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El amor infatigable de Jesús y nuestro discipulado

El amor infatigable de Jesús y nuestro discipulado

Sin duda, hay varias interpretaciones sobre esta lectura bíblica, que se pronuncia en la celebración de hoy, el Jueves Santo. William R. Farmer la interpreta como “el fruto maduro de la reflexión de la comunidad juanina sobre el significado de Jesús y su misión, y sobre las consecuencias de esto para ellos como discípulos.” Creo que esta interpretación nos puede ayudar a vivir el significado más profundo de nuestra celebración.

Hay dos cosas que se pueden ver aquí y entenderlas como la llamada de Jesús a sus discípulos, a nosotros. La primera es el modelo y la cualidad del amor de Jesús, “hasta el extremo”. El texto se abre diciendo sobre el cumplimiento de la misión de Jesús, de su “hora”. Sabemos el significado de la “hora” en este evangelio. En este contexto de la hora suya, Jesús se ciñó la toalla (13:4) y se puso a lavar los pies de sus discípulos y a secarlos (13:5). Dos actos que, según la tradición Judea, pertenecen a los esclavos no judíos. Jesús se ha humillado. Se ha hecho esclavo gentil, esclavo de los esclavos.

La segunda es la enseñanza que Jesús quiso dejar como su testamento a sus discípulos, como el modelo del discipulado que debieran seguir. No es de extrañar que Pedro se puso resistente delante del ejemplo de humillación que mostró Jesús (13:8a). Era inconcebible que el Hijo de Dios, el Rey esperado, el Mesías debió ser humillado tanto así. Jesús confrontaba a Pedro explicándole que dejarse lavar los pies por Él significa ser parte de Él y de su misión (13:8b). Más todavía, les explicó a todos que era el modelo del discipulado que Él espera de sus discípulos.

Ser discípulo de Jesús significa ser como Él, el siervo de los siervos, y participar en su misión de amar hasta el extremo, humillándose infatigablemente.

En este Jueves Santo, se nos invita a celebrar dos cosas inseparables: el amor infatigable de Jesús y nuestro discipulado humilde y humillado.

Jueves 01 de Abril de 2021 | Jueves Santo

Juan 13,1-15: Los amó hasta el extremo

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?» Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.» Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.» Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.» Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.» Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

 

MARCELINO LEO

MARCELINO LEO

Escolapio

Soy un Escolapio de Indonesia, de la Provincia Betania. He pasado mis años de estudios y formación tanto en Filipinas como en España (Madrid). Actualmente, estoy trabajando en Atambua, Indonesia, cuidando la Comunidad y la formación de los novicios indonesios.

Anónimos

Anónimos

El relato marcano de la Pasión regala un asombroso elenco de personajes que acompaña los últimos momentos de la vida de Jesús. Lo concentrado y concreto del estilo narrativo convierte sus páginas en el mejor pórtico de entrada a la Semana Santa que estrenamos.

La actitud taimada del Iscariote, la anticipación no calculada de Pedro, la resignación de Simón, el Cirineo, o el gesto de piedad de José de Arimatea, que arriesga vida y fama al pedir el cuerpo del ajusticiado para darle sepultura, sugieren otros tantos itinerarios de seguimiento anclados en la propuesta del Deuteronomio con que abríamos la Cuaresma (Dt 30,19).

Hay también en la Pasión de Marcos algunos personajes que, desde el anonimato, actúan como indicadores potentes que apuntan con sus acciones a lo más esencial de la vida cristiana. Elijo a tres, elocuentes y veraces en su opción:

  • La “mujer que llevaba un frasco de perfume” (Mc 14,3). Identificada de modos diversos en el resto de tradiciones, Marcos opta por difuminar su perfil y resaltar lo arriesgado y subversivo de su gesto. Desmesura y pasión para ungir a Jesús que resulta envuelto de la cabeza a los pies por el perfume valioso que derrama.
  • El joven “cubierto tan solo con una sábana” (Mc 14,51) que en medio de la noche sale de casa con lo mínimo para seguir a Jesús. Audaz y atrevido, logra zafarse de quienes le buscan para avanzar desnudo.
  • El “centurión que custodia el patíbulo” (Mc 15,39), capaz de ver cuanto sucede y adherirse a la causa de Jesús incluso en el tiempo de descuento, al reconocer en Aquél al hijo de lo Humano y al Hijo de Dios.

