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Carta a voluntarios escolapios

Carta a voluntarios escolapios

El 5 de diciembre se conmemora el Día Internacional de los Voluntarios, una fecha que busca resaltar la importante labor que realizan todas aquellas personas que deciden de forma desinteresada servir a los demás para hacer de nuestro mundo un lugar mejor. San José de Calasanz también vivió una intensa experiencia como voluntario entre los más pobres que desembocó en una entrega total a la educación popular. En el día de hoy, el santo escribe una carta a todos los voluntarios que dedican su tiempo a la misión escolapia.

 Carta a voluntarios escolapios

Me alegra mucho recibir noticias de cómo hay muchos jóvenes que abrazan nuestro Instituto a pesar de la dureza del trabajo con los niños. Es un signo de que las Escuelas Pías son una obra de Dios y de gran utilidad a la sociedad.

En su carta me comenta que hay muchachos que salieron de las Escuelas Pías que desean formar una congregación para continuar con su formación y ejercer un apostolado entre los pobres desde su condición de seglares. Me alegra mucho esta noticia porque denota que valoran mucho la educación recibida en la escuela y desean continuarla. Por mi parte no hay problema siempre que trabajen con amor y sean competentes en el servicio que hacen.

La inquietud que muestran estos muchachos me recuerda mucho los primeros años en Roma cuando me dediqué durante años a las obras de misericordia en las diversas cofradías que me apunté.

Cuando comencé a implicarme más en la escuela de Santa Dorotea, trabajé junto a voluntarios muy devotos y serviciales que pertenecían a la Cofradía de la Doctrina Cristiana. Sin su apoyo incondicional, habría sido imposible el nacimiento de las Escuelas Pías.

Las visitas que hice a los barrios de Roma siendo miembro de la cofradía de los Doce Apóstoles me hicieron mucho bien. El encuentro con los ancianos, tullidos y enfermos me recordaba el pasaje evangélico del joven herido al borde del camino y que fue socorrido por el buen samaritano. Es imposible mirar a los ojos de los necesitados y no sentirse interpelado por ellos, son el mismo Jesús que dice desde la cruz: “dame de beber”.

En los mismos hogares que visité había muchos niños, algunos de ellos con signos claros de desnutrición y con mucha ignorancia, tanto de las cuestiones de la fe cristiana como de las ciencias humanas, así que también hacíamos algo de catequesis los domingos en las iglesias.

No recuerdo bien las visitas que hice en total. Había semanas que salía más de tres veces a llevar limosnas que nos daban y, sobre todo, a escuchar los problemas y angustias de la gente sencilla, que son la mayoría.

La cofradía fue una verdadera escuela de vida cristiana. Descubrí la presencia de Dios en los pobres y necesitados, me ayudó a rezar más y mejor, me enseñó a ser más humilde, paciente y generoso con los demás.

Estaba muy orgulloso de ser sacerdote para acompañar a la gente en su camino espiritual, para consolar a los tristes y administrar la gracia de Dios. Estaba convencido de que ya había descubierto mi vocación, pero aparecieron en el camino los niños que terminaron de robarme el corazón para siempre. Descubrí que necesitaban de la presencia diaria de sacerdotes preparados y dispuestos a darles el pan de la piedad y las letras.

Por ello, si hay muchachos con deseos de ayudar, busque el mejor modo de canalizar esta inquietud. Promueva con diligencia la fundación de alguna cofradía o congregación mariana para que los muchachos conozcan la realidad de la gente sencilla y se dediquen a las obras de misericordia, que es cosa muy grata a Dios y de gran utilidad para el progreso de la sociedad.

