sus apariciones de resucitado, ante este riesgo, tan pernicioso para la vivencia de la fe y la evangelización. Así, lo reafirma con fuerza, mostrando signos tangibles de su realidad humana: él, el Resucitado, es el crucificado. El Misterio de su resurrección de entre los muertos que lo coloca en otro existencial no vacía de realidad encarnada su Misterio de encarnación y nacimiento humano de María, haciéndose uno como nosotros en todo menos en el pecado.

Jesús, al mostrarse a los discípulos, les muestra sus manos con las heridas de su crucifixión, y la herida del costado hecha por la lanzada del soldado romano para dejarlo definitivamente muerto en la cruz. Y al incrédulo Tomás le pide que ponga su dedo en las heridas de las manos y su puño en la herida del costado y así muestra que es el hombre de siempre que conocieron y siguieron antes de morir.

Es fundamental no oscurecer, y menos ocultar, la naturaleza humana del resucitado. En esta tesitura, Jesús les envía de nuevo para reconciliar y sanar. Como garantía para realizar esta labor les infunde el Espíritu Santo soplando sobre ellos. Gesto también bien humano. Les desea repetidamente la paz y finaliza este contacto con ellos anunciando la vida que da la fe, aun sin haberle visto en la tierra como lo vieron ellos.

P. Jesús María Lecea Sch. P.

Pamplona

Domingo 24 de Abril de 2022 | 2º Domingo de Pascua

Juan 20, 19-31: A los ocho días, llegó Jesús

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»

Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

– «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»

Pero él les contesto: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»

Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»

Contestó Tomás: «¡ Señor mío y Dios mío!»

Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

 

JESUS MARIA LECEA

JESUS MARIA LECEA

Escolapio

Entregado a la docencia de la teología y la filosofía en Salamanca, Miami y Madrid. Animador pastoral de niños en la catequesis parroquial y en el Movimiento Junior de Acción Católica. Servicios institucionales a la Orden escolapia y a la vida religiosa de España y Europa. Vive actualmente en Pamplona, Navarra. Su horizonte vital es ser un artesano de la paz de las personas y los pueblos con un corazón apasionado por el mundo, la educación y el Evangelio.

Cuando el amor predispone a la fe

Cuando el amor predispone a la fe

De madrugada, cuando todavía es de noche, María Magdalena va al sepulcro. La oscuridad, por el momento del día en qué sucede la escena, se corresponde con las tinieblas que envuelven su corazón: el Maestro yace sin vida en el seno estéril del sepulcro, víctima de una muerte infame. Pero la estima que la mantuvo al pie de la cruz le lleva, ahora, a velar su cadáver. Es lo único que le queda para mantenerse unida a él. Por eso se desespera cuando se da cuenta que la piedra del sepulcro ha sido removida. Eso solo puede ser signo, piensa ella, de una nueva y cruel fatalidad: se han llevado el cuerpo del Señor. Es absolutamente lógico su pensar y su sentir. ¿Qué otra cosa podría ser, si no? Necesita compartir su pena y pedir ayuda a quienes, como ella, han amado a Jesús. Simón Pedro y el discípulo amado salen corriendo hacia el sepulcro. Por un momento, vencen el miedo que les mantenía alejados. Aquel discípulo que Jesús amaba llega primero, pero respeta la primacía de Pedro. Entran en el sepulcro. ¿Por qué? ¿No era suficiente comprobar, desde fuera, que estaba vacío? Se fijan en detalles: las vendas están llanas y el sudario con el que le habían envuelto la cabeza seguía atado. Para el discípulo amado este estado de las cosas es suficiente para despertar en él una nueva compresión de esos signos, la mirada creyente: ¡Dios no ha abandonado su vida en medio de los muertos! (Cf. Sl 16,10).

María Magdalena queda sola, de nuevo, desconsolada, junto al sepulcro. Se agacha para mirar en el sepulcro y le sorprende una presencia fulgurante que le interpela sobre su pena: Mujer, ¿por qué lloras? Se gira. Alguien pronuncia su nombre. Reconoce su voz (Cf. Jn 10,4).

Dos despertares distintos. Dos nacimientos a la fe en el Resucitado. Algo en común, algo que predispone: el amor por Él.

P. Víctor Filella Muset Sch. P.

Domingo 17 de Abril de 2022 | Domingo de Pascua

Juan 20, 1-9: Él había de resucitar de entre los muertos

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo;
pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

VÍCTOR FILELLA MUSET

VÍCTOR FILELLA MUSET

Escolapi

Escolapi, nascut l’any 1966. Soc de Barcelona. La meva vida escolàpia ha transcorregut sempre a Catalunya, tret de 6 anys a la comunitat de Guanabacoa (Cuba). Actual, visc a la comunitat de Camp de l’Arpa (Barcelona) i treballo a l’Escola Pia de Mataró.

