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El centro de la Resurrección, la razón de la Resurrección está en el amor. Creer en Jesús Resucitado es vivir en contacto permanente con su presencia constante en mí, en la comunidad, en los otros. Él, el Padre y el Espíritu han hecho morada en mí, e n mi ser, en mi interior; y en cualquier momento puedo entrar en comunión con su Espíritu. En sana teología, el Padre, el Hijo y el Espíritu con una misma realidad y una misma presencia teológica: el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre será quien os enseñe todo y os vaya recordando lo que os he dicho”.

Y ahí radica también la razón teológica del amor; que no es un amor sólo psicológico, generador de sólo sentimientos, sino generador de VIDA. Dar Vida y recibir vida, dejarse recibir vida, que no es fácil ya que con frecuencia son nuestros criterios, planes, razonamientos, los que atendemos como planificadores de nuestro actuar y de nuestro hablar y posicionarnos ante la vida y nuestro actuar. Podemos preguntarnos ante las palabras de Jesús hoy: ¿quién o quiénes me dan vida? Y ¿a quién doy yo vida? ¿qué tipo de vida transmito? ¿cómo la doy y cómo la recibo?

¡Si me amarais os alegraríais de que me vaya… Confundimos tantas veces la posesión con el amor…! “El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él”. La Palabra de Dios hoy nos invita a revisar nuestro modo de vivir y de expresar el amor y a la purificación de nuestro estilo de amar, así como los encuentros de oración, los diálogos interiores conmigo mismo y con Él. Es una invitación al diálogo profundo, en momentos de pocas palabras y construcciones racionales y de muchos silencios ricos para vivir la soledad sonora y el encuentro callado pero enamorado… sólo escuchar y encarnar su presencia.

El fruto de este estilo de encuentro amoroso consigo mismo y con Dios es LA PAZ: “mi paz os dejo, mi paz os doy… que no se turbe vuestro corazón”. El plan del mundo, el tener, la búsqueda del éxito, el poder en las relaciones… nos turban e inquietan, hacen de las áreas de nuestra vida parcelas que atendemos con un afán de búsqueda de nuestros interesas y proyectos que no nos dan serenidad ni paz y hacen de nuestras relaciones mediaciones que nos inquietan y generan distancia y egocentrismo.

Amar a Jesús y su Evangelio es guardar su Palabra, su proyecto de vida, que sabemos y conocemos bien, pero que no acabamos de hacerlo carne de nuestra realidad cotidiana al no concretarlo en proyecto y en líneas de acción.

Previamente Jesús acaba de decirles a sus discípulos: “en esto conocerán los demás que sois de los míos: en que os amáis unos a otros”. Y para amarse unos a otros es necesario el amor a Dios y de Dios: porque el verdadero amor es que yo no te amo con mi, ni desde mi amor sino desde y con el amor de Dios en mí: la calidad del amor entre nosotros está condicionada por la calidad del amor de Dios en mi.

Y el criterio de esta calidad está en “guardar su Palabra”. Guardar su palabra no en la mente, sino en el corazón; para un judío el corazón no era un órgano físico ni psicológico, sino esa parcela interior de la persona donde se escucha, se anida y se deciden los criterios de vida y los planes, líneas de acción decimos hoy, desde los que sentimos, vivimos y actuamos en nuestra existencia.

Esto me hace pensar en nuestro ¨Ministerio escolapio insustituible”, a través del cual educamos o ayudamos a educar el corazón del niño/a que se nos confía en nuestra misión: tiene también su corazón en el que Dios está presente; merece que, como Moisés ante la Zarza ardiendo nos acerquemos con los pies descalzos y nos arrodillemos ante él como lugar sagrado de presencia de Dios. “El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él”.

P. Javier Negro Sch. P.

Domingo 22 de mayo de 2022 | 6º Domingo de Pascua

Juan 14, 23-29: El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.

La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: «Me voy y vuelvo a vuestro lado.» Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.»

JAVIER NEGRO

JAVIER NEGRO

Escolapio

Nacido en Bello (Teruel/Aragón, España) en 1948. Sacerdote escolapio desde 1974. Licenciado en “Teología Práctica” (en Univ. Pontificia de Salamanca) y Profesorado de Educación (Sociales). He ejercido el ministerio escolapio (pastoral escolar, juvenil y familiar, etc…) en las presencias escolapias de Zaragoza, Alcañiz, Madrid, Granada y Logroño. Asistente Provincial de Pastoral 12 años, Provincial de Aragón (10 años), Delegado General de Formación en el sexenio 2007-13 y Provincial de África Central (3 años: 2013-15) más un año (2017-18) como Delegado Provincial en Congo RD (Kinshasa y Kikonka) y actualmente Asistente Provincial en Emaús y Rector en la comunidad religiosa de Logroño y en la vida de los diferentes grupos pastorales de la Presencia escolapia.