A los jóvenes deseosos de ayudar a los demás, les pediría lo mismo que deseo a los maestros de las Escuelas Pías: que amen a Dios, adquieran las virtudes de la caridad, la paciencia, humildad y que sean muy competentes y constantes en su compromiso. Que recuerden que, si trabajan por puro amor de Dios e inspiren un grado de amor de Dios en el corazón de los niños, el Señor les dará el ciento por uno, si estuvieren en la gracia de Dios. (EP 3042)

Deseo a los voluntarios que tengan un espíritu grande para ayudar no solo a los con ejemplo y doctrina (EP 4321) y, sobre todo, que recuerden las palabras de Jesús que tanto han resonado en mi corazón: “Lo que hicisteis a uno de estos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40). Comencé dando unas horas a la semana por los pobres y terminé consagrado a ellos como religioso de las Escuelas Pías.

Que Dios bendiga a todos los jóvenes que tienen la inquietud y el deseo de ayudar a los demás. Han elegido un camino hermoso que les enseñará a ser buenos cristianos y ciudadanos activos para la reforma de la sociedad.

 José de Calasanz

 

 

P. Javier Alonso, Sch. P.

JAVIER ALONSO

JAVIER ALONSO

Escolapio

Actualmente está destinado a la presencia de Carora (Venezuela) donde ejerce su misión como rector del colegio y párroco. Desde 2015 es el Delegado General para Ministerio escolapio y coordinador de la red de parroquias escolapias.

Preparar el corazón, la mirada y la vida para la llamada del Señor

Preparar el corazón, la mirada y la vida para la llamada del Señor

El evangelio del este segundo domingo de adviento nos pone por protagonista a Juan, un hombre que proclama su mensaje en donde se conjugan dos sentidos: la llamada a la conversión y a la penitencia; y al tiempo, muestra la plenitud de la vida en Jesús, la alegría y el regocijo de un camino de esperanza y vigor para la humanidad.

Entendamos el evangelio entonces desde tres dinámicas a partir de las palabras de Juan: la primera, el comienzo de su ministerio: el evangelista Lucas nos presenta a Juan muy bien situado en su contexto con el objetivo de sintonizar el ministerio de su predicación en medio de las circunstancias difíciles de la realidad. Juan sabe que las autoridades no permitirán que su mensaje se realice y llegue a los que necesitan escucharlo.

La segunda es la vocación de profeta: Juan descubre su llamada en el Señor, proclamar que Jesús viene y hay que prepararse, preparar el corazón, la mirada y la vida para que no pase desapercibida el salvador de los hombres.

Y la tercera es detectar lo esencial de la misión profética de Juan: el profetismo de Juan no viene de él mismo, sino de la voluntad de Dios, su proclamación profética nace en el desierto y resuena con fuerza para aquellos que tienen sed de vida, que deseen la salvación; pero para ello, es necesario reubicarse, experimentar el perdón de los pecados y escuchar esa voz que clama en el desierto y que tiene alcance universal.

Resuenan en mí unas palabras de Ricardo Calleja, periodista y doctor en Matemáticas, cristiano claro, al referirse a este recreado mito de la caverna de Platón cuando se refiere a los cristianos del mundo de hoy; la oscuridad de la caverna moderna hoy defendida por las ideologías emergentes que exacerban el hedonismo puro y las individualidades rompiendo ese clamor de lo colectivo y del verdadero sentido de la existencia humana; allí, es necesaria una voz como la de Juan que proclame un horizonte nuevo, espiritual y trascendente que nos saque de este mutismo humano y de la superficialidad de lo estético, un fuego abrazador de unas palabras de esperanza, de venida de Cristo que reconfortan el alma, el corazón.

Afirma Ricardo: “les basta la luminosidad de las miradas, el acero templado de las palabras que no se desparraman”, que el evangelio de este domingo nos ayude a discernir para que estas palabras no se desparramen; esta proclamación que invite a la esperanza y a la conversión como aventura de cambio y de irrupción histórica del Señor en nuestras vidas.

 P. Alejandro Vásquez Olivar Sch. P.

Domingo 05 de Diciembre de 2021 | Domingo 2º de Adviento

Lucas 3, 1-6: Todos verán la salvación de Dios

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.»

ALEJANDRO VASQUEZ

ALEJANDRO VASQUEZ

Escolapio