Pascua: Jerusalén, recordar y decírselo

Pascua: Jerusalén, recordar y decírselo

​¿Tiene algún sentido realizar algunos rituales para celebrar el Domingo de Resurrección? ¿Con nuestros rituales que asumimos: Cristo está muerto y simplemente pasamos por los rituales apropiados, ¿o asumimos que está vivo y activo en nuestras vidas?

Suponiendo que creemos que Jesús está vivo, «¿Dónde debemos buscarlo?” A diferencia de otros evangelistas, que escribieron Galilea como el lugar para que Jesús fuera visto después de la resurrección (Mt 28:7 y Mc 16:7); Lucas puso a Jerusalén como el único lugar para que Jesús resucitado apareciera

En la respuesta dada por los dos hombres, se puede ver también en «recordad» (v. 6). Esta palabra también aparece (v.8) cuando las mujeres «recuerdan» sus palabras.

¿Qué significa «recordar«? Parte de esto significa hacer que algunos pensamientos estén presentes. Las palabras o eventos que sucedieron en el pasado se convierten en parte de la vida de uno en el presente.

Con el recordatorio de los «dos hombres» acerca de las palabras que Jesús había dicho en el pasado, esas palabras se convierten en parte de la vida presente de las mujeres. Recuerdan las palabras (rhema) de Jesús. Rhema también es usado por Lucas para referirse a «cosas» (1:37, 65; 2:19, 51). Recuerdan a Jesús.

Mientras que las mujeres recuerdan las palabras de Jesús, los otros discípulos piensan que las palabras de las mujeres son tonterías (v. 11). Son incapaces de recordar las palabras de Jesús.

Recordar es usado por un criminal en la cruz con Jesús, «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a tu reino» (23:42). Creo que el recordar aquí no indica simplemente una actividad mental sino hacerlo presente: como en la respuesta de Jesús. «En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el Paraíso«.

Recordar también se usa en nuestra liturgia, ya que en su Última Cena les dice a sus discípulos: «haced esto en memoria de mí» (22:19). Este «recordar» es más que solo «pensar», sino «volver a presentar» el evento histórico, para que nosotros, en el presente, también seamos participantes.

¿Dónde se debe buscar al vivo? Jesús resucitado aparece en la Palabra y en la Comida. Buscamos al vivo recordando sus palabras y «haciendo esto en recuerdo» de él.

¿Cuáles son, entonces, las evidencias tangibles de la resurrección en nuestra experiencia presente? Los Evangelios basan nuestra fe no en la piedra y los paños de lino, sino en la presencia del Señor resucitado en la experiencia humana. No es la tumba vacía, sino un encuentro personal con el Señor resucitado lo que conduce a la fe.

Sin embargo, nuestros textos de Pascua y nuestras vidas de Pascua no terminan con el recuerdo o incluso las experiencias de volver a presentar al Señor resucitado; sino con decirle a los demás. Las mujeres, después de ser recordadas y recordadas, se lo dicen a los apóstoles (v. 10), a pesar de que los hombres piensan que sus palabras son tonterías. Hay más evidencias en este evangelio que habla del testimonio de la resurrección que lo dijeron a otros. (24:35 & 24:48).

¿Podemos decir que realmente creemos en la resurrección del Señor si no estamos dispuestos a contarle a los demás al respecto?

P. Marcelino Leo Lando Sch. P.

Sábado 16 de Abril de 2022 | Sábado Santo

VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA

Evangelio: Lucas 24, 1-12: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y, entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. Ellas quedaron despavoridas y con las caras mirando al suelo y ellos les dijeron:

«¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado. Recordad cómo os habló estando todavía en Galilea, cuando dijo que el Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar».

Y recordaron sus palabras. Habiendo vuelto del sepulcro, anunciaron todo esto a los Once y a todos los demás.

Eran María la Magdalena, Juana y María, la de Santiago. También las demás, que estaban con ellas, contaban esto mismo a los apóstoles. Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron.

Pedro, sin embargo, se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose, ve solo los lienzos, Y se volvió a su casa, admirándose de lo sucedido.

 

MARCELINO LEO

MARCELINO LEO

Escolapio

Soy un Escolapio de Indonesia, de la Provincia Betania. He pasado mis años de estudios y formación tanto en Filipinas como en España (Madrid). Actualmente, estoy trabajando en Atambua, Indonesia, cuidando la Comunidad y la formación de los novicios indonesios.