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Las cosas del Padre

Las cosas del Padre

“¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”

La familia es lugar de revelación y realización del Misterio de Salvación. Esto implica que la familia es imagen del Dios Amor y lugar para vivir el Amor de Dios. No es simplemente una institución social para regularizar las relaciones afectivas y la crianza de la prole. La familia, en el plan de Dios, es experiencia profunda de la intimidad de Dios, de la relación trinitaria de amor pleno, y esa experiencia, la cual es conocimiento de Dios, se constituye en fuente de una manera de ser y existir haciendo relaciones de amor pleno. Ese amor pleno es el que transforma la relación conyugal en gozo, y es, ante todo, lo que permite que hijos e hijas no vengan al mundo simplemente para existir, sino para ser lo que tienen que ser, para no ser heridos en el alma (como tantos niños y niñas de familias destrozadas), sino para cumplir y realizar su misión.

Vivir es descubrir la propia vocación y realizarla en plenitud. La vocación no es otra cosa que hacer la obra del Padre, encargarse de sus cosas. El tipo de amor a Dios infantiloide que solemos manejar, pide a Dios que haga lo que se supone Él tiene que hacer, cuando a la luz del Evangelio, es Dios quien nos pide a nosotros que hagamos su obra. La Sagrada Familia de Jesús, José y María es el lugar donde ese niño, ahora adolescente, crece en lo que hay que crecer, en sabiduría, en estatura, y en gracia y ello ante los ojos de los hombres, pero sobre todo, ante los ojos de Dios. Ese crecimiento en lo fundamental es lo que permite un interno y profundo descubrimiento de aquello que Dios anhela y lo que da la fortaleza y resolución para comprometer la vida realizando ese deseo divino. El adolescente Jesús, gracias al amor de esa familia que le ha permitido crecer en lo importante, descubre que las cosas del Padre, esas cosas que tienen que ver con la bondad, la verdad, la belleza y la misericordia, merecen realizarse con urgencia y determinación. Y sin esperar, entrega el final de su niñez y el comienzo de su juventud para recorrer un camino que ha de culminar en la total entrega, pues esa total entrega es, en últimas, la cosa del Padre: el amor hasta el extremo.

P. Juan Jaime Escobar Valencia Sch. P.

Domingo 26 de Diciembre de 2021| La Sagrada Familia

Lucas 2, 41-52: Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.

Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.

Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.

A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»

Él les contesto: «¿Por qué me buscábais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»

Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.

Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.

Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

 

 

JUAN JAIME ESCOBAR

JUAN JAIME ESCOBAR

Escolapio

Colombiano, con cuarenta años de vida religiosa y treinta y tres de sacerdocio. En todos esos años, dedicado a la pastoral juvenil, especialmente al trabajo de Retiros Espirituales y acompañamiento personal. Formador de familia y filósofo de la educación.
“Miran cómo nos ama el Padre”

“Miran cómo nos ama el Padre”

Así lo afirma la lectura de la primera Carta de Juan, y agrega: “Podemos acercarnos a Dios con plena confianza”. Se trata en estos días de Navidad (Octava) de aprender a mirar a contemplar y también por ello poder confiar. En un mundo plagado de desconfianza se nos invita a confiar. Confiar como los niños confían y descansan en los brazos de su madre según el salmo. Así descansa el Niño en los brazos de María en este bendito día de su encarnación.

La confianza nos la brinda un hecho, el hecho de que Dios libérrimamente ha optado por venir a salvarnos enviándonos a su Hijo y lo contemplamos en estos días pequeño e indefenso en las manos de su Madre. Ése es el signo que como los Pastores debemos encontrar. Allí, en los brazos de la Madre, lo podemos contemplar y encontrar cercano, entre nosotros y por nosotros. Vino para tí, por tí y te invita a que lo recibas en tu vida, en tu corazón. 

Entrar en el misterio de ese Pesebre y de ese hogar familiar nos ayuda a vivir la confianza plena en su amor y nos hace reflexionar la capacidad de perseverar en la fe hasta el momento propicio, el Kairós del Señor. Ese tiempo cronológico que tantas veces nos hace zozobrar o desesperarnos cuando no llega lo que anhelamos o lo que entendemos debe ocurrir. 

Dios es fiel, no nos quedan dudas y si miramos a José y a María junto a Jesús somos capaces de aprender cómo vivir la esperanza y la fe, la confianza plena en la obra de Dios que con pequeños y sutiles pasos, esa “suavidad con la que gobierna el mundo” (Const. Cal. 3), dirige nuestra historia.

Esa familia bendecida por Dios con el encargo de hacer crecer en estatura, sabiduría y gracia al Niño Jesús, es modelo y estímulo de cada familia creyente y también de cada Escuela Pía en tantos lugares del mundo. Ellos tienen como centro el designio del Padre, abren sus vidas a la confianza en su Obra Providente. 

