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La Resurrección: huellas para ver y creer

La Resurrección: huellas para ver y creer

El sepulcro vacío ha sido un asunto de frecuente diálogo e investigación, muchos se han interesado en analizar el aspecto verídico. La cristología lo considera como el punto de partida histórico para hablar de la resurrección del Señor. Hoy nosotros podremos quedarnos en una postura histórica, basados en datos, en el acontecimiento como tal; o también podremos apoyarnos en la experiencia de la Resurrección como realidad que acontece en nuestros días, como experiencia que hoy celebramos y que nos toca profundamente el corazón.

El evangelio que acompaña la liturgia del primer domingo de Pascua contiene un dinamismo profundo y significativo. Es un ir y venir, está basado en distintos estratos de la mirada: el observar, el mirar, el ver y el contemplar.

María Magdalena, la mujer que va al sepulcro, quizás a llorar la muerte de su Señor, observa, tal vez desde la lejanía, que la piedra ha sido removida, que algo ha sucedido. Su afán la lleva a salir corriendo para contar la noticia; no sabe lo que ha sucedido.

El otro discípulo, el amado, el amigo de Jesús, corre de manera intempestiva. Cuando llega, lo primero que hace es mirar, para ratificar lo que María Magdalena había notado. Espera a que llegue Pedro, a lo mejor para dar juntos el testimonio, o tal vez respetando la primacía petrina; y cuando entra, acontece el centro del evangelio: “Vio y creyó”. Da un salto del mirar, y ahora ve, un ver que lo lleva a recordar (a volver a pasar por el corazón) la Escritura.

Por su parte Pedro, tan solo necesita llegar para contemplar, al principio se asombra, pero su contemplación lo lleva a reconocer el acontecimiento de la Resurrección y llevarlo al corazón, guardarlo como un tesoro.

Así pues, si bien el sepulcro vacío, los lienzos en el suelo, el sudario en su puesto doblado son signos, que para algunos podrían ser noticia de que el cuerpo no ha sido robado (porque ha quedado lo que lo enrollaba); para otros es el maravilloso inicio de una nueva Vida, una vida que se capta no al instante, sino que se experimenta cuando se deja tiempo para ver y para contemplar.

Celebrar la Resurrección del Señor es darnos el tiempo para reconocer las huellas de Vida, huellas sencillas, nada grandilocuentes (un lugar vacío, unas vendas en el suelo, un sudario doblado), huellas que quizás pasarán inadvertidas para algunos, pero para nosotros, desde nuestra fe, será la posibilidad de reconocer la novedad, pues es la fe la que nos permite descubrir que tras lo sencillo está la Vida. Huellas de entrega, huellas de servicio, huellas de testimonio y coherencia, huellas que permiten “ver y creer”.

P. Daniel Toro Candamil Sch. P.

 

Domingo 04 de Abril de 2021 | Domingo de Pascua

Juan 20,1-9: Él había de resucitar de entre los muertos.

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

DANIEL TORO CANDAMIL

DANIEL TORO CANDAMIL

Escolapio

Religioso y presbítero escolapio de la Provincia Nazaret. Desempeña su ministerio en el Colegio Calasanz de Pereira, Colombia. Apasionado por el acompañamiento de los niños y jóvenes. Alegre, trabajador y comprometido con los procesos pastorales de la Provincia Nazaret.

No busquéis entre los muertos al que vive. Reflexión ante el anuncio de la Resurrección

No busquéis entre los muertos al que vive. Reflexión ante el anuncio de la Resurrección

La Vigilia pascual es la celebración culmen del año litúrgico. En ella celebramos en clima de escucha, de oración y júbilo el anuncio del acontecimiento por excelencia de la historia de la salvación que es base y contenido central de nuestra fe en Cristo Jesús. Marcos, en el evangelio de la Vigilia, nos ofrece un texto breve, sencillo y al mismo tiempo asombroso en la historia que relata. Protagonistas son las mujeres. Sabemos sus nombres: María Magdalena, María la de Santiago y Salomé. Las tres protagonizan una hermosa historia de amor apasionado hacia la persona de Jesús. Lo vieron morir, ajusticiado vilmente en cruz, el más humillante de los ajusticiamientos de aquellos tiempos; al ser descolgado de la cruz, ungieron con todo cariño su cuerpo destrozado para llevarlo al sepulcro; lo tuvieron que hacer con prisa porque el tiempo urgía terminar antes de iniciar la pascua de los judíos aquel mismo día.  Se apresuraron para honrar debidamente el cuerpo muerto de Jesús y redimir con sus perfumes y caricias aquel cuerpo ultrajado y despreciado a la vista de todos. Su amor era apasionado, valiente y manifiesto sin miedo a posibles burlas o risitas burlonas: pobrecillas aún lo adoran, a pesar de ser un blasfemo malhechor. Este era el lenguaje del odio, de la venganza, del atropello contra Jesús que les incomodaba por sus denuncias a sus vidas hipócritas, hechas de apariencias, pero corruptas por el poder religioso y político que era lo que más les atraía. Lo otro, la religión practicada, era solo un instrumento para conseguirlo aún sometiendo al pueblo sencillo creyente a cargas leguleyas que ellos no cumplían.

El lenguaje de las mujeres era todo lo contrario, no lenguaje de odió, sino lenguaje de amor. Amor que solo el corazón femenino sabe expresar con tanta ternura y dedicación. Lo que Marcos nos cuenta es, pues, una historia de gran amor. No es posible explicar el amor: solo se vive. Lo vivieron aquellas mujeres a cuyo amor Jesús correspondió con reservarles, las primeras, el anuncio jubiloso de su resurrección.  Amor con amor se paga. Amor que además las convirtió en apóstoles y mensajeras del anuncio: id a decir a sus discípulos y a Pedro que Jesús, vivo ya, les adelanta en el camino hacia Galilea, a recomenzar una historia nueva que superará la que allí también comenzó años atrás. Jesús vive para seguir dándonos vida.

P. Jesús María Lecea Sch. P.

Sábado 3 de abril de 2021 | Vigilia Pascual

Marcos 16,1-7: Jesús Nazareno, el crucificado, ha resucitado

Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?» Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. Él les dijo: «No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron. Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo.»

JESUS MARIA LECEA

JESUS MARIA LECEA

Escolapio

Entregado a la docencia de la teología y la filosofía en Salamanca, Miami y Madrid. Animador pastoral de niños en la catequesis parroquial y en el Movimiento Junior de Acción Católica. Servicios institucionales a la Orden escolapia y a la vida religiosa de España y Europa. Vive actualmente en Pamplona, Navarra. Su horizonte vital es ser un artesano de la paz de las personas y los pueblos con un corazón apasionado por el mundo, la educación y el Evangelio.