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Dos amores, pero un mismo amor y siempre un amor total

Dos amores, pero un mismo amor y siempre un amor total

Este texto nos desvela detalles del mensaje central del evangelio en la llamada al amor. Esto nos permitirá no desvirtuar la llamada al amor. Dos son las ideas centrales y una conclusión final.

Hay dos formas de amar, pero es el mismo amor. El humano siempre ama humanamente y el humano necesita tocar, aunque la pandemia nos lo ponga difícil. Por eso el amor humano a Dios pasa por el sacramento, para poder tocar. Y el amor entre humanos también toca, como lo hace bien evidente el buen samaritano o Santiago cuando nos reta a probar la fe sin obras.

Pero el amor es el mismo. Amarnos entre nosotros es lo mismo que amar a Dios, pues nuestros hermanos son el regalo de Dios para nosotros. ¿Tendría sentido decir: ¿Dios te quiero mucho pero no quiero tus regalos ni tu plan de salvación? Los hermanos son el regalo de Dios.

Esto es de gran ayuda para nosotros porque como el amor entre humanos es muy fácil de verificar podremos hacer un discernimiento sobre cual es el amor verdadero que le tenemos a Dios. No vaya a ser que en relación con Dios vivamos más en función de lo que desearíamos amar y no tanto de lo que amamos.

Y la segunda idea del evangelio nos ayuda a realizar el discernimiento. Con toda el alma, corazón, espíritu y fuerzas. Es decir, con todos los recursos que nuestra humanidad nos da. Esto no es más que una especificación del “amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Ese “como yo” queda evidenciado cuando Jesús ama con toda su inteligencia, voluntad, afectos, corporalidad y espíritu al decir: “no se haga mi voluntad sino la tuya”. Así el mismo amor que Dios nos tiene lo viviremos entre nosotros.

La conclusión final es muy sencilla: no hace falta calentarse mucho la cabeza. El escriba repite y acierta. Repitamos nosotros y acertaremos.

Domingo 31 de Octubre de 2021 | 31º domingo de tiempo ordinario

Marcos 12, 28b-34: No estás lejos del reino de Dios.

 

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» Respondió Jesús: «-El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» No hay mandamiento mayor que éstos.» El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

JOSÉ VÍCTOR ORÓN SEMPER

JOSÉ VÍCTOR ORÓN SEMPER

Escolapio

Doctor en Educación, Licenciado en Estudios Eclesiásticos  e Ingeniero Superior de Caminos Canales y Puertos. Director del proyecto UpToYou para la renovación de la educación.

Memorial al Cardenal Tonti (VI)

Memorial al Cardenal Tonti (VI)

“Ministerio en verdad muy digno, muy noble, muy meritorio, MUY BENEFICIOSO, MUY ÚTIL, muy necesario, muy enraizado en nuestra naturaleza, muy conforme a razón, muy de agradecer, muy agradable y muy glorioso.” (MCT)

“Muy beneficioso, por ayudar a todos en todo: sin ninguna acepción de personas y, por tanto, suministrando lo necesario y haciendo pedagogos de todos los niños, incluso acompañándolos hasta sus propias casas.

Muy útil, por los numerosos cambios de vida efectuados, como puede comprobarse con frecuencia entre los muchachos, tanto que no se reconocen según eran anteriormente.” (MCT)

Beneficio y utilidad.

En estas dos descripciones de los efectos del ministerio educativo aparece el Calasanz de la escuela. No el pedagogo de oficina, no el funcionario de educación, no el teórico e ilustrado. Aquí firma el santo con el sobrenombre de maestro.

La educación es una actividad casi espiritual como ya henos visto, pero encarnada, profundamente arraigada a la naturaleza humana (como veremos más adelante), y por ello, todo lo humano conlleva implicaciones para la persona, sean del signo que sean; si es positivo hablamos de beneficios y si es negativo de perjuicios. Pero, además, dado que la educación mira al desarrollo de la persona, esto es, tiene un propósito, un horizonte, hemos de constatar su utilidad o no. Esta mirada sobre la educación es tremendamente moderna, pero con una peculiaridad que supera la actualidad: la utilidad no está en los procesos instrumentales (contenidos, saberes, aprendizajes) sino en el logro de la finalidad: transcurso feliz de la vida. Ahí hay que constatar la utilidad o no del ministerio educativo.  Examinémolos por partes, aunque sea brevemente.

