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La experiencia de cruz: fuerza en el camino cristiano

La experiencia de cruz: fuerza en el camino cristiano

Una mirada contemplativa, discernida para encontrar sentido de lo que somos y vivimos como cristianos es el planteamiento y la fuerza que nos da la experiencia de la CRUZ.

Es extraño que alguno piense la necesidad de morir para dar la vida, esta paradoja presentada por el evangelio nos recuerda que también sucede en la naturaleza: si una semilla no entra a la oscuridad de la tierra, se rompe y muere, no da la posibilidad de que crezca la planta para convertirse en alimento y vida.

En esta primera parte del evangelio, los gentiles (o griegos) van comprendiendo el anuncio y el sentido de la muerte de Jesús; un maestro que revela la voluntad de su Padre mediante la fe, un camino de fe que se va configurando con los detalles de la narración evangélica: el hombre que se ama a sí mismo se pierde, termina en su dinámica egocéntrica, viviendo un falso amor a los otros, pero incapaz de sacrificarse por nadie.

La vida, como el evangelio, nos muestra caminos llenos de paradojas y contraposiciones a la hora de elegir por dónde ir y cómo hacerlo; sin embargo, el camino que presenta Jesús es claro, un camino que no es carente de valor, por el contrario, la pregunta por el sentido de la existencia es el eje central del evangelista y el valor que nos da Jesús a todo cristiano.

Acomodarse con una mirada superficial y poco comprometida de la vida, o ajustada a lo que hay que hacer para sobrevivir me recuerda unas palabras del filósofo coreano Byung-Chul Han cuando afirma que: en una sociedad cansada y abrumada por el alto crecimiento de la desigualdad, de sectores que no permiten la contemplación de una vida radical y llena de sentido, tiende sólo al salvajismo y a la supervivencia.

Por tanto, la cruz como clave central de la vida del cristiano, presenta el camino de la radicalidad y la entrega, no es un camino a medias o justificado por la fragilidad propia o el pecado de los demás; es muy fácil dejar de vivir como el Padre invita, cuando culpamos a todo lo externo a nosotros y no somos capaces de tomar consciencia de lo maravilloso que es vivir en libertad y plenitud.

Domingo 21 de Marzo de 2021 | Domingo 5º de Cuaresma

Juan 12,20-33: Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto

En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, quisiéramos ver a Jesús.» Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.

Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.» Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.» La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.» Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

ALEJANDRO VASQUEZ

ALEJANDRO VASQUEZ

Escolapio

Rostro-Trastévere

Rostro-Trastévere

Aún entre la gente dejé,
Como Tiber desbordado en continentes
la mirada que mora en el Trastévere del mundo.
En los barrios que en carne se sumergen
aun habitan los niños deshabitados,
la piedad te mira al rostro
la letra aun es hoy, la Palabra primera
y todas las demás.

Aquí donde la primavera encuentra el modo
de hacer del niño estaciones y vida.
La palabra es semilla.

Aún habitan los niños deshabitados de palabra,
Calasanz no vuelve el rostro, sigue…
No lo dejará por nada del mundo.
Nos invita.

¿Cómo te mira Calasanz?

ISABEL GARCÍA DE JUAN

ISABEL GARCÍA DE JUAN

Educadora

Educadora. Profesora de Geografía e Historia y Lengua y Literatura en Secundaria y Bachiller en el colegio Calasanz de Santander. Coordinadora de la Acción Social de Santander. Casada, madre de dos hijas. Pertenece a la Fraternidad Escolapia de Betania.
PEPE MONTALVÁ BENEYTO

PEPE MONTALVÁ BENEYTO

Laico

Fotógrafo fustrado, tipógrafo mediocre, diseñador de tres al cuarto. En labores comunicativas escolapias. Casado, padre de tres hijos. Pertenece a la Fraternidad Escolapia de Betania.
Los nuevos retos educativos de navegar en la virtualidad

Los nuevos retos educativos de navegar en la virtualidad

El último año ha generado en la educación una transformación en temas de acceso a la información, tecnología y nuevos procesos de aprendizajes que eran anhelados desde hace décadas. Cambios que han llegado en muchos casos para quedarse, pero plantean a nivel global cierto retos, entre ellos tenemos: 

Acceso en contextos vulnerables: En lugares de de privación sociocultural, los estudiantes y docentes no cuentan con las condiciones necesarias para lograr el proceso de enseñanza aprendizaje como tener internet, una computadora, un teléfono… así como lo leen, un teléfono, servicio de datos móviles… y pare usted contar. Además, encontramos que elementos esenciales como la alimentación, vivienda, acceso al agua y servicios públicos en general no están a la orden del día, lo cual hacen muy cuesta arriba poder entrar en la educación virtual, agudizando un retroceso en los logros alcanzados a nivel cognitivo, afectación del desarrollo a nivel emocional y un alto porcentaje de deserción escolar.

