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Para nadie es un misterio que los grandes medios de comunicación están marcando una agenda cultural muy definida usando del cine, las series de televisión, la publicidad, las redes sociales y las tertulias de opinión, verdaderos púlpitos educativos para una nueva moral pública.

La fiesta de Halloween es uno de esos filones que mueven poderosamente la industria mediática.

Originalmente, es una fiesta de origen celta que se celebraba el 31 de octubre (víspera de todos los santos), día en que se determinaba el final de la época de las cosechas y del cambio de estación. Los celtas creían que esta noche, las fronteras entre el mundo real y el “más allá” se rompían y los difuntos reaparecían para caminar entre los vivos. Por este motivo, se realizaban rituales sagrados que tenían como objetivo la comunicación con “los otros”. Era un día perfecto para hacer memoria de los difuntos.

Los católicos irlandeses exportaron esta tradición celta ya cristianizada a los Estados Unidos donde mutó en una fiesta popular de carácter pagano donde los niños se disfrazan, se pintan calabazas y visitan a los vecinos pidiendo caramelos. La industria audiovisual la aprovechó para promover el cine de terror.

En algunos centros educativos católicos se aprovecha estos días para que los niños se disfracen, adornen calabazas y monten fiestas vestidos de brujas, vampiros y zoombis. Los maestros dicen que esta fiesta es una oportunidad para trabajar la creatividad y el trabajo en equipo. Las redes sociales están llenas de actividades preciosas que se hacen en estos días en nuestras aulas.

Es evidente que el Halloween es otro producto más de la globalización mediática, una fiesta más del calendario secular para activar la economía y entretenerse un poco. Lamentablemente, perdió el sentido profundo de honrar a los muertos que tenía en su origen.

Muchas escuelas celebran su propio Halloween en su versión secular y olvidan que existen dos fiestas muy enraizadas en nuestra cultura cristiana que pueden abordarse con creatividad desde la escuela.

A propósito de la fiesta de todos los santos, se podría presentar a los alumnos personas que, tomando como ejemplo el evangelio de Jesús, han vivido una vida plena sirviendo a los demás y han construido un mundo mejor. A Calasanz le gustaba contar a los alumnos historias de santos, especialmente de santos niños como Justo y Pastor pues estaba convencido que les serviría de inspiración para descubrir su propia vocación.

Deberíamos actualizar los relatos de los santos en un lenguaje más actual y presentar nuevos testimonios de cristianos que permanecen fieles a pesar de las dificultades, personas íntegras, apasionadas por Dios y los pobres. Hay que visibilizar el gran aporte que han hecho los santos a nuestra sociedad y descubrir en ellos un verdadero ejemplo de vida.

Seguidamente, viene la fiesta de los fieles difuntos en la que se recuerda a los que ya no están de modo físico entre nosotros. En algunos lugares todavía se visitan los cementerios, se ponen unas flores en señal de cariño y se ora con la confianza de que nuestros seres queridos gozan ya de la presencia de Dios. Hacer memoria agradecida de nuestros difuntos y rezar por ellos es un precioso gesto que se puede enseñar en la escuela, pues en algunos hogares ya no se hace.

Hay que explicar a los niños que la muerte es algo natural y que un día, Dios nos llamará también a su presencia. Por mucho que queramos ocultarles esta realidad para no “traumatizarlos”, siempre aparece de algún modo y hacen sus preguntas. Así que, ¿por qué no le damos la naturalidad que se merece? En este sentido, el modo cómo se enfoca en México esta fiesta, tiene una gran fuerza educativa. Podemos aprender de ellos.

Es evidente que estamos en un proceso fuerte de secularización de la sociedad y que las fiestas cristianas ya no tienen la relevancia que tuvieron en otra época. Más bien, ahora hay otros días especiales de carácter secular que lo van sustituyendo como Halloween, el día de la mujer trabajadora, de los derechos de niño, del medio ambiente, del trabajo… Bienvenidas las nuevas fiestas si somos capaces de darles profundidad y sentido evangélico, como se ha hecho con todas las fiestas paganas a lo largo de la historia.

Como institución educativa no podemos estar al margen de la sociedad de hoy y debemos estar atentos a los “signos de los tiempos” pero tampoco podemos renunciar a lo mejor de nuestra tradición y que está en el origen de nuestra identidad. Sin duda, la experiencia de la muerte y la memoria de los santos es una tradición que debemos de abordar en nuestro proyecto educativo escolapio.

P. Javier Alonso, Sch. P.

JAVIER ALONSO

JAVIER ALONSO

Escolapio

Actualmente está destinado a la presencia de Carora (Venezuela) donde ejerce su misión como rector del colegio y párroco. Desde 2015 es el Delegado General para Ministerio escolapio y coordinador de la red de parroquias escolapias.