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Adiós al mar del destierro

Adiós al mar del destierro

Adiós al mar del destierro publicada por la editorial Sílaba en el año 2020 es la más reciente novela de Lucía Donadío en la que resuenan insistentemente las preguntas “¿De dónde era yo? ¿De aquí o de allá? (p. 114).

La novela recoge la historia labrada por varias generaciones de una familia de migrantes cuyos miembros viven, registran, reflexionan, sueñan y se desahogan de los dolores e ilusiones asociadas al desarraigo. En los cuadernos compuestos por Julia Cattaneo asistimos al encuentro de diversas voces que se cruzan, que discuten y dialogan configurando la crónica de lo que representa salir de casa, dejar el territorio, para aventurarse cruzando el océano y establecerse en un pueblo ajeno y distante en el que ni siquiera la lengua se comparte: “Desconocer el idioma es peor que ser huérfano […] es habitar el país de la incertidumbre” (p. 22).

Lucía Donadío con un lenguaje claro, elegante y armonioso, producto de una bien lograda sensibilidad literaria, conduce a los lectores a enfrentar el tema de la migración originada en problemáticas como la pobreza, la falta de horizontes y posibilidades; y que, sin embargo, se constituye también en motor para el desarrollo cultural de las naciones. En Adiós al mar del destierro asistimos los latinoamericanos a la representación de nuestra propia cultura anclada a la vez en el silencio, la soledad y el desarraigo; y en la fecundidad producto del encuentro lingüístico, racial y social generado por las migraciones.

Como en una especie de fractal, esta novela representa el efecto de las migraciones en el macrocosmos de un pueblo, nación o continente, a la luz de las vivencias de varias generaciones de una familia; y a su vez, lo hace a partir de la observación juiciosa del microcosmos implícito en la vida de un sujeto concreto como Bruno Cattaneo y una descendencia que nunca logra resolver el conflicto de quienes deben abandonar sus raíces para construir muy lejos una nueva vida.

ALEJANDRO MESA

ALEJANDRO MESA

Educador

Actual coordinador académico y exalumno del Colegio Calasanz Pereira. Profesor de Literatura. Coautor de libros sobre competencias comunicativas. Miembro del grupo GELE (grupo de estudio en lectura y escritura) de la Universidad Tecnológica de Pereira.

La sainte Trinité : une école interrelationnelle dans l’unité

La sainte Trinité : une école interrelationnelle dans l’unité

Mes chers amis croyants, après la Pentecôte, l’Église célèbre aujourd’hui, la solennité de la Sainte Trinité. D’aucuns voient dans le mystère de la sainte trinité, une complication dogmatique dont l’impact spirituel dans notre vie de croyant est moindre. Pire, d’autres voient dans l’évocation de la Sainte trinité, une combinaison trop sophistiquée des personnes trinitaires qui compliquent notre foi. Non, loin s’en faut !  Dans la foi chrétienne, un mystère n’est pas quelque chose d’obscur ; c’est même tout le contraire.  Le mystère de la Sainte Trinité est une vérité que Dieu nous a fait connaître, mais que nous ne pouvons pas comprendre totalement, parfaitement, parce qu’elle dépasse la capacité de notre intelligence. Et voilà pourquoi Jésus nous avertit dans l’évangile de Jn 16, 12 : « J’aurais encore beaucoup de choses à vous dire, mais pour l’instant, vous n’avez pas la force de les porter ».

Dans la perspective de l’Évangile de Mt 28, 16-20 que nous lisons en ce dimanche dédié à la Sainte Trinité, nous y voyons que le Dieu en qui nous croyons, n’est pas un loup solitaire, il est un Dieu relationnel. Car c’est le Dieu d’amour qui se révèle et se manifeste à nous dans une relation entre le Père, le Fils, relation tellement intense qu’elle constitue elle-même une Personne, et c’est à cette communion du Père, du Fils et de l’Esprit que nous sommes associés par le baptême. Dès lors, la trinité s’inscrit dans notre existence humaine et la transforme foncièrement et positivement.

