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¿Conocemos realmente a Jesús?

¿Conocemos realmente a Jesús?

Todos hemos experimentado en algún momento que nuestras vidas se caen a pedazos, que nuestro esfuerzo se pierde: la muerte de algún ser querido, el fracaso de algún proyecto, una ruptura relacional, la pérdida de un examen importante, o una catástrofe provocada por un desastre natural, una enfermedad; o simplemente la pérdida del sabor de la vida.

En el Evangelio de este día nos relata algo similar que le pasó a Jesús. Su predicación del Reino y la referencia a que Él es el verdadero pan del cielo y la Palabra de vida, se vuelven intolerables para algunos de sus seguidores, que simplemente optan por dejarlo.

La actitud de Jesús es ejemplar: no se inmuta, porque sabe que el Reino va mucho más allá de estadísticas de éxito o fracaso, Jesús sabe que el Padre está con Él y eso basta. Entonces pregunta a los doce más íntimos si ellos también desean dejarlo. Porque algo que es propio del Reino de Dios es la libertad, pero también la radicalidad, Cristo no se retracta o matiza sus palabras. La propuesta está clara y quien desee irse puede hacerlo.

Pero Pedro ha convivido con Jesús y ha visto mucho más allá, responde diferente al resto de los seguidores. Para él, el maestro es una persona, alguien con quien ha entrado en contacto y le ha cambiado, es más, le ha dado vida y una vida eterna.

La pregunta entonces para nuestra actualidad es esta: ¿conocemos realmente a Jesús? Porque quedarnos con Él implica haber descubierto la mejor parte y la plenitud que nos da, irnos, abandonarlo es señal clarísima de un contacto superficial con Él, quizá un conocimiento de oídas, por terceros, y por prejuicios.

Si Jesús nos resulta de lenguaje duro, insoportable hasta el escándalo, quizá debemos revisar la forma en que nos estamos relacionando con Él, pues las mismas palabras que espantaron a unos, son para los discípulos las únicas en las que se encuentra la vida, las que los hacen permanecer.

Luis Demetrio Castillo Padilla Sch. P.

Domingo 22 de agosto de 2021 | 21º domingo de tiempo ordinario

Juan 6, 60-69: ¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen. «Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.» Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?» Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

LUIS DEMETRIO CASTILLO PADILLA

LUIS DEMETRIO CASTILLO PADILLA

Escolapio

Nací en San José, Costa Rica y crecí en una zona montañosa del país. Actualmente estoy en Caracas donde vivo la misión escolapia y estudio teología.

La exposición social, un síntoma de un deseo profundo

La exposición social, un síntoma de un deseo profundo

Dice Aristóteles que el ser humano desea saber, pero, podemos realizarnos la pregunta de forma diferente: ¿el ser humano desea revelar?

Hoy existe mucha información personal en internet: datos que proporcionamos de forma consiente e inconsciente, ¿qué dicen los primeros de nosotros?

El filósofo Axel Honneth sostiene su teoría política de las “esferas del reconocimiento”. Son tres. En ellas el ser humano procura ser reconocido: en la más amplia se espera obtener la legalidad del Estado; en la segunda, la colaboración de los cercanos; finalmente, la más pequeña, la del amor, abarca a las personas más íntimas.

Podemos comprender así la mayoría de las acciones humanas desarrolladas también en las redes sociales. Se anhela estar dentro de estas esferas, especialmente la más íntima, que implica una acogida total de nuestra identidad.

La escena de Jesús frente a Pilato con la pregunta sobre la verdad nos enseña una gran lección: la verdad no es un “qué”, sino un “quién”. Soy yo mismo como persona. Interpretamos entonces que tanta insistencia en publicar trozos de nuestra vida en las redes, manifiestan un deseo profundo de ser acogidos tal y como somos por los otros, aún bajo el riesgo que esto implica de ser rechazados, burlados, acusados, juzgados… Esto, porque somos propensos al otro.

Lo mismo ocurre con Dios: la Revelación en un sentido simple significa que Él se acerca primero para dejarse ver tal cual es.

Decir la verdad es un desvelamiento de todo lo que uno es en vulnerabilidad junto con la esperanza de no ser atropellados en el intento. Pero tal revelación no puede ser comprendida por todos. Las redes sociales manifiestan el anhelo, pero no lo satisfacen a fondo.

Sólo se conoce lo que se ama y uno no se puede revelar del todo a quien no le ama, la verdad sólo se encuentra segura para andar desnuda, donde se sabe acogida. Esto es “pudor”, un no revelarse a todos, porque para llegar a esto se necesita gran confianza.

La interacción social manifiesta el deseo de ir al encuentro del otro, pero el ansia de la exposición social, es una manifestación de la verdad que no ha encontrado un puerto seguro donde arribar. Construir humanidad significa crear estos espacios.

Luis Demetrio Castillo Padilla Sch. P.

LUIS DEMETRIO CASTILLO PADILLA

LUIS DEMETRIO CASTILLO PADILLA

Escolapio

Nací en San José, Costa Rica y crecí en una zona montañosa del país. Actualmente estoy en Caracas donde vivo la misión escolapia y estudio teología.