+39 06 68 40 741 scolopi@scolopi.net
Piedad y Letras, Belleza y bellezas

Piedad y Letras, Belleza y bellezas

Siempre ha sido y será necesario el recurso a la Belleza en la Educación, pero más si cabe en estos tiempos que corren. Tiempos en los que parece que los alumnos han quedado amortiguados, aletargados, pausados en el aula debido a la actual situación de pandemia, y especialmente debido a las mascarillas y a la distancia de seguridad.

Es éste el modo más eficaz y duradero de activar a los alumnos, de motivarlos y producir en ellos encuentros significativos que transformen su vida. Debemos aprovechar el aula o el lugar de aprendizaje para provocar en los alumnos encuentros significativos. Estos encuentros pueden ser: del alumno consigo mismo, a través de la introspección y reflexión; del alumno con sus compañeros, fortaleciendo la amistad, la cooperación y la socialización; del alumno con el docente, como modelo que le impulsa hacia un futuro ya imaginado; del alumno con el propio conocimiento, lo cual es todo un descubrimiento y entrada en un infinito de posibilidades; y del alumno con Dios, encuentro privilegiado del que el alumno se verá necesitado durante toda su vida.

Para todo lo anterior, con el fin de que esta significatividad se produzca, es necesario tan sólo una cosa: transmitir la belleza que está detrás de todo lo creado. La belleza que existe en el conocimiento y que provoca al alumno, que le hace sorprenderse y admirar ante la provocación que supone todo lo bello. La belleza cautiva, rapta los sentidos y la inteligencia y las lleva a lugares donde siempre quisieron estar y nunca imaginaron.

La belleza activa todos los recursos sensibles e intelectivos, pone el vello en guardia y es capaz de hacer brotar ilusión de los lagrimales más estériles. La belleza mueve el corazón, y es ésta la verdadera y encarnada motivación.

En estos tiempos que corren hemos de descorrer velos, y poner el máximo ahínco en reflexionar, primero nosotros los docentes sobre nuestra propia vocación, la primera llamada, para así redescubrir la belleza de lo que enseñamos. A partir de ahí, del propio enamoramiento estaremos preparados para transmitir a nuestros alumnos la belleza que rodea todo lo creado, la belleza que empapa al conocimiento, la ciencia, la cultura, la amistad, los compañeros, el hombre, y en definitiva la belleza que emana de Dios, como Belleza en sí misma y origen de cualquier belleza.

Sin duda Calasanz podría decir que Piedad y Letras se puede traducir como Belleza y bellezas.

PEDRO JARA

PEDRO JARA

Educador

Casado, con tres hijos, diácono permanente en la diócesis de Madrid desde 2011 y profesor del Real colegio Escuelas Pías de San Fernando desde 2007. Autor de varios libros, entre ellos «A la sombra de Madre Teresa» (Edibesa) y «El diácono pobre y fiel en lo poco» (EDICE)

Un recuerdo agradecido a tantos

Un recuerdo agradecido a tantos

Es de bien nacidos ser agradecidos… y de eso se trata en las líneas que siguen a continuación.

Uno de los muchos regalos con los que me he encontrado en mi tarea escolapia desde que estoy en el colegio como Educador, ha sido la de impartir la clase de Historia del Arte en el Bachillerato. Reconozco que disfruto de cada una de las sesiones tratando de introducir a los alumnos en las manifestaciones artísticas a lo largo de la historia, en la riqueza de sentido de la iconografía, ayudando a abrir los ojos para contemplar la belleza que el ser humano ha ido creando hasta el día de hoy. Frente a tantos motivos por los que se nos quiere hacer creer que el mundo está lleno de fealdad, pienso que no hay más que estar atento para contemplar que lo que predomina es lo contrario…

Y  surge en mí un agradecimiento grande a aquellos que me ayudaron a descubrir la maravilla que encierra un capitel historiado románico o la tamizada luz que penetra en una catedral gótica a través de sus vidrieras, la indescriptible belleza de la decoración de una mezquita o la desnudez sencilla de un monasterio cisterciense… Pero sobre todo, el agradecimiento profundo a aquellos que, con paciencia calasancia, colaboraron en mi crecimiento como persona; me escucharon sin juzgarme, me acompañaron sin imponerse, lloraron cuando lloré y se alegraron con mi alegría.

En fin, en estos días en que celebramos a Calasanz, mi recuerdo agradecido a mis maestros, especialmente a aquellos que con su testimonio y buen hacer fueron sembrando en mí el deseo de acompañar a niños y jóvenes en el descubrimiento de la belleza que encierra la vida y las creaciones humanas. Pero sobre todo e  indisolublemente unido, lograron sembrar en mí el deseo de acompañar a otros, de escucharlos, de llorar y alegrarme con ellos. ¡Va por vosotros, mis profes del cole!