Sus identidades permanecen en penumbra, desconocidas. Ellos, anónimos, conjugan denominaciones alternativas para el seguimiento: Desmesura apasionada, a imagen del que “se vació hasta el fondo” (Flp 2,7); Libertad desnuda, tras los pasos del que nos llama a ser “libres en verdad” (Jn 8,32 ) o Asentimiento consciente  ante el Dios humanado que revela la profundidad de la propia vida  (Jn 2,25).

Anonimato elocuente reflejo de Quien quiso vivir(se) “como uno de tantos” (Flp 2,7).

P. Ángel Ayala Guijarro Sch. P.

ÁNGEL AYALA GUIJARRO

ÁNGEL AYALA GUIJARRO

Escolapio

Licenciado en Filosofía y Teología por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid), actualmente se encuentra en Roma, finalizando su Tesis Doctoral.

La espiritualidad no es cosa de los abuelos

La espiritualidad no es cosa de los abuelos

Fue el título de un libro, elaborado en su integridad por jóvenes hispanos del Sureste de Estados Unidos, como apoyo y oferta de materiales (reflexiones, testimonios de vida, dinámicas y formas de celebrar) para recorrer el camino cuaresmal y pascual. El tema, la espiritualidad,   fue elegido por ellos mismos tras un fin de semana de compartir juntos, aportar y decidir. Los escolapios atienden desde Miami la oficina de animación y formación de líderes para la pastoral hispana en una amplia zona, que comprende nueve Estados del Sureste, en colaboración con las diócesis y sus parroquias. Es el Instituto para la Pastoral Hispana del Sureste (SEPI, sus siglas en inglés).

De septiembre a diciembre se trabaja con los jóvenes, en sus diócesis y en tres encuentros interdiocesanos de fin de semana, para elaborar cada año estos materiales, que  se ofrecen en forma impresa y en soporte informático. Durante la cuaresma y el tiempo pascual los jóvenes  los usan como ejercicio espiritual  y de crecimiento cristiano en los grupos parroquiales.  La experiencia  lleva  trayectoria  muy consolidada que mantienen viva de forma y muy creativa, con resultados  útiles y prácticos. Varias diócesis han pedido poner todo en inglés para utilización también de los jóvenes  anglófonos.

Valorar la espiritualidad es valorarse a sí mismos y a la comunidad, afirmaban estos jóvenes. Por ello quisieron reflexionar sobre la espiritualidad y  entrar en una dinámica de crecimiento espiritual junto al crecimiento corporal, en un desarrollo total de sus personas. La  persona  formada es unitaria y armónica, integra corporalidad, sentimiento,  raciocinio y espiritualidad.  Los déficits en alguna de esas dimensiones repercuten negativamente en la buena salud que es  una importante manera de ser felices, aspiración común de todo ser humano. Por ello lanzaron la idea que la espiritualidad no tiene edad: es para todos y en todas las etapas de la vida, ya desde la niñez.

El evangelio hace una valiosa  aportación a la experiencia espiritual humana: la apertura a la acción del Espíritu Santo, principal don que nos viene  a través de la fe. Por una parte ayuda a evitar falsos espiritualismos,  desenfoques espirituales dañinos, que también se dan y hasta abundan. Son fruto de de enfrentamiento equivocado de  lo material o corpóreo y lo inmaterial o incorpóreo. Esta dualidad es pura ficción, aunque muchos lo vivan así. El ser humano es  espíritu encarnado. Espiritualidad es presencia del Espíritu Santo en todo lo que el hombre y la mujer son. Vivir la espiritualidad, ser persona espiritual,  es incorporar en toda vivencia y experiencia humanas la acción del Espíritu Santo. Espiritualidad es dejarse impregnar de la acción del Espíritu Santo en uno.  