La educación ayuda ‘a todos en todo’, y esto lo han sabido descubrir las sociedades modernas haciendo de la escuela el hipermercado de los aprendizajes vitales. Lo que antes se aprendía en casa, o con el grupo de iguales en el barrio o en el pueblo, o en la relación con las generaciones de mayores, o en la iglesia… ahora se vuelca en la escuela. En el siglo XVII, dado que los pobres no tenían esos ámbitos de aprendizaje enumerados, Calasanz vislumbra una escuela como la de hoy, pero con toda seguridad, hoy no la plantearía así, sino que despojaría a la escuela de aprendizajes propios de otros ámbitos empoderando a estos y dejando la escuela para integrar y manejar lo anterior. Ese ‘abandono’ tácito o explícito que se hace de la educación de los hijos (por parte de los padres) y de los ciudadanos (por parte de los estados) han convertido la escuela, con perdón, en el vertedero de todos los saberes, aprendizajes y enseñanzas que se considera debe adquirir una persona, imposibilitando que la escuela desarrolle con calidad y efectividad los dones y talentos intelectuales y emocionales de los estudiantes. Tener que hacer educación vial, nutrición, primeros auxilios, comportamientos democráticos, tratar la igualdad, el buen trato, la higiene personal, el cuidado del cuerpo, la prevención de las dependencias y el maltrato, el respeto a las propias tradiciones, el amor a la patria, la buena utilización de las redes sociales, el uso del tiempo libre y la cantidad de hidratos de carbono que debo consumir diariamente… hacen muy compleja la labor de un maestro que, además, es evaluado no por todo lo anterior, sino por un currículo en el que debe desarrollar su materia y sus enseñanzas concretas.

Calasanz asume todo esto por imposibilidad real, incluso, como él mismo expresa, haciéndose guías de los niños (pedagogos) acompañándolos a sus casas para que no perdieran en la calle lo que habían adquirido en la escuela. Pero hoy tenemos otros medios para despojar a la escuela de tantas adherencias que son propias de otros estamentos y posibilitar en ella procesos que ayuden a hacer crecer en los niños y adolescentes todas sus capacidades. Hoy, además, el beneficio no se da en acompañar a los estudiantes a sus casas sino en acompañarlos personalmente en su trayectoria vital.

Y la utilidad.

¿En qué pensamos cuando hablamos de una educación útil o de la utilidad de la educación? Seguramente nos viene a la cabeza que nuestros alumnos sean útiles a la sociedad, o que puedan estudiar algo útil para ganarse la vida, o quizá que lo aprendido sea útil para el futuro familiar o laboral. Utilidad como gravamen de lo recibido en mi educación, como una tasa que he de pagar en el futuro, como expresa su etimología, la capacidad de ser usado. Y, sin embargo, llega este santo viejo que se hizo maestro cuando llegaba casi a su jubilación (actual) y apunta al centro de la finalidad de la educación: el cambio de vida, la conversión, humana y religiosa. Un buen proceso educativo ‘convierte’ a la persona, la rehace, la reconfigura, sería como un nuevo nacimiento. Para Calasanz el ministerio educativo es como un buen proceso de iniciación cristiana que concluye con la verificación del cambio de vida y la recepción del bautismo. Hacerse hombre, hacerse mujer, hacerse ciudadano, hacerse cristiano. Y llegados aquí es obligada la pregunta: ¿qué cambios significativos de vida descubrimos en nuestros alumnos? En ocasiones, cuando vamos por la vida y nos regala el encuentro con aquel estudiante díscolo e impertinente que cruza la calle para saludarte y con educación y respeto reverente alude a la paciencia que se tuvo con él y nos cuenta el cambio de su vida, nos llenamos de satisfacción y gozo. Eso es utilidad verificada. Pero desgraciadamente, también nos encontramos con corruptos, ladrones, ambiciosos o simplemente aquellos que no supieron ni pudieron cambiar el signo de una vida miserable transmitida, que formaron parte de nuestras aulas y que siguieron nuestros procesos. ‘Cambios de vida’, he ahí un propósito educativo para pegar en nuestras pizarras al comenzar nuestra clase cada día. En educación, para Calasanz, la utilidad es descubrir el secreto de mi vida, para qué he sido creado y tirar adelante con ello, mi propia vocación. Nada más útil que descubrir para qué he sido creado. Eso, me cambia la vida.