L’injonction donnée par Jésus à ses Apôtres de Baptiser au Nom du Père, et du Fils et du Sain Esprit, fait de tous les croyants des êtres de relation qui ne peuvent atteindre la plénitude de leur vie, s’ils n’entrent pas dans cette communion trinitaire. Ainsi, nous sommes appelés à participer  à cette Alliance, faisant de nous des prophètes et témoins de la communion que Dieu veut réaliser entre tous les hommes.

 « Par la Sainte Trinité, nous sommes le reflet visible du visage d’un Dieu Relationnel, Communion et Unité. »

P. Samson Ehemba Sch. P.

​Dimanche 30 Mai 2021 | Dimanche de la Trinité

Mt 28, 16-20 : baptisez-les au nom du Père, et du Fils, et du Saint-Esprit

Les onze disciples s’en allèrent en Galilée, à la montagne où Jésus leur avait ordonné de se rendre. Quand ils le virent, ils se prosternèrent, mais certains eurent des doutes. Jésus s’approcha d’eux et leur adressa ces paroles: «Tout pouvoir m’a été donné au ciel et sur la terre. Allez donc! De toutes les nations faites des disciples, baptisez-les au nom du Père, et du Fils, et du Saint-Esprit; et apprenez-leur à garder tous les commandements que je vous ai donnés. Et moi, je suis avec vous tous les jours jusqu’à la fin du monde».

SAMSON EHEMBA

SAMSON EHEMBA

Piariste

Est Originaire du Sénégal, diplômé en travail social, option éducation spécialisée. Il occupe actuellement, la fonction de responsable de Pédagogie au secrétariat des institutions éducatives, sociales et pastorale des Ecoles Pies de l’Afrique de l’Ouest.

Rostros de resurrección. La belleza de un rostro enamorado

Rostros de resurrección. La belleza de un rostro enamorado

Ciertamente, como se suele decir, la cara es el espejo del alma. A lo largo de mi vida, en distintos momentos, me he ido encontrando con algunos personajes en los que el refrán se hace vívida realidad. Son personas de carne y hueso que nos han dejado fotografías, al haber vivido desde finales del siglo XIX, el siglo XX y algunos incluso en el XXI, aunque todos ellos nos han dejado ya.

A unos los he conocido presencialmente, los menos; a otros por sus libros o por los libros de otros. Especial cariño me merece el primero que descubrí, el Hermano Roger de Taizé, del que tuve la suerte de recibir su bendición en alguna ocasión en mi juventud (por primera vez en 1990). El último de ellos, Franz Jalics, jesuita recientemente fallecido al cual tristemente no he podido conocer. Su libro “Ejercicios de contemplación”, es una verdadera maravilla.

En medio, muchos otros, unos ya declarados santos, otros con una santidad que rezuma en su rostro aun sin ser canonizados oficialmente. Unos varones, otras mujeres; unos físicamente agraciados, otros no tanto. Pero todos ellos, inconmensurablemente bellos desde el interior e irradiando belleza por la mirada y la expresión. No sobreactúan, de ellos emana paz, serenidad interior, confianza y esperanza ciertas… Son una gozada. Me produce una cierta envidia, espero que sana, porque en ellos veo el reflejo de lo que dice San Pablo: “Ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí”.

En este sencillo artículo, al menos los recuerdo: Franz Jalics, Hermano Roger, Carlos de Foucauld, Pedro Arrupe, Teresa de Calcuta, Madeleine Delbrel, Teresa de Lisieux, Thomas Merton, Oscar Romero, Simone Weil, Pedro Casaldáliga, Etty Hillesum, Juan XXIII, Helder Cámara, Tony de Mello… Faltarían otros, obviamente, aunque estos han ejercido en mí especial influjo a lo largo de mi historia, algunos por su doctrina, todos por su trasparencia. Invito a observar sus rostros… a dejarnos interpelar por ellos, sus miradas nos abren una ventana al Amor.