Las Escuelas Pías también confían en reconocerse “obra de Dios” (Const. 1) y por eso pueden seguir a su fundador en su santo “atrevimiento” con “tesonera paciencia”. En el Pesebre renovamos los escolapios ser “Pobres de la Madre de Dios”  (Const. Cal. 4) y nos disponemos a seguir siendo “Cooperadores de la Verdad” (Const. Cal. 3) al servicio suyo.  Estamos para el Niño Jesús guiados por la Madre de Dios. 

Pidamos en este Navidad, entonces, la confianza plena en el amor de Dios y renovemos en esta época tan convulsionada nuestro ministerio por amor a los niños, especialmente a los más pobres y pequeños, donde sabemos que está Jesús (Const. Cal. 4). 

P. Sergio Daniel Conci Magris Sch. P.

Sábado 25 de Diciembre de 2021 | Natividad del Señor

Misa del día 

Juan 1,1-18: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

 

En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. [Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.] La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. [Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.»» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.]

SERGIO CONCI

SERGIO CONCI

Escolapio

Escolapio de la Provincia de Argentina, desempeña su misión allí, concretamente en la Ciudad de Córdoba. Exalumno Escolapio entró en la Orden a los 17 años y lleva 25 años como religioso Escolapio.

Es Doctor en Educación y se desempeña como docente y director del nivel medio y también como Asistente del P. Provincial en el área de Ministerio Escolapio.

Alegría en el servicio

Alegría en el servicio

La vida moderna, llena de afanes y prisas, no nos permite siempre detenernos por un instante para observar con calma tanto lo que sucede en nuestro interior, como lo que pasa en la vida de los otros, especialmente de los más necesitados. Nuestro lenguaje cada vez tiende más al individualismo, al egocentrismo. Incluso si nos viéramos en un espejo con el móvil en la mano u observando la pantalla del ordenador, nos daríamos cuenta de que nuestra posición se parece a la de la caparazón del caracol que se va encerrando poco a poco en sí mismo. Gente en los restaurantes que no se habla por estar pegados a sus móviles, padres de familia que no saben cómo criar a sus hijos y les dan una Tablet o un móvil para que no molesten, jóvenes y también adultos absortos en juegos on-line en sus dispositivos que se encierran en sí mismos, personas al volante que ponen sus vidas y las de los demás en riesgo por la prisa de revisar las notificaciones de los mensajes que llegan, música a alto volumen en los audífonos de tantos para no dejar que el “ruido” de fuera los disturbe o distraiga…

Esta radiografía de tantas personas en el mundo de hoy, hace difícil que haya más oportunidades de abrir el corazón con alegría por la venida del Señor que se manifiesta en tantas maneras, circunstancias y personas, pero que perdemos la oportunidad de encontrarlo en ellas por estar absortos en nuestro pequeño mundo pseudo-virtual.

María, en su época, podría haberse llenado de justificaciones como sus quehaceres cotidianos, su propio embarazo, el riesgo de un viaje, la inexperiencia sobre el tema de los partos, etc., para no ir donde su prima Isabel. Sin embargo, como se había manifestado abierta a hacer la voluntad del Padre, también se muestra en el evangelio de este domingo dispuesta a salir de su zona de confort para ir al encuentro de una persona mayor que necesitaba ayuda. Primó para ella el bienestar de los demás sobre el suyo. Lo hizo a prisa, no con pereza. Y esto llevó una gran alegría tanto a Isabel como al niño que estaba en su vientre. La bondad transforma, alegra, pacifica, fortalece y anima a quien la da y a quien la recibe.

Que este último domingo de Adviento, antes de celebrar la Navidad, sea un momento para que todos nosotros reafirmemos nuestro compromiso de seguir en la construcción del Reino de Dios para que Jesús, tomando forma y vida en nuestros corazones y a través de nuestras manos, pueda seguir haciendo el bien a todas las personas que encontremos por el camino, bendiciéndolas y alegrándolas profundamente.

P. Andrés Valencia Henao Sch. P.

Domingo 19 de Diciembre de 2021 | Domingo 4º de Adviento

Lucas 1, 39-45: ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

ANDRES VALENCIA HENAO

ANDRES VALENCIA HENAO

Escolapio. Postulador General

Nacido en Colombia en 1977. Exalumno del Colegio Calasanz de Pereira. Ha trabajado como director de escuela y asistente provincial de la Provincia Nazaret. Se desempeña como encargado de las causas de los santos en la Casa General de San Pantaleo en Roma desde el año 2015. También es el responsable de la Oficina de Comunicación de la Orden.

Sinodalidad como actitud espiritual

Sinodalidad como actitud espiritual

La comunidad eclesial, por iniciativa del Papa Francisco, está ya caminando por un itinerario de participación para conseguir que la Iglesia se configure como una comunidad sinodal, es decir, una comunidad que camina unida por un camino compartido, inspirado en el evangelio. Formular este camino de presente y de futuro será el objetivo del convocado Sínodo de Obispos para el otoño de 2023, a celebrarse en Roma.