Cuidado de la interioridad de los docentes expuestos a la tensión de una realidad que demanda una constante adaptación, sumando situaciones personales de duelo y la preocupación por lo económico y espiritual. Es imperativo categórico la atención grupal y personalizada desde la escucha, espacios de oración, encuentros y cultivo del mundo interior para evitar el agotamiento o el quebrantamiento.

Calidad e innovación del proceso educativo y la significatividad del aprendizaje. Evitando caer en el error de creer que novedad/nuevas formas es innovar. Podemos contar con la mejor plataforma para desarrollar nuestras clases, pero tener una calidad mermada y la innovación como la gran ausente. Generar espacios donde se construya la aldea educativa que nos sugiere el Papa Francisco, replantear el perfil de los estudiantes, crecer en identidad y contrastar el aprendizaje con la vida. Pero, sin la persona en el centro y una clara identidad institucional, la educación carece de una antropología que construye a la persona, por tanto de innovación y calidad.

El acompañamiento grupal y diferenciado de los estudiantes en sus necesidades. Planteo algunas preguntas: ¿cómo desarrollamos los procesos de adaptación de los estudiantes de vuelta a las aulas más allá de simples protocolos de bioseguridad? ¿Cuánto tiempo hemos dedicado a escuchar lo que sienten y viven? ¿Son capaces de estar de golpe varias horas sentados en un salón? ¿Cómo logramos acompañar la cohesión de los grupos que se encuentran con una realidad diferente a lo que soñaban con volver al colegio/escuela? No es solo volver, es ayudar en el proceso de adaptación valorando todo el mundo interior de cada uno.

Educar para el servicio, la transformación social y la cultura del encuentro. Aquí he sido arriesgado, hay mucho que decir al respecto, pero solo me permito algunas ideas. Solo lograremos la transformación de la sociedad si generamos espacios de sensibilización/encuentro de nuestras comunidades educativas con los más necesitados; intentando superar la barrera de simple actividades asistencialistas o convertir al que sufre en un cuadro de museo que visitamos, le tomamos fotos, pero no dignificamos. Es un reto de poner nuestras redes, capacidades y recursos en función de los que están en las fronteras.

Una última idea, levantar la mirada en este mar de virtualidad que nos abre a un cambio necesario y humanizado de la educación. Es una oportunidad que requiere inversión económica, formación dirigida a todos los actores que hacen parte del proceso, y una puerta que se abre para adaptar el aprendizaje a un mundo interconectado y vulnerable que requiere mantener a la persona en el centro, evitando dejar de lado a los más pobres buscando espacios de solidaridad y valentía.

 

JOSÉ ALEJANDRO PEÑA

JOSÉ ALEJANDRO PEÑA

Escolapio

La finalidad de la educación. Memorial al Cardenal Tonti (II)

La finalidad de la educación. Memorial al Cardenal Tonti (II)

“Un ministerio insustituible… y acaso el principal para la reforma de las corrompidas costumbres; ministerio que consiste en la buena educación de los muchachos en cuanto que de ella depende todo el resto del buen o mal vivir del hombre futuro.”

Recuerdo cuando leí hace más de treinta años este memorial por primera vez. Algunas de las palabras sonaron a mis jóvenes oídos, arcaicas y anacrónicas. Curiosamente una de ellas era la expresión ‘la reforma de las corrompidas costumbres’, y, sobre todo, por lo de ‘corrompidas’. Tres décadas después y cuatro siglos tras su primera escritura, vuelvo a escuchar a diestro y siniestro a mi alrededor la palabra ‘corrupción’. Como si la historia quisiera hacerle un requiebro al tiempo, y al igual que a Calasanz le removió la conciencia ver a tanto niño y adolescente de la calle dedicados al robo, la extorsión, el pillaje y a saber qué otras ‘lindas’ prácticas corruptas, hoy nos remueve a muchos ver a tantos políticos, jueces, policías, funcionarios… corruptos. Y si lo son de adultos, es posible inferir que no recibieron la educación debida para enderezar esas ‘tendencias torcidas’ (expresión calasancia) que debieron aparecer ya en sus infancias. Sería legítimo preguntarnos, ¿para qué sirvió la educación en estas personas? ¿Fueron educadas para desarrollar el mal (de manera inconsciente ciertamente) o simplemente no les propició ningún cambio interior a lo que despuntaba como germen en ellas? ¿La educación les cambió para mejorar o les consolidó en lo que ya estaba inoculado en ellos?