P. Carles Such Sch. P.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

¡Maestro, que pueda ver!

¡Maestro, que pueda ver!

El profeta Jeremías nos invita en la primera lectura a alegrarnos por la vida recobrada de aquellos que habían sido olvidados y dejado al margen. Contemplar con alegría el retorno de quienes habían sido desterrados y a quienes se les había arrancado de una vida buena y fecunda. “Ciegos, cojos, preñadas y paridas: una gran multitud retorna”. Todo ello semejante a ver el retorno de nuestros estudiantes a las aulas.

Sin embargo, en el Evangelio, nos topamos con situaciones asumidas y acostumbradas en lo cotidiano. Bartimeo es un pobre hombre por donde le queramos ver, desapropiado y dejado en las orillas del camino, olvidado por la cultura e incluso, reconocido como molesto. Pero nos revela una gran lección.

Desde ese lugar en el que se le ha colocado muestra su deseo de ser sanado, de dejarse transformar la vida por Jesús. Quizás tuvo que luchar contra sus propios miedos, y se refiere a Él con sus propios medios, con lo que sabía hacer: gritar y llamar la atención. ¡De qué otra forma pudo haberlo hecho! ¿De qué manera lo hacen nuestros niños y jóvenes?

El Espíritu le movió a cerrar sus oídos frente a la ceguera de la gente que seguía a Jesús y gritó más alto. ¡Cuánta fe en un hombre cuya vida había estado acostumbrada a estar en la periferia! Y, como cuando se abre el telón, inicia lo central de la escena: Jesús escucha, le ve, no le es indiferente y se alegra con él.

Invita a quienes en otro momento callaron a ese molesto hombre a verle, a escucharle, a llamarle a la mesa de la Vida. Quizás algunos se sorprendieron del gesto, quizás otros no comprendieron, pero el anuncio ha sido dado: ordenar toda nuestra vida desde la mirada compasiva y las entrañas misericordiosas del Padre.

¡Qué emoción tan grande resultó ser tomado en cuenta cuando llevaba toda una vida al margen de todo y de todos! ¡Qué esperanza ser liberado de semejante situación para vivir completo!

Lo que parece sorprendente es la pregunta de Jesús: ¿qué quieres que haga por ti? Él le escucha con atención y con el respeto que siempre nos tiene se pone a su servicio para hacer lo que él le pida. Bartimeo, le expresa su herida más profunda: ¡maestro, que vea! No pidió más, no rogó otros bienes que a los ojos de nuestro mundo son importantes, sólo lo esencial: ¡que vea!.

La mirada de Jesús, indudablemente tierna y amorosa, su sonrisa de quien se regocija por la vida recobrada de un hermano nos invade la escena, nos abre a la alegría provocada por el amor de Dios y la restitución de la vida del hermano que vivía entre sombras.

Jesús, le ha cambiado la vida pues se la ha abierto al amor, al encuentro, a la Verdad. Y en humildad y gratitud decide seguirle.

La fe de Bartimeo nos habla de reconocerse necesitado de Dios para sanar nuestras heridas más profundas pues solos no podemos. Y Jesús nos invita, por un lado, a alegrarnos por una vida que ha cobrado su sentido pleno, y por otro, a contemplar la grandeza del amor de Dios que nos acoge, y que nos invita a reorientar nuestra inteligencia, voluntad y deseo hacia Él, de tal forma que abramos nuestros sentidos y entrañas al grito de quienes se han quedado en el camino, a quienes hemos olvidado o descuidado por estar al pendiente de otras preocupaciones, a quienes relativizamos sus condiciones de vida por no estar en nuestros planes.