Sinopsis: jóvenes hispanos del Sureste de Estados Unidos explican cómo descubrieron que la espiritualidad es algo muy útil, y hasta necesario en todas y cada una de las etapas de la vida.

JESUS MARIA LECEA

JESUS MARIA LECEA

Escolapio

Entregado a la docencia de la teología y la filosofía en Salamanca, Miami y Madrid. Animador pastoral de niños en la catequesis parroquial y en el Movimiento Junior de Acción Católica. Servicios institucionales a la Orden escolapia y a la vida religiosa de España y Europa. Vive actualmente en Pamplona, Navarra. Su horizonte vital es ser un artesano de la paz de las personas y los pueblos con un corazón apasionado por el mundo, la educación y el Evangelio.

La inutilidad de la muerte

La inutilidad de la muerte

(La Pasión no es un relato, es una invitación a una experiencia personal única).

El acontecimiento más impresionante que he vivido en mi vida fue estar a los pies de un volcán activo que cada dos o tres minutos hacía estremecer las entrañas de la montaña y escupía rocas que en su recorrido de caída chocaban con otras y se partían mostrando su corazón anaranjado e incandescente ante nosotros. Costa Rica.

Les podría contar de mil formas diferentes la sorpresa, el temor, el sobrecogimiento que sentíamos los imprudentes testigos ante aquel acontecimiento, pero nunca podría provocar de la misma forma aquellos sentimientos en otra persona; la experiencia puede ser narrada y compartida pero no vivida por otros, de manera vicaria.

Algo así es la Palabra de hoy, la Pasión según el evangelista Marcos. Nos propone un itinerario que debería provocar una experiencia personal. “Faltaban dos días para la Pascua”. Este inicio nos prepara, no encamina, nos invita a acompañar a Jesús estos dos días donde se van a dar palabras, acciones y hechos que perdurarán para siempre en la mente y el corazón de sus discípulos, de los de entonces y de los de ahora. Estos dos días de Marcos es nuestra semana santa, el programa de vida al que somos invitados a participar. A lo largo de todo este camino: incertidumbre y confianza, soledad y compañía, violencia y ternura, muerte y vida. Tras el anuncio del complot, se nos llena la pituitaria del aroma agradable y gratificante del perfume que no podrá borrarse por más desencanto y miseria humana, porque el amor es el olor perdurable tras todo lo feo. El deseo de amistad, de encuentro e intimidad con los amigos en la última cena alimentará el ayuno de la traición y el vacío de la negación de los cercanos. La ineludible soledad de Getsemaní, el lugar humano donde reconocernos tan frágiles que solo Dios puede sostener una debilidad tan cruda: la oración como el último trago de agua en la cantimplora extenuada. La humillación de los procesos civil y religioso a Jesús son más la escenificación de una humildad que invita a ser contemplada, asumida y deseada: “Señor, dame esta certeza de saberme en tus manos”. Las burlas son los adornos de la insensatez humana que ante el testimonio callado del amor de Cristo se derriten como azucarillos en el agua tibia de la esperanza cierta. Y la muerte, inútil, radicalmente inútil a la mirada pragmática, consumista y materialista. El primer evangelio solo hace hablar a Jesús para expresar su confianza en su Padre: “Dios mío, Dios mío…”, va musitando el salmo que concluye en una espera confiada. Lo que apenas intuimos los creyentes lo proclaman los alejados con mirada limpia: “Verdaderamente era Hijo de Dios”. Y concluye con un fundido en negro tras depositar el cuerpo inerte del Salvador: “María Magdalena y María de José observaban dónde le colocaban”. Y con las mujeres, cada uno de nosotros somos invitados a observar, a contemplar la aparente inutilidad de muerte que dará paso al milagro de la vida.