Quizá, la clave está en la primera palabra de la expresión destacada, reforma. Calasanz apela a una educación que reforma a la persona, no que la instruye únicamente, no que la prepara para la vida adulta solamente, no que la capacita para un trabajo o un estudio superior sin más, no que la dota de una pátina humana y cristiana sin tocar su centro, sino que el proceso que viva el niño en la escuela debe ser el que le permita desarrollarse felizmente como persona. Y nunca la corrupción crea felicidad, ni siquiera al que la ejerce.

Reforma de las corrompidas costumbres, ¿nos atrevemos a enumerar algunas de hoy? El ejercicio del poder político en beneficio propio, la malversación de fondos sociales, la prevaricación en funcionarios públicos en el ámbito de la justicia, el abuso de menores, la violencia doméstica, la violencia de género, el trato discriminatorio por edad, sexo, ideología, nacimiento… Y seguro que a muchos les van viniendo muchas otras ‘corrompidas costumbres’. Y tras enumerarlas miramos siempre hacia afuera, como si este mal fuese un coronavirus selectivo que ataca a algunos (normalmente los que pueden), sin caer en la cuenta que lo que se corrompe es lo que se posee no lo que se adquiere. Ya con razón Jesús en el evangelio avisa sobre esta escapatoria moral de culpabilizar a lo que está afuera: Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. (Mt. 15,19)

El santo viejo descubrió esto mismo en carne de niño callejero. Y quiso proponer un remedio saludable por medio de la educación, sabiendo que, si el niño ‘desde su tierna infancia es imbuido diligentemente en la piedad y las letras, ha de preverse con fundamento un feliz transcurso de toda su vida’, como afirma de nuevo con otras palabras en este memorial. ¿Nuestros procesos educativos actuales propician esta reforma de las corrompidas costumbres? Porque yo lo que veo en muchos de mis alumnos es que desearían emular a los que hoy consiguen fama, prestigio y plata sin importarles la senda ni los medios que los llevaron hasta ahí.

Una buena educación, quizá, la única educación que se precie de llevar este nombre, no es la que mantiene ni la que posibilita la continuidad ni la que prepara para asegurar las estructuras sociales actuales (algunas de ellas corruptas), sino la que reforma, esto es, da nueva forma. La educación actual en el mejor de los casos ‘ahorma’ no ‘reforma’. Hoy sigue actual y vigente este llamado de Calasanz a hacer de la educación el arma más poderosa de transformación social, por ello, como lo saben los que gobiernan, quieren arrostrarse el derecho de manejarla a su antojo, o al servicio de sus ideologías, o al servicio de la ética capitalista-consumista, o peor, al antojo de las costumbres corrompidas. De repente, hemos revertido la finalidad de la educación haciendo de ella un instrumento de poder al servicio del poder establecido. Y ahí surgen todos los problemas de los sistemas educativos de nuestras sociedades.

Hoy evidenciamos que nuestras sociedades necesitan ciudadanos acríticos, dóciles y amaestrados, por eso se elaboran con precisión programas educativos donde las humanidades (filosofía, ética, historia, educación religiosa, música y artes en general) tengan una presencia residual o simplemente, no aparezcan. Al estar centrada en la producción y el trabajo, elaboran currículos tecnológicos y pragmáticos llenándolos de materias instrumentales inoculando una brutal competitividad utilitarista entre los estudiantes. Y aquí que cada cual analice su currículo nacional y su ley educativa y descubrirá sin mucho esfuerzo qué sociedad desean los que nos gobiernan.

Ante este panorama, identificar y clarificar la finalidad de la educación que impartimos es fundamental. El horizonte y la orientación de la educación es clave para educar. En Calasanz está claro: la felicidad o, dicho de otra manera, el ‘buen vivir’ del hombre futuro (y no el ‘bien-estar’).

Visto lo anterior, el debate y la reflexión de los Estados debería centrarse en qué piensan y creen que hace feliz a una persona para poder establecer el proceso educativo que le ayude a vivirlo. Seguro que llegan a conclusiones muy interesantes y sin buscarlo, consensuarían una realidad que daría un gran impulso al país y un futuro prometedor a sus ciudadanos. Si queremos llegar a un Pacto, hemos de saber mirar juntos un horizonte compartido. Y seguramente, lo esencial, lo podemos consensuar: una buena educación de los muchachos en cuanto que de ella depende todo el resto del buen o mal vivir del hombre futuro.

