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Sin duda, hay varias interpretaciones sobre esta lectura bíblica, que se pronuncia en la celebración de hoy, el Jueves Santo. William R. Farmer la interpreta como “el fruto maduro de la reflexión de la comunidad juanina sobre el significado de Jesús y su misión, y sobre las consecuencias de esto para ellos como discípulos.” Creo que esta interpretación nos puede ayudar a vivir el significado más profundo de nuestra celebración.

Hay dos cosas que se pueden ver aquí y entenderlas como la llamada de Jesús a sus discípulos, a nosotros. La primera es el modelo y la cualidad del amor de Jesús, “hasta el extremo”. El texto se abre diciendo sobre el cumplimiento de la misión de Jesús, de su “hora”. Sabemos el significado de la “hora” en este evangelio. En este contexto de la hora suya, Jesús se ciñó la toalla (13:4) y se puso a lavar los pies de sus discípulos y a secarlos (13:5). Dos actos que, según la tradición Judea, pertenecen a los esclavos no judíos. Jesús se ha humillado. Se ha hecho esclavo gentil, esclavo de los esclavos.

La segunda es la enseñanza que Jesús quiso dejar como su testamento a sus discípulos, como el modelo del discipulado que debieran seguir. No es de extrañar que Pedro se puso resistente delante del ejemplo de humillación que mostró Jesús (13:8a). Era inconcebible que el Hijo de Dios, el Rey esperado, el Mesías debió ser humillado tanto así. Jesús confrontaba a Pedro explicándole que dejarse lavar los pies por Él significa ser parte de Él y de su misión (13:8b). Más todavía, les explicó a todos que era el modelo del discipulado que Él espera de sus discípulos.

Ser discípulo de Jesús significa ser como Él, el siervo de los siervos, y participar en su misión de amar hasta el extremo, humillándose infatigablemente.

En este Jueves Santo, se nos invita a celebrar dos cosas inseparables: el amor infatigable de Jesús y nuestro discipulado humilde y humillado.

Jueves 01 de Abril de 2021 | Jueves Santo

Juan 13,1-15: Los amó hasta el extremo

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?» Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.» Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.» Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.» Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.» Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

 

MARCELINO LEO

MARCELINO LEO

Escolapio

Soy un Escolapio de Indonesia, de la Provincia Betania. He pasado mis años de estudios y formación tanto en Filipinas como en España (Madrid). Actualmente, estoy trabajando en Atambua, Indonesia, cuidando la Comunidad y la formación de los novicios indonesios.