P. Carles Such Sch. P.

Domingo 28 de Marzo de 2021 | Domingo de Ramos

Marcos 14,1-15,47: Pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte

[C. Faltaban dos días para la Pascua y los Ázimos. Los sumos sacerdotes y los escribas pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte. Pero decían:
S. «No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo.»
Se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura
C. Estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y lo derramó en la cabeza de Jesús. Algunos comentaban indignados:
S. «¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres.»
C. Y regañaban a la mujer. Pero Jesús replicó:
+. «Dejadla, ¿por qué la molestáis? Lo que ha hecho conmigo está bien. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Os aseguro que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se recordará también lo que ha hecho ésta.»
Prometieron dinero a Judas Iscariote
C. Judas Iscariote, uno de los Doce, se presentó a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, se alegraron y le prometieron dinero. Él andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?
C. El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
S. «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»
C. Él envió a dos discípulos, diciéndoles:
+. «Id a la cuidad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?» Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.»
C. Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo
C. Al atardecer fue él con los Doce. Estando a la mesa comiendo, dijo Jesús:
+. «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo.»
C. Ellos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras otro:
S. «¿Seré yo?»
C. Respondió:
+. «Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; ¡más le valdría no haber nacido!»
Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre, sangre de la alianza
C. Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:
+. «Tomad, esto es mi cuerpo.»
C. Cogiendo la copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo:
+. «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.»
Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres
C. Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos. Jesús les dijo:
+. Todos vais a caer, como está escrito: «Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas.» Pero, cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.»
C. Pedro replicó:
S. «Aunque todos caigan, yo no.»
C. Jesús le contestó:
+. «Te aseguro que tú hoy, esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres.»
C. Pero él insistía:
S. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.»
C. Y los demás decían lo mismo.
Empezó a sentir terror y angustia
C. Fueron a un huerto, que llaman Getsemaní, y dijo a sus discípulos:
+. «Sentaos aquí mientras voy a orar.»
C. Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia, y les dijo:
+. «Me muero de tristeza; quedaos aquí velando.»
C. Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo:
+. «¡Abba! (Padre), tú lo puedes todo; aparta de mí este cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.»
C. Volvió y, al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro:
+. «Simón, ¿duermes?; ¿no has podido velar ni una hora? Velad y orad, para no caer en la tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es débil.»
C. De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió, y los encontró otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados. Y no sabían qué contestarle. Volvió por tercera vez y les dijo:
+. «Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.»
Prendedlo y conducidlo bien sujeto
C. Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles:
S. «Al que yo bese, ése es; prendedlo y conducidlo bien sujeto.»
C. Y en cuanto llegó, se acercó y le dijo:
S. «¡Maestro!»
C. Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo:
+. «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a un bandido? A diario os estaba enseñando en el templo, y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras.»
C. Y todos lo abandonaron y huyeron. Lo iba siguiendo un muchacho, envuelto sólo en una sábana, y le echaron mano; pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.
¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?
C. Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumo sacerdotes y los ancianos y los escribas. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del palacio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse. Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose en pie, daban testimonio contra él, diciendo:
S. «Nosotros le hemos oído decir: «Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro no edificado por hombres.»
C. Pero ni en esto concordaban los testimonios. El sumo sacerdote se puso en pie en medio e interrogó a Jesús:
S. «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?»
C. Pero él callaba, sin dar respuesta. El sumo sacerdote lo interrogó de nuevo, preguntándole:
S. «¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?…»
C. Jesús contestó:
+. «Sí lo soy. Y veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo.»
C. El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras, diciendo:
S. «¿Qué falta hacen más testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué decís?»
C. Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle y, tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían:
S. «Haz de profeta.
C. Y los criados le daban bofetadas.
No conozco a este hombre que decís
C. Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró y dijo:
S. «También tú andabas con Jesús, el Nazareno.»
C. Él lo negó, diciendo:
S. «Ni sé ni entiendo lo que quieres decir.»
C. Salió fuera al zaguán, y un gallo cantó. La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:
S. «Éste es uno de ellos.»
C. Y él lo volvió a negar. Al poco rato, también los presentes dijeron a Pedro:
S. «Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo.»
C. Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:
S. «No conozco a ese hombre que decís.»
C. Y en seguida, por segunda vez, cantó un gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: «Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.]
¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
C. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes, con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, se reunieron, y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le pregunto:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Él respondió:
+. «Tú lo dices.»
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato pregunto de nuevo:
S. «¿No contestas nada? Mira cuántos cargos presentan contra ti.»
C. Jesús no contesto más; de modo que Pilato estaba muy extrañado. Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó:
S. «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
S. «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?»
C. Ellos gritaron de nuevo:
S. «¡Crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «Pues, ¿qué mal ha hecho?»
C. Ellos gritaron más fuerte:
S. «¡Crucifícalo!»
C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado
C. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio -al pretorio- y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo.
Llevaron a Jesús al Gólgota y los crucificaron
C. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz. Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.
A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar
C. Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S. «¡Anda!, tú que destruías el templo y lo construías en tres días sálvate a ti mismo bajando de la cruz.»
C. Los sumos sacerdotes con los escribas se burlaban también de él, diciendo:
S. «A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.»
C. También los que estaban crucificados con él lo insultaban.
Jesús, dando un fuerte grito, expiró
C. Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:
+. «Eloí, Eloí, lamá sabktaní.»
C. Que significa:
+. «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S. «Mira, está llamando a Elías.»
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo:
S. «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.»
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
* Todos se arrodillan, y se hace una pausa.
C. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
S. «Realmente este hombre era Hijo de Dios.»
[C. Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas, María Magdalena, María, la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé, que, cuando él estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.
José rodó una piedra a la entrada del sepulcro
C. Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, noble senador, que también aguardaba el reino de Dios; armándose de valor, se presentó ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto. Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Éste compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra en la entrada del sepulcro. María Magdalena y María la de José observaban dónde lo ponían.]