Continuará…

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

La Croce: il segno sul cammino della Quaresima

La Croce: il segno sul cammino della Quaresima

Altra tappa domenicale della Quaresima: la quarta. Si tratta di un itinerario a dir vero di un cammino e non di quelli pensati soltanto che ci fanno ritornare al vissuto quotidiano e feriale rasserenati perché il cammino quaresimale l’abbiamo pensato. Congiunto ad esso una segnaletica per non disperderci perché il cammino implica arrivo, traguardo, meta. Almeno la vista di frecce indicative ci tranquillizza. Questa domenica sembra di essere anche arrivati ad un buon punto del cammino. E’ chiamata la domenica del Laetare. Si tratta di una giusta esultanza perché il traguardo è vicino cioè la Pasqua di cui la Quaresima è preparazione.

La tipologia del cammino nell’uomo è variegata: pensiamo a quello del tempo che avanza, a quello virtuale, a quello di lavoro, a quello di relazioni, a quello vizioso e tantissimi altri. Quanta segnaletica abbiamo imparato e dobbiamo ancora imparare perché questi cammini variopinti: fisici, interiori, raggiungano il loro scopo che significa passare da un punto di partenza e raggiungere un punto d’arrivo per arrivare al quale siamo stati o dovremmo essere attenti a tante cose. Abbiamo anche imparato a fare un cammino stando fermi e fermando quasi tutto. Pensiamo alla pandemia tuttora in corso e il cammino che stiamo facendo per superarla; quanta attenzione prestata alle indicazioni per passare da uno stato di pericolosa contagiosità alla immunità. Questo passare da un punto all’altro attraverso un cammino lo potremmo chiamare con un termine ebraico, liturgico pesha (pasqua) la pasqua è proprio un cammino perché implica un passaggio. Come lo fu per l’antico popolo dell’alleanza: dalla schiavitù dell’Egitto alla libertà della terra promessa; come per Gesù la cui pasqua, il cui cammino di vita terrena fu ardentemente desiderato: passare dalla passione, morte, alla resurrezione, ascensione. Egli nella sua umanità è stato attento a tanti segni che lo aiutassero a compiere la volontà del Padre, evitando le suggestioni che avrebbero fatto fallire il suo cammino: le tentazioni, il successo con le folle, i suggerimenti accorati di Pietro sul discorso della passione, la preghiera nel Getsemani ecc. Gesù interiormente aveva ben luminose le spie che lo salvaguardavano da un cammino che lo fuorviasse dalla volontà del Padre. La nostra pasqua invece, prima di quella definitiva alle soglie della quale non c’è più possibilità di progettare un itinerario, intraprendere un cammino, è il passare dal peccato alla grazia attenti a tutte quelle segnaletiche che la Chiesa ci dà e che conosciamo perché nei nostri pensieri coscienziosi ci sono tante avvisaglie. Sappiamo quando il semaforo è rosso e quando è verde almeno che non siamo anche interiormente daltonici. Di pasqua in pasqua ci auguriamo tutti di partecipare poi a quella definitiva che a dirla con un linguaggio convenzionale è il passare dalla grazia alla gloria.

