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Celebrar a Calasanz

Celebrar a Calasanz

Una de las cosas que más le agradezco a esta pandemia es que me haya recordado la importancia de vivir cada día sin esperar a que llegue el siguiente, por lo que pueda pasar mañana. Por eso este año, a pesar de las dificultades que estamos experimentando en los colegios, no podemos relegar a un segundo plano la fiesta de Calasanz.

El 2020 nos ha puesto a prueba a todos. En los centros educativos nos hemos encontrado con muchas normas y recomendaciones desde el inicio de curso para poner en marcha las actividades ordinarias imprescindibles. En un primer momento y por proteger la salud de todos, hemos renunciado a gran parte de las actividades extraordinarias que completan el desarrollo de un año escolar.

Pero ha llegado noviembre y, con él, el día de San José de Calasanz. Teniendo siempre en el horizonte la prudencia y el sentido común, la inquietud de señalar este día tan especial no ha cejado en su empeño. Menos mal porque, de este modo, hemos logrado lo que tanto necesitábamos los colegios escolapios: una fórmula adaptada para celebrar a Calasanz.

Seguramente los recuerdos sean un buen recurso para los maestros y los alumnos veteranos. También los testimonios de aquellos que pasaron antes por nuestras aulas y que siguen teniendo presente esta fecha tan señalada. Juegos por grupos burbuja, actividades en el aula manteniendo la distancia, vídeos y música… Todo lo que permita cumplir las medidas sanitarias tiene cabida en esta fiesta tan singular. ¡Hasta el tradicional chocolate en la nueva modalidad Covid-19! 

Sin embargo, como ocurre con casi todo en esta vida, lo importante no está afuera, sino adentro. La verdadera celebración reside en algo mucho más sencillo que hacer montajes audiovisuales espectaculares u organizar la ocupación de patios, y es posible llevarla a cabo hasta en tiempos de pandemia: celebrar a Calasanz es vivir con alegría y agradecimiento sinceros su día, por tanto bien recibido, sobre todo en un año tan complicado. Él es maestro de fe, paciencia y humildad para todos los que nos sentimos cercanos a las Escuelas Pías. Nos ha cuidado y nos ha guiado para empezar un curso que creíamos imposible y, llegado su mes, aquí estamos, como él estuvo hace siglos: ¡con las escuelas abiertas y llenas de niños y jóvenes! Nos sobran, pues, los motivos para celebrar, especialmente este año. ¡Feliz día de Calasanz!

 

 

 

 

 

 

 

 

MARÍA MUÑOZ

MARÍA MUÑOZ

Educadora

Profesora de lengua castellana y valenciano en Secundaria y Directora General del colegio San José de Calasanz de Valencia (España). Casada y madre de dos hijos, pertenece a la Fraternidad de la provincia Betania.

Recordar a Calasanz siempre viene a cuento

Recordar a Calasanz siempre viene a cuento

Estamos pasando una pandemia que nos pone a discernir. También estamos como escuela concertada en España pasando unos tiempos de descrédito y pérdida de valoración social, con la aprobación de una ley que deja en entredicho una de nuestras certezas, que colaboramos al bien común y la mejora de la sociedad.  ¡Qué mejores tiempos que estos, y qué mejor semana que esta, para alinear nuestra espiritualidad con la de Calasanz!

La primera pandemia que afrontó Calasanz fue un año antes de la fecha del nacimiento de la escuela popular en 1597. Las inundaciones han dejado el barrio del Trastévere a merced de la enfermedad. Destaca Calasanz, a juicio de los cronistas, junto con Camilo de Lelis, fundador de los Camilos y santo como el nuestro, como voluntario socorrista entre tanto sufrimiento. Calasanz hace de la desgracia ocasión de discernimiento: su sentimiento de pertenencia a una clase noble se deshace ante el grito de los pobres. Su espíritu tiembla ante la necesidad. Sus pretensiones de medrar se acallan y sólo los gritos de aquellas familias hacen ecos en el corazón de José. No tardará en poblar su corazón el sueño de la herramienta que cure tanto dolor, la escuela. Una invitación a discernir la solidaridad.

La segunda epidemia fue la peste italiana, que asoló parte de Italia entre 1629 y 1631 cuando el fundador tenía 72 años y las Escuelas Pías vivían un periodo de expansión. Calasanz no frena la expansión de la red de colegios. Más bien se acelera su crecimiento, pues las peticiones también lo hacen. Muchas escuelas cerrarán por la peste, pero el llamado de Calasanz es a cuidar a los más débiles. Oración, prevención y solidaridad podrían resumir el tono de las cartas de esos difíciles años. Una invitación a trabajarnos la esperanza.

Sobre incomprensiones y enemistades en las esferas de poder, similares a las de la ley Celaá o peores, sabido es que poblaron la vida del santo en sus últimos años. Quizá no se pueda ser santo sin pasar por la fragua del descrédito y el martirio. Calasanz los atraviesa, y aún muere sin haberse aliviado su oprobio.  Durante la prueba, la confianza puesta solo en Dios, y el corazón puesto en los niños. Una invitación a mantener el corazón unido a Dios, y a sentirlo cerca en la figura del niño pobre, serenidad y paz en la tormenta, esperanza inquebrantable.

Hoy muchas escuelas están pasándolo realmente mal. Desde aquí mi aplauso a los que, en medio de incomprensiones y pandemias, aprendan de Calasanz la esperanza, la paciencia tesonera y la caridad admirable de quién sabe que, amando, no se equivoca, aunque lluevan las críticas.  

JUAN CARLOS DE LA RIVA

JUAN CARLOS DE LA RIVA

Escolapio

Soy escolapio en Vitoria, colaborando en la pastoral del colegio y de la parroquia, acompañando al Movimiento Calasanz y a las familias que sienten las Escuelas Pías como su referencia de fe y una ayuda para la evangelización de sus hijos e hijas. Coordino la plataforma de la Revista de Pastoral Juvenil, y en la provincia animo tareas de secretaría y comunicación.