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Hemos recorrido cincuenta días desde Pascua hasta Pentecostés. Mediante el relato de los evangelios y de los Hechos de los Apóstoles, nos hemos aproximado a las experiencias de alegría y gozo profundo de los discípulos que retoñan de la resurrección del Señor, pero esto no sin momentos de miedos, dudas y desconciertos.

En este pasaje de Jn 20, 19-23, nos relata el evangelista Juan que, por el miedo a los judíos, los discípulos se encierran en una casa. En este espacio bien cerrado, acomodado y seguro, Jesús aparece en medio de ellos para darles la paz e infundirles el don prometido del Espíritu (Jn 14, 26). Después, los envía al mundo para ser su testigo y el del Padre. No es una tarea cualquiera; es una misión que nace de la alegría profunda de haberse encontrado con el Resucitado y de haber recibido la fuerza especial del Espíritu Santo: “sopló sobre ellos y les dijo: recibid el Espíritu Santo” v. 22.

Como sociedad, como Iglesia, más en concreto, como comunidad cristiana escolapia, ante las realidades tan hostiles, difíciles y dolorosas que estamos atravesando a causa de esta pandemia (sea, por miedo o por indiferencia) a menudo vivimos también esta tentación de encerrarnos y refugiarnos en nuestro pequeño cenáculo, en nuestra pequeña comunidad. Sin embargo, -experimentado también nosotros esta alegría profunda y vida nueva brotada de la resurrección- hoy Cristo nos infunde este precioso don del Espíritu Santo y nos pone en salida misionera como dice el Papa Francisco. Que el Espíritu (Maestro interior como lo llama Calasanz) nos haga ser una comunidad cristiana escolapia verdaderamente evangelizadora que transmite la alegría, esperanza, consuelo y paz a todas las personas que están a nuestro alrededor, sobre todo a los niños y jóvenes que educamos y acompañamos día a día en todas nuestras presencias escolapias.

 

Ven, Espíritu Divino, Ven, Padre amoroso del Pobre,

Ven, fuente de mayor consuelo.

Hazme ser hoy tu amor y tu consuelo a los demás.

 

Ven, divina luz, ven, dulce y brisa reconfortante del alma.

Envíame tu aliento y guíame en el camino cuando me pierdo y cuando me desvío.

Hazme ser hoy tu luz y tu esperanza en medio de esta realidad tan incierta y dolorosa. Amén.

 

Julião de Oliveira Sch. P.

Domingo 23 de Mayo de 2021 | Pentecostés

Juan 20,19-23: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

JULIAO OLIVEIRA DA SILVA

JULIAO OLIVEIRA DA SILVA

Escolapio

Junior escolapio de Timor Leste. Está en el Juniorato de Aluche, de la Provincia Betania. Actualmente colabora con el Movimiento Calasanz en el Colegio de Aluche y en el equipo Provincial de Pastoral Vocacional. Estudia Teología en la Universidad Pontificia Comillas Madrid.