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“Ya no me siento sola”

“Ya no me siento sola”

Compartir la buena noticia de lo que el Señor ha hecho en mi vida me ha llevado a emprender un camino nuevo, suave y artesanal, en el que el encuentro y la comunión se vayan convirtiendo en necesidad y aliento del Espíritu.

Así, desde hace 4 años, bajo una intuición con personas sensibles a la escucha de la Palabra de Jesús en medio de los niños, surgió la petición de ellas: ¿dónde vives, Maestro? Y comprendí que la invitación del Padre era a acompañar a algunas personas en un proceso de escucha e interiorización. Cada una, con historias de vida distintas y experiencias formativas muy diversas, con una vida de fe popular con matices algo formados, pero todas ellas compartiendo el mayor tesoro: la búsqueda y disposición para dejarse abrazar por Jesús.

Así, a través de la oración y de la meditación de distintas exhortaciones del Papa Francisco, cada una fue creciendo en interioridad, en la necesidad de encontrarse con las otras y ahí, con gran disposición, descubrirse renovadas por la paz y la alegría, signos de la presencia del Espíritu.

El proceso fue al modo de cada una y al mismo tiempo, de la interacción y compartir de los frutos del camino. Sin presiones, sin prisas y casi sin rumbos propios, se fueron dejando conducir por las mociones del Padre en sus corazones. Jesús fue hablando de manera personal con la historia presente y pasada de ellas y sanando las huellas de los fragmentos de vida que dolieron y rompieron con la comunión con los demás, e incluso, consigo mismas.

La oración se fue convirtiendo en el pan necesitado y buscado y el encuentro sincero y voluntario en el modo en el que Dios iba aclarando las dudas y haciéndose presente en lo cotidiano. “Ya no me siento sola”, fue una de las frases que han marcado la experiencia del resucitado en la vida de la comunidad.

Sus frutos han sido muy diversos: atender y cuidar a quienes estuvieron acompañando a sus familiares en enfermedades prolongadas, estar prontos a la escucha cuando algún otro se sentía confundido en sus afectos, favorecer la comunión de bienes para hacer llegar recursos a niños y familias con necesidades básicas, acompañar a niños en su encuentro con Jesús en distintas obras, buscar espacios de formación en identidad cristiana y calasancia…

Cada una, en ese viaje a su interior, fue encontrándose con un Padre que sale a nuestro camino, a cualquier hora del día, y les ha enviado desde Él y no a título personal, a anunciar en medio de los niños, principalmente los más pequeños, el proyecto de vida que nos ha dejado como herencia: nuestra mejor forma de ser.

En este proceso, se han hermanado con mayor profundidad con otros que recorren los caminos de la espiritualidad y carisma escolapio, ya sean laicos y religiosos, en un plano de familiaridad y sintonía. Indudablemente, se han reconocido como parte de la gran comunidad cristiana escolapia, donde cada quien, a su paso y ritmo, va disfrutando de la presencia de Dios en medio de las necesidades y aspiraciones de los pequeños. Y todo para mayor amor al Padre y servicio al prójimo.

Jorge Campa Pérez

JORGE CAMPA PÉREZ

JORGE CAMPA PÉREZ

Laico

Mexicano, colaborador de la Universidad Cristóbal Colón y del Centro Social Calasanz Veracruz. Pertenece a la fraternidad de las Escuelas Pías de México.