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El evangelio de este domingo (Jn 15, 9-17) es un texto hermoso en el que Jesús nos quiere hacer partícipes de la comunión de la que él goza con su Padre. Sus palabras denotan el amor que tiene hacia nosotros, sus discípulos. A mí, personalmente, me gusta meditar estos versículos contemplando a un amigo (Jesús) que me quiere compartir su “secreto” sobre lo que da sentido y plenitud a la vida. Si permanecemos en su amor y si nos amamos los unos a los otros, descubriremos la alegría plena que es fruto de Dios.

Pero, de todo lo que dice Jesús en este pasaje, me resuena fuertemente la siguiente frase: “Soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca” (Jn 15, 16). Esta frase destaca porque me recuerda que, el llamado que Jesús me ha hecho tiene un para qué, un sentido, un norte, una dirección. Implica un salir al encuentro del otro y compartir el fruto que se ha cosechado como consecuencia de vivir en unión con el Maestro.

Sé que el Señor en el evangelio habla de la vid. Pero quisiera utilizar una imagen que puede resultar más familiar para todos: la de un árbol frutal. El fruto en un árbol es de utilidad para nosotros. Lo consumimos porque nos alimenta, nos fortalece, nos da vida y vigor. En mi país, cuando alguien tiene un árbol que está cargado de frutos, los retira del mismo y regala de su cosecha a cuanta persona se encuentra. De lo contrario, se perdería el fruto. Esto mismo es lo que nos pide Jesús en este evangelio: que regalemos nuestra experiencia del resucitado a todos, pero especialmente, a quienes más lo necesiten. Es un envío que no requiere de grandes planificaciones ni cálculos, simplemente de la gratuidad y generosidad que brota del corazón y de la experiencia del resucitado.

Nuestros niños y jóvenes anhelan una alegría plena. Y el Señor cuenta con nosotros para que vayamos a ellos y les compartamos nuestro “secreto” sobre lo que da sentido y plenitud a nuestra vida: que nos hemos dejado amar por Dios y que nos hace felices entregarnos por el otro, especialmente por cada uno de ellos.

P. Esteban Barrantes Sch. P.

Domingo 09 de Mayo de 2021 | 6º Domingo de Pascua

Juan 15,9-17: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»

ESTEBAN BARRANTES GRANT

ESTEBAN BARRANTES GRANT

Escolapio

Religioso escolapio de la Provincia de Centroamérica y Caribe. Actualmente ejerce su ministerio como maestro de Juniores de primera etapa en el Centro Vocacional Calasancio (San José, Costa Rica).