Mario Contell

MARIO CONTELL

MARIO CONTELL

Educador

Pegar la hebra

Pegar la hebra

Recuerdo a mi padre pegando numerosas veces la hebra cuando mojaba con saliva la punta de sus dedos antes de afinar las aperturas de las madejas cuyos extremos ataba para formar conos con los que tricotaba prendas de punto. En todas ellas podías encontrar al menos un lugar donde sus manos expertas habían entrelazado dos extremos casi inexistentes. El delicado lugar era distinto y robusto, una extravagancia frágil en la continua urdimbre de lo habitual. En ese lugar estaba mi padre.

Recuerdo a mi madre y a mis tías pegando sin más la hebra. Palabras sobre nosotros, niños, o sobre las cosas del día a día. Remembranzas que se diluían en el tiempo junto a cosas nimias o excelsamente sencillas mientras el café claro se enfriaba o los naipes se extendían sobre el tapete en las tardes inacabables de los domingos de invierno. Llegado el estío, el frescor de las noches mediterráneas escuchaba lo que contaban sin poder volver a su sueño cálido. Nada era ensueño bajo la luz de la trama. Nada se iba, todo se quedaba en la alfombra que pergeñaban rostros de las mujeres de mi familia.

Recuerdo a mis ancestros tejiendo vínculos y realidades mientras pegaban la hebra. No olvido esas imágenes.

He visto el cuadro innumerables veces. He leído sobre él. Entiendo que el artista empleó sabiamente cuanto sabía empapándome con erudición de la literatura experta en la materia. También sé que toda una tradición aterriza con magnificencia en el tratamiento de la temática que el sevillano resuelve en el lienzo. Esto interesa a mi ego curioso, pero no me incumbe.

En la contemplación de una obra artística, de un paisaje, de las escenas cotidianas, del Dios Vivo, me incumbe cuanto conmigo va. Y si en ella hay algo claro lo hay porque yo estoy en ella de alguna forma honda e íntima, últimamente inexplicable. Tenemos hebras en el alma, las que mi padre ponía sobre sobre su hombro y hoy son símbolo. No sé si seguimos tejiendo, pero aseguro sin equivocarme que llevamos pegados colores del pasado que forman parte de la paleta con la que revocamos el arte, sí, y también otras contemplaciones. Ya decía el sabio que lo que no es causalidad es sincronicidad. Cuanto nos incumbe, nos ha provocado algo, como efecto o asociación en el hondón o almario. De no ser así, no existe para nosotros.

Pego la hebra a partir de aquí en el sentido que da al término el DRAE, como alargamiento casual de un tema, quizá tan casual que la cuenta sea larga. Pero me interesa; y, en fin, eso es lo que cuenta. Este lienzo me llena; y de lo que rebosa el corazón, habla la boca, que dice el sabio de Nazaret (Lc 6,45).

Del cuadro me incumbe la provocación o llamada de su escena anterior. La posterior, ese mito religioso antiguo, me sirve de marco no más, aunque los mitos me atraen. Las cinco mujeres tan equilibradamente distribuidas son quienes me cuentan. Todas rodean en un pentágono regular al gato del centro y trabajan juntas en la hilatura cada una a su modo. Una sostiene el huso mientras parla con la que esconde sus manos tras el cortinaje carmesí. Otra tira de la madeja con una mano y sostiene el ovillo en la otra junto a la que hace algo que no vemos. La última sostiene un cardador dirigido a unos hilos aún no existentes. Todas hacen algo y el gato juega con las pelusas que caen de la hilatura. La figura es perfecta, vital y espiritual como su número, y serena en su movimiento perpetuo.

Nos han contado la historia desde los mitos, las leyendas y las heroicidades de algunos. Pero yo recuerdo a los genealógicamente míos, a mis grandes de antaño; y tú a los tuyos. Los relatos del pasado, salvo que nos incumban, son sólo historiografía, ensalmo o embeleco.

Mas Velázquez, en su genialidad psicológica profunda, nos dice algo importante. Intenta que fijemos la mirada en el gesto cotidiano de unas mujeres trabajadoras cuya finalidad última quizá sea proveer el material con el que urdir el tapiz con el que Aracne deslumbre a Palas y acabe por hacer que la diosa sabia la fulmine. Pero, como dice, hay mucho más divino en ese pegar la hebra de dos mujeres que hablan mientras trabajan, en el callar laborando de la otra pareja y en el quehacer sin rostro de la última, que en todo el resultado del tejido. La tela es el Ahora del hilo. No hay divino futuro.