¡Alegrémonos por la vida de quienes se recuperan de condiciones de muerte! Dios sigue vivo y actuando cuando escuchamos y salimos al encuentro de quienes por sí mismos no pueden ver su gran amor. Seamos puente de alegría y esperanza para todos aquellos niños y jóvenes que se sienten como Bartimeo, quien desde las sombras grita: ¡Maestro, ten compasión de mí!

Dios con todos.

Jorge Campa Pérez

Domingo 24 de Octubre de 2021 | 30º domingo de tiempo ordinario

Marcos 10, 46-52: Maestro, haz que pueda ver.

 

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.» Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.» Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.» Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.» Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

JORGE CAMPA PÉREZ

JORGE CAMPA PÉREZ

Laico

Mexicano, colaborador de la Universidad Cristóbal Colón y del Centro Social Calasanz Veracruz. Pertenece a la fraternidad de las Escuelas Pías de México.

Comment suis-je au service des autres?

Comment suis-je au service des autres?

« Vous ne savez pas ce que vous demandez » ; « ceux que l’on regarde comme chefs des nations les commandent en maîtres ; les grands leur font sentir leur pouvoir » ; « Parmi vous, il ne doit pas en être ainsi. »

 Le désir de puissance ou de grandeur ne date pas d’aujourd’hui. Il existe déjà avant et pendant le temps de Jésus. Alors que Jésus se préoccupe des tribulations qui l’attendent à Jérusalem, les frères Jacques et Jean se préoccupent plutôt de leur intérêt: le positionnement dans le Royaume dont parle Jésus depuis quelques temps. Il n’est pas question pour eux de se faire devancer par les autres disciples. Ce texte nous montre donc comment nos préoccupations peuvent être souvent très différentes de celles de Dieu.

Bien que l’ambition maladroite des deux disciples soit inquiétante pour Jésus, il ne se décourage pas de leur enseigner le bon chemin. Sa réponse Jésus d’ailleurs clairement que les deux frères ne savent pas ce qu’ils demandent. Ils viennent ainsi de sceller leur sort à travers leur demande: ils boiront à la même coupe que Jésus et recevront le même baptême que Lui. Jacques en sera d’ailleurs le premier quelque temps après la mort de Jésus tandis que Jean subira plutôt un martyr blanc à travers une vie parsemée de tribulations. Une vie guidée uniquement par les pulsions humaines ne peut mener qu’à la perdition. Malgré qu’ils aient abandonné Jean le Précurseur pour suivre Jésus après qu’il ait pointé celui-ci comme le Véritable Agneau de Dieu, les deux frères ne sont pas parvenus à purifier les motivations de leur vocation de disciples. Celle-ci est restée entachée de la quête du pouvoir et du mieux-être.

Percevoir ainsi le royaume de Dieu en termes de pouvoir et de statut renvoi à une vision mondaine des réalités spirituelles des deux disciples. Toutefois, l’indignation des autres disciples montre que ces derniers nourrissaient la même ambition d’être approuvés et récompensés. C’est pourquoi Jésus ne répond pas uniquement aux frères mais en profite pour enseigner tous ses disciples. Il les prévient de ne pas succomber à cette ambition qui frappe à leur porte.

Le leadership chrétien ou la véritable grandeur n’est pourtant pas comme l’autorité humaine, pas plus qu’il n’est fondé sur la puissance et la domination sur les autres. Bien au contraire, l’autorité est authentique lorsqu’elle est exprimée dans le service. Jésus n’est pas venu pour être servi mais pour servir. Et moi alors? Comment suis-je au service des autres? Comment est-ce que je traite ceux qui sont sous mon autorité#: les employés de maison, les collègues de bureau, les confrères et consœurs de communauté, les élèves dans la salle de classe…? En quoi suis-je différent d’un païen? Suis-je généralement égoïste dans mes relations avec Dieu et les autres?

P. Albert Legrand Todjom Mabou Sch. P.

Dimanche 17 octobre 2021 | 29ème dimanche du temps ordinaire

Marc 10, 35-45 : Le Fils de l’homme est venu donner sa vie en rançon pour tous.