MARIO CONTELL

MARIO CONTELL

Educador

Piezas de cacería

Piezas de cacería

Meditación acerca del capítulo 2º de la cuarta temporada de la serie “THE CROWN” de Netflix «El test de Balmoral» en el cual se muestran dos cacerías en paralelo: por un lado, la caza de un hermoso ciervo astado y, de otra parte, la caza de Diana de Gales.

Es una obra de arte: una toma va mostrando cómo los empleados del palacio de Balmoral colocan en una pared la cabeza disecada de un imponente ciervo astado que ha sido cazado por el Duque de Edimburgo; la toma paralela muestra a Diana Spencer (Diana de Gales) asediada por una multitud de periodistas y fotógrafos que se centran sobre el nuevo miembro que la familia real ha captado para que sea la esposa no amada del Príncipe Carlos; mientras tanto, suena la triste música de la obertura de “La Traviata” de Giuseppe Verdi, la ópera que cuenta la historia de aquella mujer que se muere de tuberculosis y amor al mismo tiempo.

Y viendo aquello, pienso en este mundo que Francisco llama de “las sombras cerradas”, este mundo donde tantas personas son cazadas, asediadas, abusadas, utilizadas, manipuladas, maltratadas, violadas en su cuerpo o en su dignidad, para luego ser descartadas y desechadas, como trofeos que adornan el salón de los depredadores. Dice el Papa: «Partes de la humanidad parecen sacrificables en beneficio de una selección que favorece a un sector humano digno de vivir sin límites. En el fondo no se considera ya a las personas como un valor primario que hay que respetar y amparar, especialmente si son pobres o discapacitadas, si “todavía no son útiles” —como los no nacidos—, o si “ya no sirven” —como los ancianos—». (Fratelli Tutti, 18). Y, entonces, en contrapunto entre la serie de televisión y las palabras de Francisco, veo a los empleados del palacio colocando en las paredes de la infamia los trofeos de la caza mayor de este mundo de sombras cerradas: allí están los ciervos astados, las dianas de gales, los niños sin nacer, los ancianos olvidados, los enfermos que estorban, los inmigrantes incómodos, las mujeres de las cadenas de trata de personas, los jóvenes prostituidos, las víctimas del narcotráfico, los niños sin escuelas, los hijos abandonados, las esposas traicionadas, las chicas y los chicos vendidos como mercancía humana en las páginas pornográficas, y, en fin, todas las piezas de una infame cacería. Mientras tanto, escucho los acordes de la obertura de “La Traviata”, anunciando la muerte de alguien que anhelaba amar y ser amada.

JUAN JAIME ESCOBAR

JUAN JAIME ESCOBAR

Escolapio

Colombiano, con cuarenta años de vida religiosa y treinta y tres de sacerdocio. En todos esos años, dedicado a la pastoral juvenil, especialmente al trabajo de Retiros Espirituales y acompañamiento personal. Formador de familia y filósofo de la educación.
El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría

El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría

El Hijo de Dios, hecho hombre, entra en la historia asumiendo todo aquello que nos hace personas, miembros de una familia e integrantes de un pueblo, de una tradición y cultura concretas, en todos sus aspectos. Jesús, con María y José, es presentado en el Templo y, como primogénito, es consagrado a Dios, de acuerdo con la Ley de Israel. El rito tradicional es superado por lo que se dice del niño, a través de las palabras proféticas, por ser del Espíritu Santo, de los ancianos Simeón y Ana. Pueden reconocer en el niño la presencia de la salvación del pueblo porque su esperanza estaba cimentada en la fe y en la vida de oración y amor.

La admiración de María y José ante estos testimonios revela un paso importante en el camino de la fe: Dios llama y espera nuestra respuesta. Una respuesta que va a ir configurando el sentido de familia, es decir, la primacía del amor que acoge, acompaña, respeta, perdona y da gracias a Dios por el Hijo, que es su Palabra definitiva de salvación. El camino de le fe seguirá avanzando y volverán a su ciudad de Nazaret, donde en la vida de cada día, el niño crecerá y desarrollará su personalidad, porque la gracia de Dios habitaba en él. María y José irán participando del misterio de Jesús e irán reconociendo en él la presencia divina, comprendiendo cada vez más el plan de salvación para la humanidad.