Y en el medio, el gato juega. El gato juega y sigue divinamente jugando.

Nosotros somos hijos e hijas de urdimbres del pasado e hilanderas del porvenir. Pegar la hebra no es importante por el resultado final del tapiz o por si agrada o no a los dioses. Es importante porque se realiza aquí y ahora. Eso lo sabe el gato, sin duda, y creo que también esas mujeres que llenan la escena sin importarles lo que a los poderes les acaezca.

Y en el medio, el gato juega. El gato juega y sigue Dios Mujer jugando.

Saunier Ortiz

SAUNIER ORTIZ

SAUNIER ORTIZ

Educador

Pentecostés: Cristo nos infunde el don del Espíritu Santo y nos pone en salida misionera

Pentecostés: Cristo nos infunde el don del Espíritu Santo y nos pone en salida misionera

Hemos recorrido cincuenta días desde Pascua hasta Pentecostés. Mediante el relato de los evangelios y de los Hechos de los Apóstoles, nos hemos aproximado a las experiencias de alegría y gozo profundo de los discípulos que retoñan de la resurrección del Señor, pero esto no sin momentos de miedos, dudas y desconciertos.

En este pasaje de Jn 20, 19-23, nos relata el evangelista Juan que, por el miedo a los judíos, los discípulos se encierran en una casa. En este espacio bien cerrado, acomodado y seguro, Jesús aparece en medio de ellos para darles la paz e infundirles el don prometido del Espíritu (Jn 14, 26). Después, los envía al mundo para ser su testigo y el del Padre. No es una tarea cualquiera; es una misión que nace de la alegría profunda de haberse encontrado con el Resucitado y de haber recibido la fuerza especial del Espíritu Santo: “sopló sobre ellos y les dijo: recibid el Espíritu Santo” v. 22.

Como sociedad, como Iglesia, más en concreto, como comunidad cristiana escolapia, ante las realidades tan hostiles, difíciles y dolorosas que estamos atravesando a causa de esta pandemia (sea, por miedo o por indiferencia) a menudo vivimos también esta tentación de encerrarnos y refugiarnos en nuestro pequeño cenáculo, en nuestra pequeña comunidad. Sin embargo, -experimentado también nosotros esta alegría profunda y vida nueva brotada de la resurrección- hoy Cristo nos infunde este precioso don del Espíritu Santo y nos pone en salida misionera como dice el Papa Francisco. Que el Espíritu (Maestro interior como lo llama Calasanz) nos haga ser una comunidad cristiana escolapia verdaderamente evangelizadora que transmite la alegría, esperanza, consuelo y paz a todas las personas que están a nuestro alrededor, sobre todo a los niños y jóvenes que educamos y acompañamos día a día en todas nuestras presencias escolapias.

 

Ven, Espíritu Divino, Ven, Padre amoroso del Pobre,

Ven, fuente de mayor consuelo.

Hazme ser hoy tu amor y tu consuelo a los demás.

 

Ven, divina luz, ven, dulce y brisa reconfortante del alma.

Envíame tu aliento y guíame en el camino cuando me pierdo y cuando me desvío.

Hazme ser hoy tu luz y tu esperanza en medio de esta realidad tan incierta y dolorosa. Amén.

 

Julião de Oliveira Sch. P.

Domingo 23 de Mayo de 2021 | Pentecostés

Juan 20,19-23: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

JULIAO OLIVEIRA DA SILVA

JULIAO OLIVEIRA DA SILVA

Escolapio

Junior escolapio de Timor Leste. Está en el Juniorato de Aluche, de la Provincia Betania. Actualmente colabora con el Movimiento Calasanz en el Colegio de Aluche y en el equipo Provincial de Pastoral Vocacional. Estudia Teología en la Universidad Pontificia Comillas Madrid.