Como en todas las cosas que conciernen a una sociedad o comunidad humana, llegar a resultados positivos pasa por una mediación de las personas individuales. Cuando se da una mentalidad, un sentimiento, unas valoraciones que, aun siendo diversas, confluyen en un bien común buscado y requerido, el camino es más llano para conseguir ese bien común y configurar la sociedad misma o la comunidad en ese espíritu del objetivo conseguido.

Incorporar a la propia experiencia vital la sinodalidad y construir un “corazón ensanchado” en expresión bíblica. ¿Qué quiere decir esto? Adoptar posturas, actitudes, comportamientos que llevan a incorporarse a metas comunes con otras personas, dentro o fuera de instituciones. En la Iglesia se trata de abrirse a su pluralidad con un horizonte de unidad o comunión. Decimos con razón que unidad no es uniformidad sino confluencia de aportaciones diversas, donde se acoge y respeta el protagonismo de personas y grupos, tendencias y perspectivas de modo que el diferente no es ni enemigo ni adversario con el que establecer controversia y menos confrontación, sino escucha, esfuerzo por comprender colocándose en la realidad del otro, valoración de cosas del otro, poner al lado de ellas nuestras aportaciones.

Esta actitud puede vivirse como acción del Espíritu en cada uno, Él que es comunión, abogado de unidad que vence la confusión babélica dando paso a la intercomunicación de idiomas y culturas de Pentecostés.

Lógicamente para posibilitar, favorecer y potenciar personas con “corazón ensanchado” supone dar vida a instituciones donde pueda acogerse este protagonismo con una participación activa de las personas involucradas en ellas.

En visión creyente esto es seguimiento evangélico para la Iglesia y construcción de humanidad para la sociedad.

P. Jesús María Lecea Sch. P.

JESUS MARIA LECEA

JESUS MARIA LECEA

Escolapio

Entregado a la docencia de la teología y la filosofía en Salamanca, Miami y Madrid. Animador pastoral de niños en la catequesis parroquial y en el Movimiento Junior de Acción Católica. Servicios institucionales a la Orden escolapia y a la vida religiosa de España y Europa. Vive actualmente en Pamplona, Navarra. Su horizonte vital es ser un artesano de la paz de las personas y los pueblos con un corazón apasionado por el mundo, la educación y el Evangelio.
Buenas sensaciones

Buenas sensaciones

“No tengo buenas sensaciones, pero confío en la Escritura, que consigue iluminar lo que aparentemente no tiene buena pinta”.

La confidencia de un amigo se tornó inspiración para penetrar en la tercera semana de Adviento, de la mano del Domingo de la Alegría que, a través del anuncio del Bautista, revela cómo las situaciones cotidianas se tornan camino practicable que prepara la venida del Señor:

  • En la solidaridad concreta y encarnada de quien comparte aquello que tiene: túnica, comida, capacidades, tiempo… para salir al encuentro del otro y hacer posible la fraternidad renovada y la amistad.
  • Por la trasparencia honesta de quien busca no defraudar, “no exigiendo más de lo establecido” en una medida que, rebasando lo económico, se extiende a las relaciones en el trabajo, en casa, con los más cercanos e íntimos. Viviéndose en el encuentro y creando espacios amplios donde todos se sientan seguros y, sobre todo, libres.
  • Ejerciendo la tarea diaria de un modo competente, que desvanece las sombras de la ineficacia y la falta de profesionalidad. Siendo cada vez más conscientes de que el desempeño de la propia vocación nos ofrece el camino por el que Dios (también en este Adviento) acontece en nuestras existencias y se revela como Señor de la Vida.

La triple diatriba que los distintos grupos presentan a Juan prepara el anuncio solemne de Jesús, cuya llegada es inminente. Gestos cotidianos como desatar la correa de una sandalia, aventar la parva, reunir el grano o quemar la paja (de fuerte sabor escatológico) muestran la potencia simple de quien viene como Fuego a consumir lo antiguo y sus malas sensaciones para dar comienzo a un tiempo nuevo, cuyos precursores son la Bondad y la Alegría.​

P. Ángel Ayala Guijarro Sch. P.

​Domingo 12 de Diciembre de 2021 | Domingo 3º de Adviento

Lucas 3, 10-18: ¿Qué hacemos nosotros?

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «¿Entonces, qué hacemos?»
Él contestó: «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.»
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué hacemos nosotros?»
Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido.»
Unos militares le preguntaron: «¿Qué hacemos nosotros?»
Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.»
El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.»
Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.

ÁNGEL AYALA GUIJARRO

ÁNGEL AYALA GUIJARRO

Escolapio

Madrid (1976). Doctor en Teología por la Universidad Pontificia Comillas (Madrid). Responsable en Roma del departamento de Identidad y Carisma Calasancio.