 

Jacques et Jean, les fils de Zébédée, s’approchent de Jésus et lui disent: «Maître, nous voudrions que tu exauces notre demande». Il leur dit: «Que voudriez-vous que je fasse pour vous?». Ils lui répondirent: «Accorde-nous de siéger, l’un à ta droite et l’autre à ta gauche, dans ta gloire». Jésus leur dit: «Vous ne savez pas ce que vous demandez. Pouvez-vous boire à la coupe que je vais boire, recevoir le baptême dans lequel je vais être plongé?». Ils lui disaient: «Nous le pouvons». Il répond: «La coupe que je vais boire, vous y boirez; et le baptême dans lequel je vais être plongé, vous le recevrez. Quant à siéger à ma droite ou à ma gauche, il ne m’appartient pas de l’accorder, il y a ceux pour qui ces places sont préparées».

Les dix autres avaient entendu, et ils s’indignaient contre Jacques et Jean. Jésus les appelle et leur dit: «Vous le savez: ceux que l’on regarde comme chefs des nations païennes commandent en maîtres; les grands leur font sentir leur pouvoir. Parmi vous, il ne doit pas en être ainsi. Celui qui veut devenir grand sera votre serviteur. Celui qui veut être le premier sera l’esclave de tous: car le Fils de l’homme n’est pas venu pour être servi, mais pour servir, et donner sa vie en rançon pour la multitude».

ALBERT LEGRAND TODJOM MABOU

ALBERT LEGRAND TODJOM MABOU

Piariste

Prêtre Piariste de la Province d’Afrique Centrale. Ordonné prêtre le 30 décembre 2006. Expert en Management des Projets en Afrique. Chercheur Junior en Sciences Sociales.

¿A qué estás dispuesto a renunciar?

¿A qué estás dispuesto a renunciar?

La escena de este domingo, en su crudeza, viene a poner la guinda a estos últimos domingos y a aquel “los últimos serán los primeros” de la pasada semana. El Evangelio de hoy nos llega plano y directo como una bofetada, porque nos pregunta (a ti y a mí) a bocajarro: ¿a qué estás dispuesto a renunciar? La escena del joven rico resulta tan sugerente… el de alguien que lo tiene todo (todas las seguridades…) y sin embargo siente que, aún en su interior, algo le falta. Se siente insatisfecho, busca algo más… ¿Cuántas veces me he sentido yo así? Seguro de mis “seguridades” y aterrorizado ante las incertidumbres de quien te llama a estar a su lado (“Ven y sígueme”, me susurra). No se trata, entiendo, de una riqueza material, pecuniaria, sino de un orgullo construido a golpe de seguridad y certeza, que te encadena y ata.

El gesto del joven rico –como el nuestro– requiere un giro en la mirada, dejar de mirarse el ombligo de uno mismo, para poner “fijos los ojos en Jesús”. Es decir que no se trata de hacer recuento de los méritos y esfuerzos que uno lleva, sino más bien de dejarse habitar que es una forma de “estar” para los otros.

Y en este camino, es cierto que algunas de las riquezas que amasamos en nuestro interior (la dependencia afectiva, o la necesidad de ciertas seguridades…) no nos ayuden a hacer como los discípulos en aquel famoso pasaje a orillas del mar de Galilea, cuando, de pronto, dejaron las redes y le siguieron. Acaso porque lo importante es, en realidad, estar cerca de Jesús.​

Pepe Montalvá Beneyto

Domingo 10 de Octubre de 2021 | 28º domingo de tiempo ordinario

Marcos 10, 17 – 30: Vende lo que tienes y sígueme.

 

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó:

-Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?

Jesús le contestó:

-¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios.

Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.

El replicó:

-Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.

Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo:

-Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres -así tendrás un tesoro en el cielo-, y luego sígueme.

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.

Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:

-¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!

Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió:

-Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el Reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios.

Ellos se espantaron y comentaban:

-Entonces, ¿quién puede salvarse?

Jesús se les quedó mirando y les dijo:

-Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo​.

PEPE MONTALVÁ BENEYTO

PEPE MONTALVÁ BENEYTO

Laico

Fotógrafo fustrado, tipógrafo mediocre, diseñador de tres al cuarto. En labores comunicativas escolapias. Casado, padre de tres hijos. Pertenece a la Fraternidad Escolapia de Betania.