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Existen males internos que aquejan al ser humano de forma tan terrible o peor que las enfermedades de percepción física inmediata. Entre las más horrendas está la depresión, pero también están la melancolía, tristeza, aburrimiento, nostalgia, cabanga…

La tradición cristiana acuñó un vocablo para una situación similar, pero en el espíritu. Su nombre es acedia, y en los tiempos hodiernos ha empezado despertar gran interés pues describe lo que muchos viven.

La acedia es extremadamente difícil de entender, pero a grandes rasgos se puede decir que es la pérdida total del deseo, da igual una cosa que la otra, no hay interés, es un anhelo ahogado de ser aunque sea nada, menos aquello que se está sintiendo; es depresión del espíritu, somnolencia del alma, pérdida de fuerzas; da lo mismo vivir que morir, pero no se es capaz de optar por ninguna de las dos, porque no desea ninguna.

Ahora bien, dentro de las posibles causas de este estado, hay una de particular interés. Se llama indefensión aprendida, un término psicológico que describe una situación en la cual una persona nota que sus buenas acciones no obtienen retribución y sus malas tampoco tienen consecuencias negativas, o se dan invariablemente buenos resultados al hacer algo malo y malos al hacer algo bueno.

Cuando esta tendencia se mantiene por cierto tiempo, la persona pierde interés por actuar, porque piensa que no es posible cambiar su futuro con sus acciones, da igual lo que haga, el resultado nunca va a ser el esperado. Parece que siempre los frutos de sus esfuerzos no dependen en absoluto de ella. Se va el interés por actuar y por desear, porque al final nada de eso se concreta en la vida.

Sin embargo, hay dos atisbos de solución. Primero, hacer pequeñas cosas que fortalezcan la conciencia de que se puede controlar algo y se obtiene lo esperado. Segundo, cambiar la visión de Dios.

La frase: “aceptar la voluntad de Dios” no significa resistir pasivamente lo que suceda porque “dios lo manda”, sino que la voluntad de Dios es que nos descubramos loca y definitivamente amados por Él, que le amemos y amemos a los demás. La voluntad de Dios, su querer, es que nos concibamos sus hijos. Vencer la acedia puede empezar por entender que soy amado, que mis deseos sí interesan y son plausibles y que las dificultades no las tengo que soportar pasivamente.

Luis Demetrio Castillo Padilla Sch. P.

LUIS DEMETRIO CASTILLO PADILLA

LUIS DEMETRIO CASTILLO PADILLA

Escolapio

Nacido en San José, Costa Rica. Es estudiante de teología y realiza su misión en la capital de esta nación centroamericana.