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¿A qué estás dispuesto a renunciar?

¿A qué estás dispuesto a renunciar?

La escena de este domingo, en su crudeza, viene a poner la guinda a estos últimos domingos y a aquel “los últimos serán los primeros” de la pasada semana. El Evangelio de hoy nos llega plano y directo como una bofetada, porque nos pregunta (a ti y a mí) a bocajarro: ¿a qué estás dispuesto a renunciar? La escena del joven rico resulta tan sugerente… el de alguien que lo tiene todo (todas las seguridades…) y sin embargo siente que, aún en su interior, algo le falta. Se siente insatisfecho, busca algo más… ¿Cuántas veces me he sentido yo así? Seguro de mis “seguridades” y aterrorizado ante las incertidumbres de quien te llama a estar a su lado (“Ven y sígueme”, me susurra). No se trata, entiendo, de una riqueza material, pecuniaria, sino de un orgullo construido a golpe de seguridad y certeza, que te encadena y ata.

El gesto del joven rico –como el nuestro– requiere un giro en la mirada, dejar de mirarse el ombligo de uno mismo, para poner “fijos los ojos en Jesús”. Es decir que no se trata de hacer recuento de los méritos y esfuerzos que uno lleva, sino más bien de dejarse habitar que es una forma de “estar” para los otros.

Y en este camino, es cierto que algunas de las riquezas que amasamos en nuestro interior (la dependencia afectiva, o la necesidad de ciertas seguridades…) no nos ayuden a hacer como los discípulos en aquel famoso pasaje a orillas del mar de Galilea, cuando, de pronto, dejaron las redes y le siguieron. Acaso porque lo importante es, en realidad, estar cerca de Jesús.​

Pepe Montalvá Beneyto

Domingo 10 de Octubre de 2021 | 28º domingo de tiempo ordinario

Marcos 10, 17 – 30: Vende lo que tienes y sígueme.

 

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó:

-Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?

Jesús le contestó:

-¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios.

Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.

El replicó:

-Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.

Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo:

-Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres -así tendrás un tesoro en el cielo-, y luego sígueme.

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.

Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:

-¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!

Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió:

-Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el Reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios.

Ellos se espantaron y comentaban:

-Entonces, ¿quién puede salvarse?

Jesús se les quedó mirando y les dijo:

-Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo​.

PEPE MONTALVÁ BENEYTO

PEPE MONTALVÁ BENEYTO

Laico

Fotógrafo fustrado, tipógrafo mediocre, diseñador de tres al cuarto. En labores comunicativas escolapias. Casado, padre de tres hijos. Pertenece a la Fraternidad Escolapia de Betania.