Ma vorrei chiedermi questa domenica tra i tanti segni conosciuti, imparati, praticati, dimenticati, ripresi, della quaresima qual è il segno forte che mi collega all’autostrada dello spirito e il vangelo di questa domenica me la mostra questa segnaletica catarifrangente al sensore della coscienza anche quando sono in una forma buia di esistenza, svuotata di ogni sorta di bussola, scollegata da qualsiasi GPS umanitario, familiare, professionale, ecclesiale, congregazionale per essere aiutato a non perdere l’orientamento. Il Vangelo di questa domenica riportandoci una parte del colloquio notturno di Gesù con Nicodemo, fariseo, membro del Sinedrio, desideroso di rendersi conto di chi è Gesù senza esporsi tanto. Per questo si incammina di notte per trovarlo e Gesù senza giri di parole dice a Nicodemo che il destino verso il quale Lui è in cammino è quello della croce. La croce, lo abbiamo appreso dal catechismo, da patibolo più infamante esistente ai tempi di Gesù diviene il segno di un amore totale sino alla fine, non solo del suo tempo, ma anche della sua umanità, tutta data. La Croce è la segnaletica più evidenziata nel nostro cammino credente: la illuminano i Vangeli, i Padri della Chiesa, la dottrina cattolica, la devozione popolare, il canto sacro, l’arte. Bisogna che sia innalzato il Figlio dell’uomo come Mosè innalzò il serpente nel deserto e chi lo guardava non veniva schiacciato dal male. Il morire crocifisso di Gesù prima ancora di essere enigma misterioso come quello che si provoca in noi per ogni morte innocente è gesto di donazione totale, di vita fatta per gli altri. L’Eucaristia ogni volta fa memoria della croce, non solo significata ma realmente presente nel pane spezzato e nel vino versato che sono il Corpo e il Sangue del Signore donatoci e noi tutti che non solo sediamo alla mensa eucaristica ma assumiamo il pane spezzato per noi e beviamo il vino versato per noi cresciamo e ci trasformiamo nel suo corpo come Chiesa capace di donarsi senza risparmio o riserve. Questo è il senso ultimo della vita credente intrisa di Vangelo e fiorente di carità. E’ pertanto importante interrogarci sul senso ultimo della nostra vita, ma senza ricorrere alle cialtronerie astrologiche. Perciò se è inutile agitarsi per scoprire il futuro, è importante invece interrogarsi sulla direzione verso la quale stiamo andando. Non si deve vivere a caso andando all’attimo fuggente del piacere gustato e subito estinto, alle azioni compiute in modo istintivo. Privi di un progetto o di uno scopo nell’esistenza è come navigare senza bussola e senza meta. Se dobbiamo sapere chi siamo e dove stiamo è altrettanto decisivo conoscere qual è la nostra missione sulla terra. E la presenza di un crocifisso non deve intimorirci. La Croce è la rivelazione della vera onnipotenza di Dio. L’Onnipotenza di Dio è l’amore. “ Dio ha tanto amato il mondo da dare il suo Figlio Unigenito, perché chiunque crede in Lui non muoia, ma abbia la vita eterna”. L’annuncio di Cristo crocifisso produce tanta reazione e derisione, ma noi questo predichiamo dirà San Paolo, mentre i Giudei chiedono i miracoli e i Greci cercano la sapienza. Noi predichiamo Cristo crocifisso, scandalo per i Giudei e stoltezza per i pagani (1 Cor 1,22). La derisione non è solo di oggi, ma sin dall’inizio. A Roma sul Colle Palatino è visibile ancora la prima bestemmia scritta nei confronti del Crocifisso. In un vano del Palazzo imperiale è tuttora evidente un graffito, opera di un paggetto imperiale che voleva deridere un suo compagno che si era dichiarato cristiano. Il graffito raffigura il giovane cristiano in ginocchio davanti al Crocifisso, ma il Crocifisso ha una testa d’asino! Perché secondo la mentalità del giovane provocatore un Dio che si lascia crocifiggere non vale niente: è un asino.

Nell’umanità di Cristo la cui morte in croce non è l’ultima sua espressione, ma un passo del suo transito pasquale Gesù rivela il dramma del nostro peccato e il mistero dell’amore di Dio che è più grande e più forte del nostro peccato. Per questo la Chiesa non si turba, ma presenta la Croce gemmata e la canta per tutta la forza d’amore che Gesù ha donato e dona anche ai Crocifissi dei nostri giorni.

P. Ciro Guida Sch. P.

Domenica 14 Marzo 2021 | IV Domenica di Quaresima

Gv 3,14-21: Dio ha mandato suo Figlio nel mondo in modo che il mondo potesse essere salvato per lui.

In quel tempo, Gesù disse a Nicodèmo:

«Come Mosè innalzò il serpente nel deserto, così bisogna che sia innalzato il Figlio dell’uomo, perché chiunque crede in lui abbia la vita eterna.

Dio infatti ha tanto amato il mondo da dare il Figlio unigenito perché chiunque crede in lui non vada perduto, ma abbia la vita eterna. Dio, infatti, non ha mandato il Figlio nel mondo per condannare il mondo, ma perché il mondo sia salvato per mezzo di lui. Chi crede in lui non è condannato; ma chi non crede è già stato condannato, perché non ha creduto nel nome dell’unigenito Figlio di Dio.

E il giudizio è questo: la luce è venuta nel mondo, ma gli uomini hanno amato più le tenebre che la luce, perché le loro opere erano malvagie. Chiunque infatti fa il male, odia la luce, e non viene alla luce perché le sue opere non vengano riprovate. Invece chi fa la verità viene verso la luce, perché appaia chiaramente che le sue opere sono state fatte in Dio».

CIRO GUIDA

CIRO GUIDA

Scolopio

P. Ciro è nato a Napoli. Religioso scolopio da 46 anni. Svolge il suo ministero come Procuratore Generale e anche lavora nella Congregazione per l’Educazione Cattolica della Santa Sede.