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

​Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Hacer silencio… dejarnos interpelar por el Amor que nos habita

Hacer silencio… dejarnos interpelar por el Amor que nos habita

Las palabras que siguen están para ser dichas a mí mismo y, por si a alguno les pudiera servir, ahí las dejo.

Observo desde hace un tiempo, y yo mismo lo voy experimentando, que vivimos en un mundo muy exigente, en el cual la presión de rendimiento parece imponerse en el día a día. También en nuestros ambientes escolapios, urgidos por una misión que sigue de rabiosa actualidad, nos vemos envueltos en afanes, trabajos, acciones, proyectos; se nos exigen respuestas pedagógicas y pastorales de calidad, dedicación ministerial…

A veces puede parecer que nuestra labor al servicio de los demás se convierte en un frenético activismo, santo y bueno, pero que puede llegar a quemar a las personas y alejarlas del sentido profundo de esa misión. Ese sentido no es otro que colaborar en la construcción del Reino, pero…  “Nadie puede dar lo que no tiene”. Esta frase me ronda desde hace tiempo. Trabajar por el Reino sin haber descubierto que el Reino está dentro de nosotros… puede ser cuanto menos contradictorio e incluso contraproducente.

Por eso, considero que sería de gran importancia, en aquellos que nos consideramos escolapios, religiosos y laicos, parar un poco el ritmo, hacer silencio y dejarnos interpelar por el amor que nos habita. Sólo cada uno puede hacer ese viaje hacia los adentros. Me temo que no lo hacemos por miedo a lo que podamos encontrar, miedo a las heridas del alma, a lo desconocido… miedo a dejar nuestras ataduras, en fin. Mientras seguimos con la maquinaria encendida de nuestras santas acciones nos parece que no hay tiempo para apostar por esa mirada contemplativa, esa en la que aparecemos vulnerables, indefensos… pero que paradójicamente es la manera de rendirnos al Amor, un Amor que es fuente de plenitud y fecundidad para nuestra vida y nuestras acciones.

MARIO CONTELL

MARIO CONTELL

Educador