La familia de Nazaret es un modelo para toda familia que quiera abrirse a la Palabra de vida y salvación que es Jesús. En palabras de S. Pablo VI “Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio”, de ahí su decisiva importancia en la transmisión de la fe, el gran reto de nuestro tiempo. De tal manera, que el papa Francisco, en su reciente encíclica Fratelli tutti, ha afirmado con fuerza que la familia es “el ámbito privilegiado para la transmisión de la fe”. Una misión que debe ser asumida y continuada por los educadores cristianos y los pastores de la Iglesia, como un compromiso ineludible, inspirado en María y José, para anunciar la Buena Noticia de Jesús a los hombres y mujeres, a menudo tan llenos de incertidumbre y desánimo.

P. Enric Ferrer Sch. P.

Domingo 27 de Diciembre de 2020 | La Sagrada Familia

Lucas 2,22-40: El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, [de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.]

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

ENRIC FERRER

ENRIC FERRER

Escolapio

El Principio y la Palabra

El Principio y la Palabra

En el principio existía la Palabra,

y la Palabra estaba con Dios,

y la Palabra era Dios.

Ella en el principio estaba con Dios.

Todo se hizo por ella

y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.

Ella era la Vida,

y la Vida era la luz de los hombres,

y la luz brilla en las tinieblas,

y las tinieblas no la recibieron.

 

“El principio”, no sólo hace referencia a un tiempo antes del tiempo ni a un antes antes de todo antes, es también el fundamento, lo que le da esencia y existencia a todo lo que es. Los primeros pensadores miraron el mundo y se preguntaron de qué estaba hecho: no se referían a lo material, sino a aquello que le daba subsistencia a lo que existe. Hablaron del agua, el aire, el fuego, la tierra, lo indeterminado, los átomos, el devenir o el ser. Tal vez las respuestas no eran correctas; pero la pregunta era precisa: ¿cuál es el fundamento de todo? El fundamento es lo que provee base, solidez, estabilidad, permanencia, subsistencia, existencia. Como vivimos en la fugacidad y en la finitud y como no está en nuestras posibilidades evadir esa fugacidad y esa finitud, justamente por ello nos preguntamos acerca de lo que sostiene la realidad, pues es claro que no somos nosotros. Yo no hice mi ser, no sostengo mi ser ni sostengo el ser de nada. Puedo usarlo o administrarlo; pero ni siquiera la persona más rica del mundo puede comprar un segundo más de ser, porque es algo que nadie puede ni vender ni prestar ni regalar. El fundamento de todo es la Palabra: Dios nos pronuncia. Sin fundamento, la vida no tiene en qué apoyarse. Sólo nos queda calmar apetitos del cuerpo, buscar emociones y sentimientos intensos, construir argumentos racionales y lógicos que intenten generar algún tipo de sentido; pero en verdad, se siente la ausencia de bases sólidas. Somos tan frágiles, tan cambiantes, tan provisionales, tan susceptibles al desánimo y al cansancio, tan sensuales, tan emocionales, tan racionalistas, porque nuestros fundamentos son poco fundamentales. Somos como esa gran estatua gloriosa con la que soñó Nabucodonosor: hecha de oro, pero con los pies de barro.

Por todo lo anterior, “en el principio” es una meditación sobre el milagro de la propia vida, del propio ser y de la vida y el ser de todos los que hacen parte de nuestra vida y de nuestro ser. Un drama del hombre actual es que ha perdido el principio y el fundamento. La Creación no es una teoría del surgimiento del cosmos al lado de otras teorías. La Creación es una experiencia vivencial del sentido y del valor de nosotros mismos. Sin experiencia de Creación somos azar, casualidad, vulgaridad, fatuidad, somos algo baladí, fútil, inútil, descartable, prescindible, reemplazable, sin importancia, sin valor. La Creación es la experiencia de saber que el Amor de los Amores, la Luz de toda luz, la Vida que concede la vida, pronunció nuestro ser y nos ama como si en todo el cosmos y en toda la historia del tiempo, sólo existiéramos Él y nosotros. Por eso se hizo carne: para tocarnos con su luz y su vida y no dejar jamás de pronunciarnos.

P. Juan Jaime Escobar Valencia Sch. P.

Viernes 25 de Diciembre de 2020 | Natividad del Señor | Misa del día 

Juan 1,1-18: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. [Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.] La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. [Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.»» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.]

JUAN JAIME ESCOBAR

JUAN JAIME ESCOBAR

Escolapio

Colombiano, con cuarenta años de vida religiosa y treinta y tres de sacerdocio. En todos esos años, dedicado a la pastoral juvenil, especialmente al trabajo de Retiros Espirituales y acompañamiento personal. Formador de familia y filósofo de la educación.